Un
político avezado como el Dr. Guevara Arze decía que “nadie conspira en Bolivia con notario público”. Lo decía poco
tiempo antes del golpe militar de Todos Santos, (1.979). Los comprometidos
-dirigentes y parlamentarios del MNR, de ADN y hasta del MNRI- negaban rotundamente y disimulaban su
participación. Más varios de ellos resultaron
ministros del breve gabinete que encabezó Natusch. Cuando se produjo el
secuestro del Dr. Siles Zuazo que era la señal para el comienzo de otro golpe,
también los políticos de la derecha juraban y rejuraban que no estaban
complotando. Fracasado el operativo golpista, muy pronto se aclaró que
militares y hasta muy altos funcionarios del gobierno de la UDP estaban de
alguna manera comprometidos.
Conspiración internacional. Podríamos dar más ejemplos de
la historia reciente del país. Es innecesario. Ahora nos ocuparemos de la
conspiración en marcha, contra el gobierno de Evo Morales. Es el régimen de
mayor perfil antimonopolista, antineoliberal y antiimperialista de los últimos
tiempos. Esto es precisamente lo que más irrita al imperialismo que ha puesto
en marcha todos sus mecanismos de desestabilización y a sus agentes internos
para derrumbar gobiernos que le son contestarios. Lo decimos en plural porque
la conspiración imperial alcanza a varios países latinoamericanos: Siempre
Cuba, pero ahora también Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia en la primera
línea. Empero es sobre todo nuestro país el blanco inmediato, tomado como el
eslabón débil de la cadena de países con giro a la izquierda o simplemente a
posiciones progresistas y antimonopólicas como la Argentina, que nacionalizó la
REPSOL.
La conspiración es extensa. A esta altura de los
conflictos y movimientos es posible afirmar que los hilos conspirativos,
movidos por el imperialismo, son muchos y muy entrelazados gracias a la labor
ante todo de los medios de comunicación, en su gran mayoría en poder de los
grupos de poderosos y con muchos comunicadores -consciente o inconscientemente–
sumando su potencia comunicativa al molino de los complotados.
No sólo es probable, sino seguro,
que el gobierno de Evo ha cometido errores. Pero a nuestro juicio, ninguno de
principio, sino de método, por medidas inoportunas, mal calculadas y mal propuestas.
En esa circunstancia se aprovecha la convulsión social presente para
desestabilizar al gobierno. Paralelamente, es evidente que la derecha no posee
liderazgos definidos ni aceptados; tampoco ideas. Ni Banzer ni García Meza
aportaron alguna. Están en el proceso de forjamiento de lideratos. Los más
visibles son Doria Medina y Juan del Granado. Ambos con una foja de servicio al
neoliberalismo más o menos equivalente y con una matriz político ideológica común:
El mirismo, desaparecido orgánicamente pero persistente en sus supérstites
conductuales. Cada uno aspira a ser el que recoja sobre todo el desaliento de
las capas medias y se nutra del soporte de las agencias del imperio y de la
oligarquía. Veremos quién llega a la recta final…No creemos que tengan el
desprendimiento suficiente como para aceptar el candidato único derecha, como
ha logrado el imperio en Venezuela con Capriles Radonski.
II
Palancas sensibles. Hay otros hilos que van hacia sectores
populares y hasta a los órganos de seguridad. Nos referimos a las demandas de
algunas comunidades indígenas que quieren aplicar forzadamente la tesis de la propiedad de la “tierra y territorio” y desplazar por
ejemplo a cooperativas o pequeñas empresas mineras. La cuestión del TIPNIS
(Territorio Indígena, Parque Nacional Isiboro Sécure) se ha reavivado con la IXª
marcha indígena que al igual que la VIIIª tiene la intención de llegar a La
Paz, entrar a la Plaza Murillo e intentar una asonada contra el Palacio
Quemado. Con gran irresponsabilidad se difunde una consigan macabra: Colgarían
a Evo Morales como se colgó a Villarroel en 1.946. Todo por una necesaria
carretera que supuestamente destruiría el corazón de la Amazonia.
Las esposas de los policías
organizan una huelga de hambre y piden para ello instalaciones de la COB, a fin
de que el gobierno nivele los sueldos de sus esposos al de los militares. Los
médicos siguen con una huelga y movilizaciones que ya duran más de 45 días,
pidiendo la derogatoria de un decreto que afecta a su cómodo horario de
trabajo. Como la huelga en sí tiene un efecto limitado han acudido a los
estudiantes de medicina para practicar violencia callejera y bloqueos de carreteras.
Incluso -¡vergüenza! Inaudita!- queman banderas de Cuba
Entre Tarija y Chuquisaca, en
cualquier momento, puede producirse un choque regionalista que se disputa las
regalías e impuestos del yacimiento “Margarita”, compartido por ambos
departamentos. En fin, el recuento de conflictos es de no acabar y continúan
retroalimentándose.
Desorientación sindical. Lo que parece inexplicable, en este
proceso de conflictos y conspiración, es la actitud que ha tomado gran parte de
la directiva de la COB, jugando el papel de un eje articulador. Esa posición
aunque sabemos que, de lejos, no abarca a la totalidad, ni siquiera a una
franca mayoría de la base, aparece gracias, otra vez, a los medios de
comunicación, como la determinante de la suerte del conflicto general. La
derecha sutilmente sufraga sus reuniones, proporciona recursos para sus
encuentros, marchas, etc. A ello se suma la vocinglería ultraizquierdista,
sobre todo del trostskismo, que piensa que ha llegado la hora de “derrocar al indio e instaurar la dictadura
del proletariado”. En este afán están estimulando hasta reuniones como una
llamada “cumbre sindical” al margen
de los estatutos y con aviesas intenciones que incluso van contra los dóciles
dirigentes recientemente elegidos, en el congreso de Tarija.
Hay que admitir que nunca el
movimiento sindical estuvo tan confundido ni nunca habían llegado a tanta
pérdida del norte político y del cumplimiento de su misión histórica. Se ha
llegado al colmo de tolerar y, hasta en contra de sus disposiciones estatutarias,
introducir en el Comité Ejecutivo a elementos descalificados y públicamente
conocidos como ex (¿?) agentes de pasadas dictaduras militares.
A pesar de este panorama de
pocas luces, hay que confiar en que los elementos sanos de las direcciones
sindicales, hoy apabullados y arrinconados por la vocinglería ultra, vayan
reaccionando. Tal vez sea útil decir que es hora de emprender una
contraofensiva ideológica y política y recordar aquí algo dicho por Lenin: “Todo lo que sea inclinarse ante la espontaneidad
del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elemento
consciente, el papel de la vanguardia política,
equivale… a fortalecer la
influencia de la ideología burguesa sobre los obreros”.
Es impostergable, a nuestro
juicio, organizar la dirección del Proceso de Cambio, armarlo sin vacilar de
una ideología revolucionaria; adoptar un programa mínimo que refuerce el camino
de la transición y superando el desaliento emprender una contraofensiva que
derrote la conspiración. Hay suficientes
reservas y experiencias para hacerlo.

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