Redoble lento (Komintern)
SI SE VAN LOS MINEROS (Coco Manto)
VLADIMIR ILICH LENIN: CONCEPTOS NECESARIOS
Este 22 de abril conmemoramos el Aniversario 136 del natalicio del genial discípulo y continuador de Marx y Engels y fundador del primer estado de obreros y campesinos, Vladimir Ilich Lenin.
De él dijo Fidel en ocasión de su centenario: “Nadie, como él, fue capaz de interpretar toda la profundidad y toda la esencia y todo el valor de la teoría marxista. Nadie, como él, fue capaz de interpretar esa teoría y llevarla adelante hasta sus últimas consecuencias. Nadie, como él, fue capaz de desarrollarla y de enriquecerla en la forma en que él lo hizo”.
El debate que tiene lugar entre las fuerzas revolucionarias en la actualidad en torno a lo que se ha dado en llamar “la alternativa al neoliberalismo” se produce bajo la influencia de la crisis ideológica y política resultante de la desaparición de la URSS y los demás estados socialistas del Este de Europa.
Junto al escepticismo, el pesimismo y la desesperanza que ello ocasionó a no pocos en el movimiento revolucionario y progresista mundial, se puso de manifiesto también, de manera consciente o inconsciente, la renuncia y deslegitimación de la teoría del marxismo y el leninismo como único instrumento válido para la comprensión del capitalismo contemporáneo y la elaboración de la estrategia y táctica acertadas de las fuerzas del progreso.
Para Lenin salvaguardar los fundamentos teóricos del marxismo es la tarea más importante para los marxistas conscientes ante estos momentos de crisis. “Precisamente, nos dice, porque el marxismo no es un dogma muerto, no es una doctrina acabada, terminada, inmutable, sino una guía viva para la acción, no podía por menos de reflejar en sí el cambio asombrosamente brusco de las condiciones de la vida social. El reflejo de ese cambio ha sido una profunda disgregación, la dispersión, vacilaciones de todo género, en una palabra, una crisis interna sumamente grave del marxismo. La resistencia decidida a esa disgregación, la lucha resuelta y tenaz en pro de los fundamentos del marxismo se ha puesto de nuevo a la orden del día. Capas extraordinariamente amplias de las clases que no pueden prescindir del marxismo al formular sus tareas, lo habían asimilado en la época precedente de un modo extremadamente unilateral, deforme, aprendiéndose de memoria unas u otras “consignas”, unas u otras soluciones a los problemas tácticos y sin comprender los criterios marxistas que permiten valorar esas soluciones”.
El auge de los movimientos sociales que se oponen a la globalización neoliberal ha levantado voces desde la izquierda que sustituyen el enfoque de clases por lo movimientista, lo que significa el abandono de tesis fundamentales del marxismo. Al respecto Lenin nos dice: “Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del engaño propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a discernir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de unas u otras clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, solo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha a las fuerzas que puedan –y , por su situación social, deban- formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo”.
Los sostenedores de las tesis movimientistas asumen también que la clase obrera no es ya la clase revolucionaria de la sociedad y por tanto, la fuerza hegemónica del cambio, sino que el sujeto emancipador hoy lo integra la comunidad de víctimas del capitalismo neoliberal en la que se incluye a la clase obrera. Lenin da las claves para comprender que lo que hace a la clase obrera la clase más revolucionaria no es su peso numérico, sino su cualidad en el modo de producción. Nos dice: “ de las clases oprimidas, solo es capaz de suprimir las clases, por medio de su dictadura, la que está aleccionada, unida, educada, fogueada por decenas de años de luchas políticas y de huelgas contra el capital; la que ha asimilado la cultura de las ciudades, de la industria, del gran capitalismo y tiene decisión y capacidad para defenderla, para conservar y desarrollar todas sus conquistas, para hacerlas accesibles a todo el pueblo, a todo los trabajadores; la clase que sabe soportar todas las cargas, todas las pruebas, todas las adversidades, todos los grandes sacrificios que inevitablemente impone la historia a quien rompe con el pasado y se abre audazmente paso hacia un porvenir nuevo; solo las clases cuyos mejores hijos resuman odio y desprecio por todo lo mediocre y filisteo, cualidades que tanto florecen dentro de la pequeña burguesía, los pequeños empleados y la “intelectualidad”; solo la clase que se ha “endurecido en la escuela del trabajo” y sabe inspirar respeto por su capacidad de trabajo a todo trabajador, a todo hombre honrado”.
La toma del poder continúa siendo el problema fundamental de toda revolución. Sin embargo, en algunos sectores de la izquierda se plantea “cambiar el mundo sin tomar el poder”. De nada valdrían las propuestas de cambio mejor elaboradas y viables si no se cuenta con los medios políticos de realizarlos y sobre todo, cuando de la revolución socialista se trata, única alternativa para los pueblos del tercer mundo. Acerca de ello Lenin dijo: “el proletariado necesita el poder estatal, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios en la obra de “poner en marcha” la economía socialista”.
Para enrumbar con acierto la ira popular antineoliberal y replantearse la lucha contra el capitalismo globalizado de hoy, es de obligada referencia, por su profundo contenido esclarecedor, la obra de Lenin, sobre todo aquella donde desarrolla la teoría marxista de la revolución; y hacerlo con sujeción a su permanente consejo de no reproducir clichés, no copiar fórmulas ni repetir frases aprendidas de memoria, sino estudiando la vida para encontrar las formas específicas mediante las que, dentro de cada situación y en cada país, se marche hacia el gran objetivo común del Socialismo.
Héctor A. Pineda Zaldívar es Profesor titular del Instituto Superior Pedagógico para la Educación Técnica y Profesional
Fuente: Partido Comunista Colombiano
EL PARTIDO COMUNISTA DE GRECIA (KKE) CONVOCA A 10 PARTIDOS COMUNISTAS DE LOS BALCANES PARA IMPULSAR LA LUCHA
Oportunidad, oportunismos e inoportunos
Sobre un canalla político boliviano
Sentados a la mesa, esperando el año nuevo, los siete comensales encallamos la conversación en la política y los políticos de nuestro tiempo. Mentamos los nombres de algunos de ellos pasando revista a su rango de consecuentes como Siles Zuazo, siniestros como Barrientos, astutos como el doctor Paz, nefastos como Lechín (según yo), sicarios como Banzer, ingenuas como Lidia Guéiler (según el profesor), traidores como la mayoría del MIR y sus sucursales socialdemócratas.
Así íbamos esa noche final del año, cada quien con sus filias y sus fobias, hasta que el traumatólogo mencionó a Guillermo Bedregal y todos celebramos la primera unanimidad, el gran consenso para tipificar a ese personaje con todos los epítetos derivados de canalla.
- ¿Por qué lo mencionaste? -inquirí. “Porque un conocido me envió un libro recién escrito por aquel”, dijo el Trau. ¿De qué trata, sobre qué? - se interesó la doctora. “Es su autobiografía, un libraco de cómo 200 páginas que me da hueva leer porque ya se imaginarán lo qué dice Bedregal de Bedregal” – respondió molesto el cirujano.
- BIDregral – musité, recordando que en 1961, cuando Bedregal era el presidente de Comibol y aplicó el Plan Triangular, un terrible esperpento capitalista propuesto por el BID para acabar de desnacionalizar las minas.
Fue el dirigente Federico Escobar quien le clavó ese apodo en la asamblea general celebrada en la mera Plaza el Minero. El tal BIDregal, sentado en la testera de la asamblea junto al gerente de la empresa, un tal Sahonero, escuchaba impasible los airados reclamos de la clase trabajadora, pero se sacó de balance cuando Fortunata Aguilar, la lideresa del Comité de Amas de Casa de Siglo XX, llegó hasta él con una vianda de un caldo aguado de fideos y carne podrida de Beni y le pidió comerlo ahí, ante todos, “porque esta misma porquería es lo estamos comiendo cada día.”
Bajo la mirada de la asamblea proletaria Bedregal Gutiérrez se tuvo que zampar aquella infame mezcla. La terminó asqueando, pero luego, con un aire de brutal provocación, dijo en voz alta: “Está muy rico, ¿no tienen otro plato?”
La represalia fue cruel. Amado del Plan Triangular, el gobierno del Dr. Paz Estensoro decretó la rebaja salarial, cesó a centenares de trabajadores y confinó en la selva inhóspita a decenas de dirigentes sindicales. Bedregal saboreó así el plato de su venganza.
Luego, ese sujeto fue diputado y senador, siempre en posiciones antiobreras y afín al golpismo. En 1971, con su partido apoyó el golpe de Banzer; en 1974 escribió un libro de alabanza al ejército masacrador titulado “Los militares en Bolivia”, (Edit. Extemporáneos). El líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz nos dijo una vez que habría que escribir un libro que se llame “Los bedregales en Bolivia”. En noviembre de 1979 fue el ejecutor civil, con los hermanos Sandoval Morón, del golpe militar del coronel Natusch Busch, quien lo nombró Canciller de su sangriento gobierno que duró 16 días. Bedregal Gutiérrez se mezcló en 1980 con los golpistas García Meza y Arce Gómez, quienes secuestraron y asesinaron a Quiroga Santa Cruz.
En los años ochenta fue el cerebro del DS 21060 que puso en la calle a no menos de 45 mil familias mineras. Antes de ser obligados a la relocalización, un troskista dijo en una asamblea que si el gobierno cerraba las minas “tendremos que irnos a Brasil donde he leído que se necesitan mineros”. Una estupidez. Bedregal le respondió con otra idiotez eufórica: “Buen viaje, váyanse, nosotros les ayudaremos con los pasajes…” Esa noche, ante los siete comensales, recordé haber escrito el soneto “Si se van los mineros”, que está en la página 64 de mi libro “Pienso luego exilio”. Pedí permiso para leerlo y la historia quedó redondeada con los tercetos finales: “Si se van los mineros se degrada la dignidad y viene la algarada de los milicos y los bedregales. Si se van los mineros, camarada, quedará la patria despojada de historia, dignidad y minerales.”
Así discurríamos esa noche final del año cuando el profesor clavó un puñal en la mesa. Bedregal Gutiérrez tiene que saber quiénes mataron a Carlos Flores Bedregal, que era su sobrino carnal, y a Marcelo Quiroga. ¿Por qué nadie le pregunta de eso al tío ochentón que tiene memoria para pajearse con su autografía? ¿Y por qué callan ante él los familiares y amigos del mártir Flores Bedregal?, nos preguntamos todos.
La fuerza de los de abajo - Los pies, la cabeza y el corazón de Evo Morales-
Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petróleo, etc., con las organizaciones sociales, si hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementación, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No sé cual habría sido la propuesta, pero los resultados habrían sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acordó.
Los protagonistas no pueden –ni quieren- enterarse de su historia por los diarios. No es con resoluciones y decretos como se impulsa la revolución democrática y cultural, la clave está en la participación. Se trata de un proceso marcado por la construcción colectiva y requiere llevar los ritmos que esa construcción –y toma de conciencia colectiva- demanden. Cuando se pretende acelerarlo pasando por encima de la participación popular, lo que se evidenciaba como un éxito o acierto posible en el mediano plazo se tornan en un inmediato fracaso.
La prueba está a la vista: apostando por la consulta y participación de los de abajo, ciertamente el camino puede ser más largo y los ritmos más lentos, pero a la larga será más efectivo, profundo y radical. Esta sabiduría no salió de las universidades, se forjó en la experiencia de lucha de los pueblos. En sus prácticas, ellos han delineado y construido las nuevas lógicas de la transformación social desde abajo, es decir, de las revoluciones democráticas-culturales caracterizadas por apelar al desarrollo de la conciencia, la organización y la participación de los de abajo de modo permanente. Y esto no se logra con cursos o conferencias, es ante todo, una resultante de la participación plena de los de abajo en todo el proceso de cambios: desde el diagnóstico y las definiciones hasta la implementación y el control de las decisiones. Éstas no son ya tarea de un grupo de dirigentes sino responsabilidad compartida de todos y todas.
El pueblo consciente, participante y protagonista de las decisiones saldría igualmente a las calles, pero –en tal caso- para reafirmar las medidas del gobierno que serían sus medidas, y para pedir la profundización revolucionaria del proceso.
Lo ocurrido en Bolivia a consecuencia del gasolinazo no se corresponde con ninguna de estas alternativas, pero tampoco significa un rechazo al gobierno que siguen considerando suyo. Es un grito y una manifestación contundente contra una tenue pero creciente forma de gobernar que venía ya mostrándose en algunas decisiones, que pretende ignorar al pueblo como protagonista central del proceso y suplantarlo en la toma de decisiones fundamentales, reencarnando lo peor de la herencia política burguesa-colonial.
Un gobernante revolucionario no se define como tal por el currículo, ni por ser “honrado y bueno” en comparación con los gobernantes tradicionales del sistema; aunque estas cualidades se requieren de forma elemental, su proyección va más allá de lo personal: se relaciona directamente con su capacidad de poner los espacios de poder en función de la transformación revolucionaria, abriéndo las puertas del gobierno al pueblo, construyendo un nuevo tipo de institucionalidad, de legalidad y legitimidad basada en la participación del pueblo en la toma de decisiones políticas (base de la Asamblea Constituyente).
La tarea titánica de los gobernantes revolucionarios no consiste en sustituir al pueblo, ni en “sacar de sus cabezas” buenas leyes, mucho menos para demostrar que son más inteligentes que todos, que tienen razón y que, por ello, “saben gobernar”. Impulsar revoluciones desde los gobiernos pasa por hacer de éstos una herramienta política revolucionaria: desarrollar la conciencia política, abrir la gestión a la participación de los movimientos indígenas, de los movimientos sociales y sindicales, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo roles y responsabilidades diferenciados, para gobernar el país en conjunto.
Las revoluciones desde abajo, es decir, las que se gestan por los pueblos desde la raíz de los problemas, apuestan al cambio que nace de las conciencias de los pueblos y se construye en su accionar protagónico, nada tienen que ver con métodos que pretenden impulsar el proceso con decretos o resoluciones generadas desde arriba por muy bienintencionadas y certeras que éstas pudieran resultar.
No se avanza con medidas superestructurales por muy justas y razonables que sean. Hay que construir protagonismo popular colectivo y eso solo puede lograrse forjándolo a cada paso y en cada paso. El aprendizaje, como la enseñanza, comienza en las prácticas cotidianas. Educar en lo nuevo significa desarrollar nuevas prácticas, dar ejemplo. Ésta es la clave pedagógica vital de las revoluciones desde abajo.
Éstas solo pueden profundizarse anudadas a la construcción y fortalecimiento del sujeto colectivo de las mismas, el actor sociopolítico capaz de empujarlas e impulsarlas permanentemente hacia objetivos radicalmente superiores. La tarea fundamental del instrumento político en estos tiempos consiste por ello, precisamente, en desarrollar el trabajo político, cultural e ideológico necesario para promover el desarrollo de la conciencia política del conjunto de actores sociales y políticos del campo popular, en abrir canales institucionales y no institucionales para la participación consciente, organizada y creciente del conjunto de los actores revolucionarios, así como crear ámbitos para las reflexiones críticas colectivas del proceso de cambio, de modo que se vayan fortaleciendo las conciencias, creciendo colectivamente.
En Bolivia el pueblo no salió a las calles a rechazar a su gobierno sino a rechazar, junto con la medida, la imposición, a rechazar las decisiones sin consulta, el distanciamiento entre gobernantes y movimientos indígenas, campesinos y sociales que venía evidenciándose como tendencia y que cristaliza ahora contundentemente con esta medida del llamado gasolinazo. El pueblo no salió a oponerse a Evo, sino a decirle NO a cualquier intento de gobernar sin su participación, a pedirle rectificación y reconocimiento. Y en un acto de humildad que evidencia tanto su gran sabiduría como sus raíces, Evo rectificó. Y repasando su promesa de Tihuanaku, retiró los decretos y reiteró su decisión de “mandar obedeciendo”, que –en sentido estricto- no significa ni mandar ni obedecer, sino gobernar juntos, construir conjuntamente las medidas fundamentales y compartir las responsabilidades de las decisiones y de su implementación.
Y no es que esto sea necesariamente garantía de éxito ni evite cometer errores o equivocarse, pero cuando los pueblos fracasan teniendo conciencia de que ello podría ocurrir, es decir, sabiendo que se podía perder, el fracaso puede representar un triunfo, un crecimiento colectivo, un nuevo aprendizaje y un fortalecimiento que los dinamice e impulse a concretar sus objetivos por otras vías. Algo así como: “Bueno, si por ahí no salió el asunto, ¿por dónde y cómo vamos a lograrlo?” Es decir, la situación se presenta diferente cuando hay participación consciente que cuando no la hay: los pueblos avanzan según toman conciencia del fracaso o celebran el triunfo, y ello depende de su participación en las decisiones; cuando fracasan sin conciencia de lo que estaban haciendo, la frustración es profunda.
Las revoluciones son idénticas a la participación protagónica de sus pueblos; directamente proporcionales a ella. Si, por ejemplo, se aplica esta sencilla ecuación a los procesos populares revolucionarios en curso, a las medidas gubernamentales y sus procedimientos, los resultados saltan a la vista: a menor participación popular, menor contenido y alcance revolucionario, menos revolución. Conclusión: El nudo gordiano estratégico de los procesos revolucionarios no radica en la pertinencia de las resoluciones gubernamentales ni en la sabiduría de los gobernantes y su entorno, sino en la voluntad popular, en su conciencia y organización para participar en las definiciones y soluciones, impulsarlas y sostenerlas.
En el terreno político está claro que saber es poder. En tanto el saber procedente de técnicos y expertos es restringido, reducido a élites y minorías, su poder también es escaso y reducido, acotado a cargos y funciones, a lo que se denomina comúnmente “trabajo profesional”. Por ello, sin negar el valor del trabajo de expertos y asesores, los resultados y las propuestas de sus estudios necesitan siempre ser reevaluadas (cuando no construidas) con el pueblo, con los movimientos indígenas, sindicales y sociales, con el campo popular todo. Sólo en un proceso articulado, conjunto, es posible transformar las propuestas de funcionarios, especialistas o técnicos en decisión política revolucionaria de gobierno y pueblo. En procesos políticos-revolucionarios como el que vive Bolivia hoy, la administración pública –que es la administración de lo público- no puede quedar entrampada en los papeles de los funcionarios; es tema y tarea de la militancia socio-política de los pueblos en las calles de las ciudades, en los campos, en las minas…
Los que tienen la responsabilidad de gobernar tienen la prerrogativa de proponer cambios y la obligación de que sus propuestas tengan fundamentos sólidos. Esto no está en discusión. Pero la otra pata del proceso, la fundamental, la que le da sentido y proyección revolucionaria, consiste en lo siguiente: para que el saber producido arriba sea a la vez podersaber/poder de pueblo. Ésa es la tarea política por excelencia de quienes tienen responsabilidades de gobierno en procesos revolucionarios. abajo, tiene que construirse con los de abajo y constituirse en
Evidenciar esto y ponerlo sobre el tapete es una de las enseñanzas más importantes y trascendentes de los acontecimientos resultantes del gasolinazo: el pueblo reclamó su protagonismo, habló con su líder en su lenguaje de resistencia y lucha, y Evo respondió como militante. Consciente de que rectificar es de sabios, escuchó y comprendió el mensaje de sus compañeros y compañeras y raudamente derogó las resoluciones y decretos, y volvió a poner el la agenda política gubernamental un tema clave: gobernar para el pueblo implica gobernar con el pueblo. Y con ello Evo alumbraba otra lección: para impulsar una revolución desde abajo, no basta con “tener espaldas”, sino los pies en la tierra, el corazón en el pueblo y la cabeza clara de sus responsabilidades como gobernante revolucionario capaz de concertar a los pueblos a protagonizar su historia.
Queda claro entonces que el tema abierto con el gasolinazo no está limitado a economistas, ni expertos, ni periodistas, pertenece al pueblo. Es el pueblo –en su diversidad de identidades, nacionalidades y culturas- quien tiene el poder de cambiar la historia y construirla a su imagen y semejanza.
Por eso, a días de conmemorarse un nuevo aniversario de la constitución del primer gobierno indoamericano en nuestro continente, es posible exclamar, con fuerza y vitalidad:
EL PCP RETIRA EL APOYO CRÍTICO A FERNANDO LUGO
Defender el proceso de cambio es denunciar el incumplimiento del programa de cambios.
El pleno del Comité Central (CC), reunido el 18 y 19 de diciembre, ha tomado algunas decisiones en torno a la situación nacional, el proceso de cambio y el Gobierno, a saber:
1- El Partido Comunista Paraguayo (PCP), en enero de 2008 como miembro de la Alianza Patriótica Socialista, en relación las elecciones de abril de 2008 firmó un acuerdo con el candidato Fernando Lugo, sobre tres puntos programáticos: La profundización democrática, la soberanía nacional con énfasis en la cuestión energética y la Reforma Agraria integral con participación popular. Sobre este acuerdo, se decidió dar un apoyo crítico a Lugo, llamando a votar por él.
2- Desde el inicio del Gobierno hasta estos días, el PCP ha defendido el proceso de cambio de los ataques de la derecha golpista y de los desvíos que tuvo el propio Poder Ejecutivo, asumiendo con total responsabilidad la colaboración con la gestión del Gobierno participando de la elaboración de numerosos documentos que fueron presentados al Presidente Lugo y de una gran cantidad de reuniones con el mismo.
3- Nuestro Partido valora el triunfo del 20 de abril de 2008, que ocasionó un desbloqueo del escenario político, la apertura de posibilidades de cambios democráticos, patrióticos y populares, y el surgimiento de nuevas figuras vinculadas al movimiento popular progresista y de izquierda. Igualmente aprecia los avances en cuanto a participación de sectores populares en espacios de discusión gubernamental, varios pasos que se han dado en cuanto a salud pública, los adelantos en la renegociación de Itaipú y la cobertura social a familias en situación de pobreza extrema así como a niñas, niños y adolescentes en situación de calle.
4- Ya a finales del 2009 el CC advirtió que existían señales claras de restauración conservadora en el Gobierno, identificando que dicha restauración iría teniendo un tinte represor-terrorista, atendiendo la ofensiva y la penetración del imperialismo norteamericano en el Ministerio del Interior, la Fiscalía, el Poder Judicial y la Cancillería entre otras instituciones que fueron intervenidas abierta o solapadamente por la USAID, a través del Plan Umbral y de la Embajada norteamericana.
5- Asimismo, en junio de este año, el CC del PCP emitió un documento en el que mencionó la agudización de la tendencia derechista en el gobierno de Lugo y por lo tanto la necesidad de relativizar el apoyo y acentuar la crítica, insistiendo en una actitud militante y propositiva para colaborar con la reorientación de la política del Gobierno.
6- Lastimosamente, pese a nuestros intentos, a las numerosas reuniones que tuvimos con el Presidente Lugo, no logramos influenciar para una rectificación del rumbo y una recuperación del programa de cambios votado en abril de 2008. No solo eso, el gobierno continuó y continúa su política de derecha, cuyos inicios se ubican en el convenio de setiembre de 2008 firmado con el narcoterrorista Pdte. de Colombia, en ese entonces, Álvaro Uribe; con la implementación del Plan Umbral de los yanquis; con grandes represiones al movimiento popular; con la presentación al Congreso de la Ley antiterrorista; con una política social conservadora y desmovilizadora; con una política exterior entreguista; con una política económica continuista y concentradora de riquezas; con un enorme descuido de los pueblos originarios y con un discurso y una práctica con las que no se priorizan la recuperación de las tierras y los bienes mal habidos. Entre estas acciones equivocadas se encuentra la destitución del Ministro de Defensa, Gral. (SR) Luis Bareiro Spaini, cuya conducta intransigente en defensa de la soberanía contra la descarada intervención de la embajadora norteamericana Liliana Ayalde, fue y es sumamente justa y patriótica.
7- Podemos sintetizar diciendo que el Presidente Fernando Lugo prefirió la gobernabilidad entre cúpulas inclusive dejando de lado la ética y la justicia, pactando con el oviedismo fascista y con toda esa derecha que en su práctica se muestra totalmente indiferente a las grandes injusticias que sufre nuestro pueblo en lo que se refiere a acceso a la tierra, alimentación vivienda, salud, educación y trabajo. En ese sentido, Lugo retrocedió ante las presiones de una derecha criminal y vendepatria que domina el Congreso, cuya función es determinante puesto que la Constitución Nacional de 1992 le otorga superpoderes.
8- Entre las grandes entregas antinacionales y antipopulares del gobierno, en estos días, podemos mencionar: el proyecto privatizador de rutas, ríos y aeropuertos que el Poder Ejecutivo envío al Congreso y que fue aprobado, para luego avanzar más y enviar el proyecto específico de privatización de aeropuertos (incluido el aeropuerto de Mcal Estigarribia, que es militar). A esto podemos sumar que el propio Poder Ejecutivo opera a favor de la instalación de la transnacional de aluminio Río Tinto Alcan, que además de generar escasas fuentes de trabajo, es altamente contaminante, utiliza igual energía que el conjunto de la industria nacional y encima pide un subsidio del precio de costo de dicha energía. De concretarse ese negociado se estaría dando otro gran despojo de nuestra soberanía, mucho más grande que Itaipú. Sobre este punto queremos resaltar que la iniciativa para la instalación del la transnacional del aluminio guarda relación con la política de dominación imperialista para el saqueo de nuestros recurso naturales, atendiendo a que está comprobada la existencia de miles de toneladas de oro en Paso Jobai, como también de Titanio (en el Ybytyrusu) y de Uranio (en Caazapa) en otras regiones de nuestro país.
9- Entonces, al hacer un balance del Gobierno podemos evidenciar claramente que existen más medidas contrarias a nuestro pueblo y forman nada más que un puñado las que le favorecen, de modo que en coherencia con la defensa del proceso de cambio, que en su momento dijimos que se llevaría adelante con Lugo, sin Lugo y aun contra Lugo, el PCP decide retirarle el apoyo crítico al Presidente de la República.
10- Aclaramos que nuestra apuesta es incondicional en cuanto a la defensa del proceso de cambio y que no dudaremos un instante en defender al Gobierno constitucional ante un posible golpe de la derecha patrocinado por los yanquis. Del mismo modo, seguimos identificando a la derecha defensora de la oligarquía mafiosa como títere del imperialismo yanqui y en consecuencia como nuestro principal enemigo, al cual combatiremos en todos los escenarios en los que desarrolla su política de saqueo, explotación, exclusión y muerte. Nos referimos a escenarios como Congreso Nacional, Fiscalía, Poder Judicial, Vicepresidencia de la República, Direcciones políticas de los partidos tradicionales y dentro de varios ministerios del Poder Ejecutivo. En todos esos lugares haremos presencia, movilizados y organizados, con propuestas concretas de cambio democrático y popular.
11- Por último, llamamos a todas las organizaciones políticas del campo popular, a los movimientos sociales, sindicatos y al pueblo en general, a luchar durante el 2011 con movilizaciones y debates permanentes por la construcción de la democracia y del poder popular, confrontando sanamente con un Gobierno cuyas señales son contrarias a los cambios prometidos, a la vez de aportar con nuestra colaboración ante alguna medida democrática y patriótica que adopte el gobierno, que entendemos será como consecuencia de la presión y de la movilización popular. Mientras tantos nos vemos obligados a continuar defendiendo el proceso de cambio desde una perspectiva patriótica y revolucionaria.
¡Por la defensa incondicional del proceso de cambio!
¡Por la unidad y la construcción de poder popular!
¡Por un 2011 de movilización y lucha!
¡Por un bicentenario patriótico y popular, antimperialista, para conquistar nuestra segunda y completa independencia!
Comité Central











