En el capitalismo vigente en Bolivia el mercado impone los precios
(Editorial de Aquí N·13 )
El gasolinazo del 26 de diciembre del año pasado, a pesar de que fue retirado por el gobierno que intentó aplicar, desató las furias del mercado capitalista todavía dependiente y a la vista atrasado, pese a los cambios bolivianos el que, en definitiva, es el que fija y/o regula los precios, como está ocurriendo todos estos últimos días en nuestro país.
El mercado internacional capitalista juega con sus propias cartas en Bolivia. Es verdad que suben los precios de los alimentos en el mercado externo y en el interno porque se produce menos granos, fenómeno que afecta y afectará al menos a 80 países de las regiones más atrasadas del mundo. La escasez es el principal factor que influye en el incremento del precio del azúcar y no la especulación, como dijo para Erbol la nueva ministra de Desarrollo Productivo.
El nuevo precio del azúcar, más de la mitad respecto del anterior al gasolinazo, se debe al vigente en el mercado externo pero, en nuestro caso y básicamente, también obedece a que no somos capaces de producir el azúcar que consumimos. A ese elemento se deben agregar otros como la venta, el año pasado, de caña de azúcar de Bermejo a ingenios azucareros argentinos, de lo que fue informado el gobierno, según empresarios de aquella región sureña. La producción de caña de azúcar en las zonas cálidas bolivianas disminuyó por falta de lluvias oportunas, porque los suelos han sido sobre explotados, porque la calidad de la caña ahora es menor o porque madura con menos jugo o es mucho más delgada que antes y, también, la escasez del diesel impide las actividades oportunas en aquella industria. Que conste que aquí todavía no se utilizan los granos para producir biocombustibles, a escala industrial.
Ante la carencia de azúcar, oficialistas con distintas tareas políticas recuerdan que en el agro el desayuno es alguna comida que no emplea azúcar, que este producto hace daño sobre todo cuando es más refinado, que se debe sustituir con estevia o miel de abeja, que no es un artículo de primera necesidad, como equivocadamente es considerado debido a su consumo masivo.
Preocupa que sólo ante la escasez de azúcar se busque desalentar el consumo de ese producto. En el campo el consumo de edulcorantes es mucho menor que en las ciudades, pero se utiliza más que antes. Señalar los daños a la salud que ocasiona ese producto es una crueldad cuando los sustitutos, como la miel de abeja, o no existen en cantidad suficiente o son mucho más caros que el azúcar, es el caso de aquella miel. El aporte en calorías del azúcar se podrá sustituir, por ejemplo, con dietas enriquecidas, del todo distintas a las que predominan en Bolivia. Sin embargo, en incontables hogares de la mayor parte del país, el azúcar es de uso crecido en dos comidas y hasta en las tres.
Tengamos claro que los consejos para sustituir el azúcar son de personas que rara vez sufren la ausencia de aquel producto porque tienen todos los medios para adquirirlos o sustituirlos. Son, pues, los más empobrecidos y, entre éstos, sobre todo los que trabajan por cuenta propia, los que enfrentan las consecuencias de la falta de azúcar. Por eso un senador del MAS, suelto de cuerpo, afirmó que él compra azúcar por quintales para todo el año y admitió que muchos otros padecen las carencias y añadió que Dios ahora hace llover y sugirió esperar la próxima cosecha de caña de azúcar, incluso para que disminuya su precio. Veremos.
El pueblo que aprende especialmente de su experiencia, además de rechazar de manera resuelta la elevación de precios, no sólo del azúcar, sobre el consumo de ésta sugiere comprar no más de lo que se necesita y que se pague el precio que en realidad establece el mercado; además, que a los mayores de las familias se les disminuya aquel producto dulce y que se lo sustituya cuando sea posible con otros edulcorantes o con otros alimentos. Empero, estas últimas medidas que se sugieren deben ser asumidas ante la emergencia, nada más.
Nos parece que miente el que dice que el gobierno, por mucha voluntad política que tenga, regulará los precios en el mercado. Eso es y será imposible mientras el único mercado que existe en Bolivia sea el capitalista atrasado y dependiente. En éste la ley de la oferta y de la demanda es la encargada de hacerlo, esta verdad es harto conocida, aunque parece olvidada incluso por los gobernantes de este tiempo.
Sin embargo, la última afirmación ayuda a entender que los cambios en Bolivia no han modificado en nada esencial las formas de producir, es decir, las medidas económicas no alteran positivamente la estructura productiva del país. Las reformas económicas en Bolivia preservan el viejo modo de producir bienes de uso y consumo. Las formas de distribución de la riqueza nacional, es cierto, con los bonos cambian un poco la forma de hacerlo, sin que eso satisfaga plenamente a los que demandan más cambios para avanzar.
Los gobernantes deben convencerse de que el capitalismo no puede funcionar de otra forma y, por tanto, tienen que dejar a un lado las mentiras crueles y las piadosas sobre las causas de la subida de precios como el del azúcar, de los derivados de ésta y de otros bienes.
Y el dinero que desde el gobierno se utiliza para los avisos publicitarios, que tienen una dosis de mentira, como toda publicidad, se debe utilizar para informar con veracidad, ayudar a la comunicación del pueblo, opinar responsablemente y analizar con ética, así ganaríamos mucho más en el campo popular en esta materia, como no ocurre ahora.
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y ante la carencia de alimentos se tomen todas las medidas posibles para producir más granos, avisados como debemos estar de que para la cosecha hay un prolongado tiempo previo, por lo que no deben añadirse plazos dilatorios que sólo prolongarán el hambre y la hambruna que nos azotarán, de acuerdo a todos los pronósticos científicos y técnicos.
Sensiblemente, sólo luego de manifestadas las carencias alimentarias en Bolivia los gobernantes hablan de las miles de hectáreas en las que se puede cultivar o de pactos que celebran con empresarios para producir granos.
Sobre todo los gobernantes deben tener a la vista que cuando el hambre afecta a nuestros pueblos lo que importa son los resultados, es decir, que se siembre para que haya cosechas seguras o al menos promisorias. Y que los precios de los bienes de uso y consumo, en realidades como la boliviana, el mercado los impone sin compadecerse de los empobrecidos.






