9 de mayo de 2014
Hace 69 años, en este mismo día, la Bandera Roja fue alzada en Reichstag señalando la victoria de una batalla gigantesca de los pueblos, con la Unión Soviética y los comunistas de Europa en la vanguardia, contra la ideología más horrible e inhumana, la ideología y la práctica fascista, nacida por el propio capitalismo que llevó a la maximización de la explotación del hombre por el hombre, al nadir absoluto de la existencia humana.
Millones de personas se sacrificaron en esta batalla, en los campos de batalla y en los inhumanos campos de concentración. Hoy día rendimos honor a todos los que perdieron la vida en las trincheras, en los campos de batalla, a los que desafiaron a los pelotones de fusilamiento. Leningrado y Stalingrado en Rusia, Kokkiniá y Kesarianí en Grecia están impresas en la memoria de los pueblos, igual que miles de lugares donde se determinó el resultado de esta dura batalla, lugares que fueron marcados por la barbarie del capitalismo, por un lado, y por otro lado la grandeza de la lucha popular contra esta criatura capitalista, el fascismo.
Casi 70 años después, algunos están haciendo todo lo que es posible para extinguir la llama de la verdadera historia que fue escrita con la sangre de los pueblos. Están haciendo todo lo que es posible para distorsionar la historia, para justificar de manera directa o indirecta la brutalidad fascista. En esta propaganda negra de las mentiras los centros imperialistas, y en primer lugar la UE, juegan un papel protagonista. La UE incluso transformó el 9 de mayo, que es el Día de la Victoria Antifascista de los Pueblos, en “Día de Europa”, tratando de borrar de la memoria de los pueblos de Europa el carácter antifascista de este aniversario. En esta misión ideológica y política calumniosa y sucia no dudan en equiparar el fascismo con el comunismo. Al mismo tiempo, la UE, igual que los EE.UU., no dudan en confiar y apoyar a las fuerzas reaccionarias más oscuras que ascendieron al gobierno de Ucrania a través de un golpe, como había sucedido anteriormente en los países bálticos, con el fin de promocionar sus intereses geopolíticos en la región de Eurasia. En los últimos 25 años, después del derrocamiento del socialismo y la disolución de la URSS, se lleva a cabo un sistemático “lavado de celebro” ideológico anticomunista a través del cual las “legiones SS” y los demás grupos armados profascistas han sido presentados como “liberadores” del país del bolchevismo.
Sin embargo, por mucho rencor que tengan, por mucha tinta que gasten, la realidad objetiva no se puede alterar. 69 años después del fin de la II Guerra Mundial millones de personas en todo el mundo aprecian la contribución del movimiento comunista con sacrificios sin precedentes para la derrota del fascismo. La fuerza básica de esta lucha titánica, el alma y el líder fueron los partidos comunistas, encabezados por el partido de los bolcheviques. Millones de comunistas sacrificaron incluso su vida para un mundo mejor.
El sistema capitalista, los antagonismos, que inevitablemente se manifiestan entre los imperialistas y los monopolios, deben ser impresos y estigmatizados en la conciencia de los pueblos como los responsables para las dos guerras mundiales, para los millones de muertos, discapacitados, para las personas expulsadas de sus hogares. No han dudado en cometer cualquier crimen con el fin de servir a las ganancias, el predominio y el poder capitalista. Esta realidad es aún más vigente hoy, dado que los antagonismos y los conflictos entre sí se están intensificando.


