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Dos conductas diferentes

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) acaban de entregar a dos militares que tuvieron retenidos -más exactamente en calidad de prisioneros de guerra- durante largos años.
Han entregado al prisionero más antiguo, Pablo Emilio Moncayo y al soldado Josué Calvo. El cabo Moncayo es conocido internacionalmente, por la campaña que realizó su padre, el maestro Moncayo. Un sencillo hombre que hizo notar su situación de atribulado padre colocándose, él mismo y voluntariamente, una cadena alrededor del cuello y esposándose las manos. Su hijo apenas salió libre, uno de los primeros actos que hizo, fue liberar a su padre de su rara condición de "auto prisionero". Pero no sólo agradeció a su padre. Hizo público su reconocimiento a los gobiernos de Chávez y de Lula y al Alto Comisionado de la ONU.

No está demñas recordar cómo, el maestro Moncayo, quiso sensibilizar al mundo, en particular al gélido gobierno de Uribe, con sus caminatas, peticiones, viajes en busca de cooperación de otros gobiernos, etc. Y nunca fue agresivo con nadie ni con el gélido gobierno de Uribe. A las FARC proporcionó un trato respetuoso y no se dejó llevar por la campaña internacional de diatribas, falsas acusaciones y exageraciones.

Su hijo, el cabo Moncayo acaba de confirmar cómo fue tratado por las FARC, durante su larga reclusión de casi 13 años. No hubo malos tratos; fue considerado "un prisionero de guerra" y tratado de acuerdo a las disposiciones de las FARC y los tratados internacionales del caso. Las FARC no han firmado estos tratados, pero las cumplen. No así los gobiernos y las fuerzas armadas colombianas que las han violado sistemáticamente, empezando por no reconocer su condición de fuerza beligerante.

En la entrega de los dos militares colombianos estuvo la senadora Pilar Córdoba, extraordinaria mujer que no se ha dejado intimidar por los paramilitares ni por los poderes colombianos. Llevó a cabo esta última misión corriendo riesgos y hasta sorteando dificultades de último momento. El ejército no estaba cumpliendo con todas las estipulaciones preestablecidas. Una portavoz de las FARC le comunicó que la entrega de Moncayo no podía hacérsela en el primer punto fijado, pues allí cerca, a dos kms. apenas, estaba una patrulla del ejército. En fin, sorteando estos obstáculos, sobre todo con serenidad, se produjo una de las liberaciones más esperadas.

¿Por qué se tardó tanto con el cabo Moncayo? Nos parece que fue porque cayó prisionero en una de las acciones más espectaculares de las FARC. En diciembre de 1997 éstas tomaron por asalto y la redujeron a escombros, a la base de comunicaciones de Patascoy, situada en el cerro del mismo nombre y más de 4000 m. de altura. La guerrilla ascendió velozmente, desde el llano donde reinan temperaturas de 35 grados y una humedad de 99%, a un sitio inhóspito, deshabitado y frío. El ejército colombiano no pudo soportar jamás la humillación que le significó esta pérdida.

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