Publicamos una biografia del camarada STALIN publicada por el PCE(r) .
BAJAR AQUI:
BIOGRAFIA DE STALIN
AQUI PASAMOS EL TEXTO ENTERO:
José Visarionovich Dzhugashvili
"Stalin" (1879-1953)
Los primeros años
El 21 de diciembre de 1879, en el pueblo de Didi-Lilo,
cerca de Tiflis, en Georgia, con un costado en el Mar Negro y otro en las
montañas del Cáucaso, Visarion y Ekaterina Dzhugashvili, de origen alano,
tuvieron un hijo al que llamaron José. El padre era un artesano zapatero muy
pobre, analfabeto e hijo de esclavos que trabajaban el campo. Antes de José el
matrimonio había perdido ya a dos hijos a causa de la miseria en que el zarismo
había sumido a toda la población.
Su infancia la
vivió en medio del hambre y las frecuentes palizas de su alcoholizado padre. Su
madre, sirvienta, aportaba los escasos recursos económicos con la esperanza de
que el joven José se instruyera. Tras terminar sus estudios básicos en una
escuela local, cuando cumplió los catorce años, gracias a una beca, su madre
pudo matricularle en el Seminario de Tiflis, que en aquella época era la única
posibilidad de estudiar para los pobres. Sin ninguna clase de ingresos llevará
allí una vida austera, dedicada por entero al estudio, revelándose como un
alumno brillante.
Ya antes de la
llegada de José Dzhugashvili, el seminario de Tiflis era un hervidero de
propaganda marxista más que cristiana. Allí acudían los hijos de los pobres,
con más conciencia de clase que vocación religiosa y se habían formado varios
hombres llamados a desempeñar un papel en la historia de Georgia, como Noé
Jordania, el fundador de la socialdemocracia caucásica que promovió toda la
corriente reformista en su interior, y Cheidze, "el viejo zorro
hipócrita", lo llamaba Lenin, presidente del grupo parlamentario
menchevique en la Duma zarista y en 1917 presidente el soviet de Petrogrado. La
enseñanza religiosa era ritual y limitada, e inferior en mucho a la enseñanza
revolucionaria, por elemental que fuese ésta.
Georgia apenas
tenía dos millones y medio de habitantes, un país pobre y desprovisto de medios
de comunicación que sufría en aquella época varios yugos sobrepuestos. La
administración rusa trataba a los georgianos como un pueblo conquistado. Entre
privaciones y una opresión feroz, el pueblo georgiano se alzaba con revueltas
periódicas que alimentaban el alma colectiva con relatos de la resistencia al
invasor ruso del norte.
El ferrocarril de
Bakú acababa de llegar a Tiflis; en torno a las primeras industrias mecanizadas
nacía un proletariado miserable al que los estudiantes del seminario,
fuertemente influidos por el Manifiesto Comunista, aportaban con ardor
un nuevo objetivo socialista. Los obreros y estudiantes georgianos vieron
pronto en el Manifiesto Comunista un reflejo exacto de su propia
situación, donde el capitalismo hacía brutalmente su aparición.
Dzhugashvili se
volvió ateo en el seminario al estudiar a Darwin y, al leer el Manifiesto Comunista
comprendió que había que organizarse y luchar por los de su clase. Pronto la
rebeldía natural que incubaba su generación tomó en él una forma consciente. En
1895, con apenas 16 años, entró en contacto con los grupos de militantes
desterrados en el Cáucaso.
En agosto de 1898
entra en Messamé-Dassi, el partido socialdemócrata georgiano con sólo 19
años de edad, formando parte desde el principio de la minoría revolucionaria,
que ya por entonces se hallaba enfrentada a la mayoría conciliadora y reformista
que encabezaba Jordania. Dentro de la organización se encarga de la redacción
del programa de estudios de los círculos obreros, poniendo de manifiesto una
gran preparación teórica e intelectual, un dominio muy amplio de las obras de
los clásicos marxistas y una claridad expositiva capaz de hacer comprensible el
materialismo dialéctico a los obreros que pocos revolucionarios han sido
capaces de desarrollar. Comienza a impartir cursos de marxismo a los obreros
avanzados, explicándoles El Capital, el Manifiesto Comunista y
demás obras básicas de Marx y Engels que él había estudiado clandestinamente en
el seminario.
En enero de 1898
asume la dirección del círculo marxista de los obreros ferroviarios de Tiflis.
Entonces el movimiento obrero en todo el imperio zarista se reducía a esos
pequeños núcleos que se reunían clandestinamente cuya única actividad era el
estudio del pensamiento marxista. También empieza a conocer las primeras obras
de Lenin.
A la clandestinidad con 21 años
En el verano de
1900 entra en contacto con V. Kurnativski, uno de los iskristas que Lenin envía
a Tiflis para impulsar la difusión del periódico que debía llevar a la
reorganización del Partido y a la lucha contra las tendencias economicistas y
conciliadoras. José Dzhugashvili se pone inmediatamente a la tarea y transmite
las consignas leninistas. Fruto de esa nueva línea, organiza en agosto una
huelga masiva en los talleres ferroviarios de Tiflis, que señala el tránsito
desde los círculos de estudio hacia la agitación y el trabajo político de
masas.
En base a los círculos
obreros existentes, Dzhugashvili comienza a sentar las bases del movimiento
socialdemócrata georgiano y tejer lazos entre la teoría revolucionaria de
vanguardia y el movimiento obrero. Lo mismo que Lenin en Rusia, Dzhugashvili en
el Cáucaso comienza a salir del círculo estrecho de intelectuales y teóricos,
por un lado, y de los economistas y practicistas estrechos por el otro,
fundiendo la teoría con la práctica.
La policía le sigue
los pasos de cerca. Estaba organizando la manifestación del 1 de mayo de 1901
en Tiflis y, para intimidarlo y obstaculizar su convocatoria, registran su casa
el 28 de marzo. No lograron su propósito. La manifestación, con cerca de 2.000
obreros desfilando, es un éxito total, aunque acaba en un duro enfrentamiento
con las tropas que costó 14 heridos y más de 50 detenidos, marcando toda una
etapa dentro del movimiento obrero georgiano. En el número 6 de Iskra
apareció la siguiente reseña: "Los sucesos que se han producido el
domingo 22 de abril [calendario antiguo] en Tiflis, marcan una fecha
histórica para todo el Cáucaso: a partir de ese día, un movimiento
revolucionario declarado ha comenzado en el Cáucaso".
Se ve obligado a
pasar a la clandestinidad, a vivir con documentación falsa, eludiendo siempre
las persecuciones policiales y a expensas de los recursos de las organizaciones
revolucionarias locales, primero en Georgia, luego en el Cáucaso y finalmente
en toda Rusia. Aún conocido como Dzhugashvili fue considerado como un
revolucionario "extraordinariamente peligroso", el más
perseguido por la policía secreta zarista. Fue el bolchevique más veces
encarcelado y el que más veces se fugó de las mazmorras, convirtiéndose en la
auténtica columna vertebral del Partido en el interior de Rusia, en el ejecutor
material de la política revolucionaria leninista en el corazón del imperio
zarista.
No había cumplido
aún los 22 años y, al igual que él, todos los revolucionarios se habían lanzado
a la lucha contra la autocracia muy jóvenes, como jóvenes han sido siempre
todos los comunistas. Y sin embargo, ya sabían de la clandestinidad, de burlar
las pesquisas policiacas, de reunirse, organizarse y salir a la calle a
enfrentarse con las tropas. En septiembre de 1901 promueve la publicación de Brdzola
(La Lucha) el primer periódico marxista en lengua georgiana o, como
decía él mismo en el editorial del primer número, "el primer diario
libre de Georgia". Es el fruto de varios años de lucha interna contra
la mayoría reformista dentro de Messamé-Dassi que encabezaba Noé
Jordania, imprescindible para superar las concepciones economicistas estrechas
que imperaban dentro de la socialdemocracia georgiana y pasar a la batalla
política contra la autocracia. El periódico se editaba en Bakú en una imprenta
clandestina
José Dzhugashvili,
demostrando una vez más su sólida formación marxista, redactó los artículos de
fondo más importantes del periódico. A Georgia llegaba el Iskra
leninista, pero al estar redactada en ruso, los obreros no podían comprenderla,
por lo que la aparición de Brdzola tuvo una extraordinaria importancia
para el desarrollo del movimiento obrero caucásico. A diferencia de otros
órganos del Partido, no se trataba sólo de un complemento local del Iskra
con noticias de interés sectorial, sino un verdadero órgano central, en el que
Dzhugashvili abordaba trascendentes cuestiones ideológicas y políticas de
actualidad. Sin lugar a dudas fue con el Iskra leninista el mejor
periódico socialdemócrata y, a pesar de que sólo aparecieron cuatro ejemplares,
Lenin saludó efusivamente la iniciativa de sus camaradas georgianos, en cuya
lucha contra el liquidacionismo coincidían totalmente.
En noviembre de
1901 es elegido miembro del Comité de Tiflis del Partido socialdemócrata, que
le envía a Batum para desarrollar la organización entre los obreros de allá. En
Batum instala en enero de 1902 una imprenta clandestina y redacta numerosas
octavillas, artículos y comunicados de agitación que permiten organizar las
primeras huelgas en aquella localidad. En una de ellas, durante una
manifestación de 6.000 obreros celebrada el 9 de marzo, la policía dispara y
asesina a 15 de ellos, hiere a 54 y detiene a cerca de 500.
Por medio de la
dura experiencia de las manifestaciones los obreros van comprendiendo la
necesidad de pasar de la lucha sindical a la lucha política contra la barbarie
zarista, de la lucha contra el patrono a la lucha contra la burguesía como
clase y contra su Estado.
Al mes siguiente
(marzo de 1903) promueve en Tiflis una Conferencia para agrupar y coordinar a
las diversas organizaciones socialdemócratas del Cáucaso que venían funcionando
de manera aislada. Los diversos Comités se fusionan y adoptan el nombre de
Unión Caucasiana del POSDR, adoptan el programa propuesta por Lenin en Iskra y
crean un centro dirigente para el que eligen, entre otros, a Dzhugashvili, a
pesar de que entonces se encontraba preso en Batum.
En efecto, había
sido detenido durante una reunión del Comité del Partido de Batum que tenía
como objetivo preparar dicha Conferencia caucásica. Le encarcelan y luego le
deportan a Siberia, donde en diciembre de ese mismo año recibe una carta de
Lenin.
La represión contra
los bolcheviques no paraliza al movimiento obrero. Estando en prisión, en abril
de 1903, apareció Proletariatis Brdzola (Lucha Proletaria),
portavoz de la Unión Caucasiana, una revista clandestina que fusiona el Brdzola
georgiano con el Proletariat armenio, y que se difundía en tres lenguas
con tres cabeceras diferentes: Proletariatis Brdzola en georgiano, Proletariati
Kriv en armenio y Borba Proletariata en ruso.
En julio el POSDR
convoca una huelga general en Bakú que se extiende inicialmente a Tiflis y
luego se propaga como un alud por todo el sur de Rusia: Odessa, Kiev,
Ekaterinoslav...
En enero de 1904 se
fuga y tras un largo recorrido que dura un mes vuelve a ponerse al frente de la
organización en Tiflis y de la redacción de Proletariatis Brdzola. Al
regresar se había consumado la escisión dentro del Partido entre los
bolcheviques y los mencheviques y él no duda en ponerse del lado leninista. Se
traslada en junio a Bakú, disuelve la organización del Partido y la reorganiza
de nuevo con la facción bolchevique al frente. Aunque se mueve ya por todo el
Cáucaso, es en Bakú donde Dzhugashvili fija su residencia para luchar contra
los mencheviques, consiguiendo convertir en una fortaleza bolchevique a esta
ciudad de obreros de los yacimientos petrolíferos.
Pero la batalla
contra el reformismo en el Cáucaso, que venía de atrás, no solamente no acabó
ahí, sino que se prolongaría durante años. En abril de 1905 publica Vistazo
rápido a las divergencias en el Partido, un ataque a la línea de flotación
de los mencheviques que se tradujo al ruso y al armenio. La escisión multiplica
su trabajo político: a la batalla contra el zarismo se une otra batalla, esta
vez interna, con los mencheviques, por lo que Stalin se ve obligado a poner en
tensión todas sus energías: en noviembre de 1904 agrupa a los bolcheviques
caucasianos en una Conferencia de todas las organizaciones regionales; en
diciembre organiza la huelga general de los obreros petrolíferos de Bakú; en
septiembre redacta su primer artículo sobre un tema que, como integrante de la
organización caucásica, le preocupará siempre de manera especial: la cuestión
nacional.
En los confines de
su imperio, el zarismo había ideado como método de dominación, el estímulo del
odio y las matanzas entre las múltiples nacionalidades: armenios, judíos,
georgianos, azeríes, tártaros, etc. Frente a esta situación, en todos sus
escritos José Dzhugashvili defendió siempre de manera intransigente el
internacionalismo proletario, la unidad de la clase obrera por encima de todo,
así como el más escrupuloso respeto por la igualdad de todos los pueblos
oprimidos y la reconquista de sus plenos derechos nacionales, incluido el
derecho a la autodeterminación. Por ejemplo, cuando el 13 de febrero de 1905 se
produjo un sangriento incidente entre tártaros y armenios provocado por la
policía de Bakú, redactó un llamamiento: "¡Viva la fraternidad
universal!"
El 13 de diciembre
Dzhugashvili prepara otra huelga general en Bakú con la consigna de la jornada
de ocho horas y aumentos salariales, entre otras. Fue un éxito total ya que
obligó a la patronal, por primera vez en la historia de Rusia, a firmar un
convenio laboral con los obreros.
La revolución de 1905
Las
provocaciones criminales y los incidentes raciales y religiosos se promovían en
medio de la tempestad revolucionaria de 1905 y con el vano propósito de frenar
el ascenso del movimiento obrero que se desató a lo largo de todo aquel año.
Con la derrota de la autocracia en la guerra con Japón la situación en Rusia se
agravó: los atentados, las huelgas, los motines militares se producen por
centenares. El ejército, reprime despiadadamente las insurrecciones, hace
pedazos el levantamiento de Moscú y encarcela al Soviet de Petersburgo.
Esta primera
revolución produjo millares de combatientes, héroes y dirigentes del
proletariado. Gracias a la actividad de Dzhugashvili, en el Cáucaso la tormenta
tuvo tal violencia que arrasó con todo durante algunos momentos y la revolución
gobernó en casi toda la región. Pero todo ese entusiasmo había que encuadrarlo,
organizarlo, conferirle un programa y una dirección y Dzhugashvili demostró
entonces sus extraordinarias cualidades de militante revolucionario, de
organizador profesional. Supo combinar la agitación bolchevique con las
necesidades organizativas de la vanguardia obrera, participando en noviembre en
la IV Conferencia de la Unión Caucasiana y en diciembre en la Conferencia
bolchevique de Tammerfors (Finlandia) donde conoció a Lenin y, aunque tenía una
enorme estimación por sus tesis y había secundado siempre sus posiciones
políticas e ideológicas, se produjo una tensa discusión entre ambos.
Lenin presidía la
sesión y, visto el reflujo revolucionario, propuso participar en las elecciones
parlamentarias a la Duma. Stalin con su fuerte acento sureño levantó la voz
para oponerse y propuso continuar con la táctica de boicot. La mayoría de los
pocos delegados asistentes se manifestó a favor de la propuesta de Dzhugashvili
y alguien llegó a calificar de "crimen" la participación en
las elecciones. Lenin reconoció que se sentía cómplice de ese "crimen"
pero que dada su prolongada lejanía del interior de Rusia, no podía conocer el
estado de ánimo de las masas, por lo que dejaba al criterio de los militantes
del interior decidir al respecto. Por ello se aprobó la propuesta de Stalin,
aunque resolvieron aprovechar las reuniones electorales para propagar la
insurrección armada.
Al finalizar la
sesión, Lenin se acercó al georgiano para saludarle y estrecharle la mano.
Desde entonces José Dzhugashvili fue conocido como José Stalin.
Tras fugarse del
destierro, se había casado el 5 de enero de 1904 con Ekaterina Svanidze y,
aunque al año siguiente nace su hijo Jacob, la alegría dura muy poco porque dos
años después, en 1907, muere su mujer.
De nuevo en el
interior y siempre en la más rigurosa clandestinidad, Stalin asume sus
responsabilidades políticas al frente de la organización caucásica y redacta un
folleto titulado Dos batallas que constituye uno de los mejores, más
claros y más sintéticos análisis de la revolución de 1905.
Dos meses después
es elegido para representar a la organización caucásica en el IV Congreso del
POSDR que se celebró en abril en Helsinki y, tras su celebración, regresa a
Tiflis, donde aprovecha las conquistas obtenidas en la revolución para
organizar los primeros sindicatos obreros.
Tampoco cesa en su
trabajo teórico, publicando su folleto Anarquismo o socialismo, un
estudio teórico completo de las diferencias ideológicas y políticas entre ambas
corrientes del movimiento obrero. Bastantes años después, en 1946, Stalin se
autocriticó estos primeros escritos, en dos aspectos básicos:
a) la cuestión
agraria, reconociendo que, frente a las de Lenin, sus tesis y las de la mayoría
de los bolcheviques no respondían a la realidad. Esta cuestión se planteó en el
IV Congreso del POSDR celebrado en Estocolmo en 1906, cuando Stalin se enfrentó
a Lenin en la cuestión campesina. Lenin era partidario de la nacionalización de
la tierra y Stalin de su reparto entre los campesinos
b) que en los
países atrasados no era necesaria la existencia de una mayoría obrera entre la
población para que triunfe la revolución.
Naturalmente que
salvando esas dos excepciones que él mismo destacó, los primeros escritos de
Stalin muestran una sorprente lucidez y sencillez, aún al abordar las
cuestiones filosóficas más complejas del materialismo dialéctico.
En abril de 1907
sale de nuevo de Rusia para participar en el V Congreso de Londres del POSDR.
Rosa Luxemburgo también participó en este Congreso en representación de Polonia
y Alemania, apoyando las tesis leninistas, excepto en un punto: no estaba de
acuerdo con las expropiaciones y asaltos a mano armada que practicaban los
destacamentos armados bolcheviques, cuestión en la que los leninistas quedaron
en minoría. Este tema era muy importante, como expuso Lenin, porque formaba
parte de la preparación de la insurrección armada.
De regreso al
interior, Stalin se encuentra con que el 3 de junio el gobierno zarista había
disuelto la II Duma con la excusa de que los diputados socialdemócratas habían
fomentado un complot a mano armada. La mayor parte de los diputados fueron
condenados a la deportación y a trabajos forzados. Stalin tiene entonces que combinar
el trabajo legal con la clandestinidad, organizando la denuncia de la campaña
de intoxicación y creando los primeros núcleos armados de autodefensa que
debían hacer frente a las Centurias Negras desatadas por el zarismo. En
septiembre los mercenarios a sueldo de la patronal asesinan a Jaular
Safaraliev, dirigente bolchevique en Azerbaian, convocando el POSDR una huelga
general de respuesta en cuya manifestación participan 20.000 obreros. Ante la
tumba del dirigente proletario, Stalin pronunció un emocionado discurso
llamando a continuar la lucha hasta el final por duro que fuera el camino.
Al mismo tiempo
dirige la campaña electoral del Partido a la III Duma y redacta el programa
electoral, que era un auténtico "mandato" de los obreros
dirigido a los futuros diputados.
Además el 14 de
febrero de 1908 organiza la huelga de los obreros de los pozos petrolíferos de
Bakú en la que participaron 1.500 trabajadores.
Por eso es
nuevamente detenido el 25 de marzo de 1908, encarcelado en Bakú y finalmente deportado,
contrayendo una grave enfermedad durante su traslado a Solvytchegodsk, de donde
se fuga el 24 de junio de 1909.
A su regreso, tiene
que reorganizar otra vez la Unión y la imprenta clandestina en Bakú, al tiempo
que redacta uno de sus escritos más importantes, las Cartas desde el Cáucaso,
dos informes dirigidos a la dirección del Partido en el exterior en los que
analiza la situación de la organización socialdemócrata en la región. Ambos
documentos se tenían que publicar en el Sotsial-demokrat, el órgano
central del POSDR, pero el segundo de ellos fue saboteado por los mencheviques
que lo dirigían y tuvo que ser publicado bastante después en otro medio.
Era su despedida
del Cáucaso. Petersburgo, el epicentro de la revolución rusa, esperaba al infatigable
georgiano.
Plenos poderes del Comité Central
En
enero de 1910 Stalin es nombrado delegado del Comité Central y, a pesar de que
no había cumplido aún los 30 años, le concede plenos poderes. Desde entonces
abandona el marco regional del Cáucaso y asume la dirección práctica de toda la
organización en el interior de Rusia, en las condiciones más rigurosas de
clandestinidad, preparando el traslado al interior de las tareas organizativas
del POSDR. Pero no puede cumplimentar esta misión porque en marzo es otra vez
detenido y enviado a prisión.
A pesar de su
ausencia, la Conferencia del Partido que se celebra en París en junio de 1911
le elige miembro suplente de la Comisión de Organización del Comité Central.
Ese mismo mes se
le sustituye la condena de deportación por la del extrañamiento, impidiéndosele
residir en el Cáucaso. Se instala en Vologda pero se presenta en Petersburgo
con documentación falsa, donde es otra vez detenido y confinado.
En la Conferencia
de Praga del Partido, celebrada en enero de 1912, se consagra definitivamente
la ruptura con los mencheviques y el nacimiento de un partido leninista de
nuevo tipo. Allí Stalin es elegido miembro de pleno derecho del Comité Central
y máximo responsable del trabajo político en el interior. Para asumir esta
tarea se fuga de Vologda en febrero de aquel año y, una vez reintegrado en la
organización, dirige al publicación de la revista bolchevique Zvezda (La
Estrella), para la que redacta varios artículos, al tiempo que dirige el
trabajo parlamentario de los diputados bolcheviques de la III Duma y prepara en
abril la edición de Pravda, que no puede culminar porque le detienen.
Deportado a
Naryan, consigue huir en septiembre y reintegrarse a la clandestinidad en
Petersburgo para preparar las elecciones a la IV Duma y encabezar los trabajos
del Comité Central en el interior de Rusia. Viaja a Moscú para entrevistarse
clandestinamente con Malinovski y los otros cinco diputados bolcheviques, y
luego a Cracovia para intercambiar impresiones con Lenin y participar en
diciembre en una reunión del Comité Central ampliada con los diputados
bolcheviques y otros destacados militantes del interior, once en total.
Dos cuestiones
acaparan la atención del Comité Central durante cinco días. En primer lugar la
abierta separación del grupo parlamentario socialdemócrata, entre los
mencheviques, siete en total, presididos por Cheidze, y los bolcheviques, con
seis diputados, presididos por Malinovski. En segundo lugar, el Pravda
cuyo contenido no acababa de satisfacer a Lenin. Se encarga de su
reorganización Sverdlov, mientras Lenin personalmente encomienda a Stalin la
redacción de uno de sus libros más difundidos, El marxismo y la cuestión
nacional, enviándole a Viena para que reúna la documentación existente al
respecto. Tras leer el trabajo de Stalin, en febrero del siguiente año Lenin
escribe en una carta dirigida a Gorki: "Tenemos aquí
un maravilloso georgiano que después de haber reunido todos los materiales
austriacos y otros, se ha puesto a elaborar un gran artículo para
Prosvetchenie". Frente a quienes querían reducir el estudio a un mero
material de discusión, Lenin defendió que se trataba del "fundamento"
del programa del POSDR en el tema nacional: "El artículo es muy
bueno", recalcó Lenin.
De Viena viaja a
París, donde imprime las conclusiones de la reunión del Comité Central y,
finalizado su trabajo, regresa clandestinamente en febrero a Petersburgo para
reorganizar con Sverdlov la publicación de Pravda conforme a los debates
mantenidos en el Comité Central.
Tampoco esta vez
la policía zarista concede facilidades: detiene a Stalin gracias a una de las
peores infiltraciones que padecieron los bolcheviques, la del presidente de su
grupo parlamentario Malinovski. Con Stalin cae detenido también Sverdlov. Años
después Malinovski fue desenmascarado como confidente y los bolcheviques fueron
objeto de una dura campaña difamatoria, tanto por parte de la prensa como de
los mencheviques, pretendiendo así ocultar que la policía sólo se infiltra en
las organizaciones revolucionarias para desmantelarlas, mientras apoya y
sostiene a los reformistas y colaboracionistas.
Es desterrado a
Krasnoiarsk, de ahí a la región de Turujansk y finalmente a Kurcika, dentro del
círculo polar ártico, de donde ya no podrá fugarse. Cuatro largos años
permanecerá deportado, aunque en diciembre de 1916 lo trasladan de nuevo a
Krasnoiarsk, de donde saldrá gracias a la revolución de febrero de 1917
Al frente de la revolución proletaria
De
regreso a Petrogrado (antigua Petersburgo) el 12 de marzo de 1917, el Comité
Central le nombra delegado bolchevique en el Comité Ejecutivo del Soviet y,
además, le encomienda la dirección de Pravda junto con Kamenev.
Pero sus
posiciones políticas, tras varios años de destierro, no responden a las
necesidades de la revolución en aquel momento. Stalin, como el resto de la
dirección bolchevique en el interior, continúa hablando de "república
democrática" y de "presionar" al gobierno provisional
para exigirle la apertura inmediata de negociaciones de paz. Stalin estaba
anclado en el pasado, mientras las posiciones leninistas habían dado un salto
adelante gigantesco, lo mismo que toda la situación, interna e internacional.
En abril Lenin
llega a Petrogrado, regresa a Rusia después de muchos años de exilio. En la
misma estación sus camaradas le saludan con discursos protocolarios de
bienvenida. El zarismo había sido reemplazado por la república, la autocracia
por la democracia: los bolcheviques podían actuar libremente entre los obreros
y eso les llenaba de satisfacción porque hasta los mencheviques y los eseristas
(socialistas revolucionarios), es decir la izquierda, alcanzaron cargos en el
nuevo gobierno. Pero Lenin no estaba nada contento con la postura adoptada por
la dirección del Partido ni por el Prava entre febrero y abril. A pesar
de lo avanzado de la noche y del cansancio, reunió inmediatamente a la
dirección del Partido en un hotel. Su alocución no fue nada complaciente y duró
dos horas, en las que criticó duramente a sus camaradas.
Lenin sostenía que
la revolución de febrero había creado una "dualidad de poder",
por un lado los soviets obreros y, por el otro, el gobierno burgués, con el que
no cabían ninguna clase de contemplaciones: había que llamar a su derrocamiento,
había que reclamar "todo el poder para los soviets" y, en
suma, había que dar un giro estratégico a la línea del Partido, poniendo en
primer plano la lucha por la revolución socialista.
No contento con
ese jarro de agua fría, Lenin dijo que por su colaboración con la burguesía
durante la guerra imperialista, el socialismo estaba podrido en todos los
países: había que crear partidos comunistas enteramente nuevos.
Lenin redacta sus Tesis
de abril en las que condensa esas nuevas posiciones, pero el choque es tan
fuerte que Kamenev no sólo no las publica en Pravda sino que las critica
y continúa defendiendo la naturaleza puramente democrática de la revolución
proletaria.
Stalin rectificó y
asumió la nueva línea leninista, pero fue el único porque en el Comité Central
seguían prevaleciendo las viejas posiciones. El VII Congreso, el primero en la
legalidad, debía servir para poner a la vanguardia al cabo de los
acontecimientos, con la oposición de Kamenev. Stalin redacta un informe sobre
la situación política y otro sobre la cuestión nacional, con el que se
clausuran las sesiones.
En mayo Trotski
llega a Petrogrado desde Nueva York e inicia conversaciones con los
bolcheviques para incorporarse al Partido, lo que, a pesar de la oposición de
muchos viejos cuadros bolcheviques, como Kalinin, se materializará en el mes de
agosto.
En junio Stalin
asiste al I Congreso de los Soviets, resultando elegido miembro del Comité
Ejecutivo Central y de su Buró Permanente en representación de la minoría
bolchevique. También interviene en la Conferencia de las organizaciones
militares del Partido.
En julio el Comité
Central le encomienda organizar la huida de Lenin y queda al frente de su
funcionamiento, organizando el VI Congreso, en el que lee el informe de la
dirección y pronuncia el discurso de clausura. En ausencia de Lenin se elige
una nueva dirección que, al incorporar al pequeño núcleo trotskista, se amplia
considerablemente a 21 miembros, más otros 10 suplentes. Su composición no
podía satisfacer a Lenin, quien únicamente podría contar como incondicionales a
Sverdolov, Stalin, Smilga, Bubnov, el letón Berzin y el polaco Dzerzhinski,
mientras los tres delegados de la organización de Moscú (Noguin, Bujarin y
Rykov) habían dado muestras siempre de vacilación, por no decir de Trotski y
los suyos: Ioffe, Uritski y Sokolnikov. Se trata más de un órgano deliberante
que del estado mayor de la revolución que Lenin exigía.
El problema se
puso de manifiesto durante la reunión del Comité Central celebrada el 15 de
septiembre, cuando Kamenev propuso quemar dos cartas enviadas desde el
extranjero por Lenin para preparar la insurrección. Stalin, por el contrario,
reclama que ambas cartas se comuniquen y se discutan en las organizaciones del
Partido, pero su propuesta es rechazada.
El 8 de octubre se
entrevista clandestinamente con Lenin para perfilar los detalles de la
insurrección. Dos días el Comité Central aprueba la consigna insurreccional y,
para prepararla, se crea un "centro" dirigido por Lenin y
Stalin.
Para preparar la
insurrección Stalin también organiza un comité militar revolucionario y
transmite la consigna insurreccional a los responsables bolcheviques del
trabajo sindical.
Los preparativos
insurreccionales de Lenin fueron aprobados en la reunión del Comité Central de
10 de octubre, a la que asistieron Lenin, Sverdlov, Stalin, Zinoviev, Kamenev,
Trotski, Uritski, Dzershinski, Kolontai, Bubnov, Sokolnikov y Lomov. Se eligió
un centro político para dirigir la insurrección (al que se llamó Buró Político)
formado por Lenin, Stalin, Zinoviev, Kamenev, Bubnov y Sokolnikov.
Pero poco después,
en una nueva reunión del Comité Central Zinoviev y Kamenev se oponen a la
insurrección y la traicionan al darla a conocer públicamente en la prensa.
Lenin exigió la inmediata expulsión de ambos del Partido y, ante el
incumplimiento de sus exigencias, llegó a enviar una carta de dimisión de la
dirección del Partido.
La siguiente
reunión del Comité Central se celebró 6 días más tarde y fue ampliada a 25
personas. Se elige un centro práctico para llevar a cabo la insurrección,
formado por Sverdlov, Stalin, Dzerzhinski, Bubnov y Uritski.
Stalin,
protagonista directo de aquellos hechos y más ecuánime juzgando a Trotski de lo
que la propaganda imperialista nos ha presentado, narraba así el papel de
Trotski en aquellas jornadas: "Estoy lejos de negar el papel
indudablemente importante desempeñado por Trotski en la insurrección. Pero debo
decir que Trotski no desempeñó, ni podía desempeñar, ningún papel particular en
la insurrección de octubre, y que, siendo presidente del Soviet de Petrogrado
se limitaba a cumplir la voluntad de las correspondientes instancias del
Partido, que dirigían cada uno de sus pasos". Más adelante añade: "Trotski
peleó bien en el periodo de octubre. Pero en el periodo de octubre no sólo
Trotski peleó bien; ni siguiera pelearon mal gentes como los eseristas de
izquierda, que entonces marchaban hombro con hombro con los bolcheviques. Debo
decir, en general, que en el periodo de la insurrección triunfante, cuando el
enemigo está aislado y la insurrección se extiende, no es difícil pelear bien.
En esos momentos hasta los elementos atrasados se hacen héroes. Pero la lucha
del proletariado no es una ofensiva continua, una cadena de éxitos constantes.
La lucha del proletariado tiene que pasar también por sus pruebas y sufrir sus
derrotas. Y verdadero revolucionario no es quien da muestras de valor en el
periodo de la insurrección triunfante, sino quien, peleando bien cuando la
revolución despliega una ofensiva victoriosa, sabe asimismo dar muestras de
valor en el periodo de repliegue de la revolución, en el periodo de derrota del
proletariado; quien no pierde la cabeza y no se acobarda ante los reveses de la
revolución, ante los éxitos del enemigo; quien no se deja llevar del pánico ni
cae en la desesperación en el periodo de repliegue de la revolución".
Trotski también
propuso aplazar la insurrección para sincronizarla con el II Congreso de los
Soviets, delatando la fecha de inicio de la revolución. Con ese proyecto, el
Gobierno Provisional podía ganar tiempo para agrupar a todas las fuerzas
contrarrevolucionarias, dejaba el comienzo de la revolución en manos de
mencheviques y eseristas, que en aquellos momentos controlaban los Soviets, y
podían aplazar su Congreso. El mismo día en que se inició la insurrección, el
24 de octubre, Trotski se opuso a ella en la reunión de la minoría bolchevique
del II Congreso de los Soviets, diciendo que "la detención del Gobierno
Provisional no está en el orden del día". Lenin, por el contrario defendía
que "todo está pendiente de un hilo: en el orden del día figuran
cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias ni de congresos,
sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las
masas armadas".
La salida de la guerra imperialista
En
política exterior, el nuevo Estado inició una política revolucionaria, basada
en el internacionalismo proletario, la lucha por la paz y el reconocimiento del
derecho de autodeterminación de todas las naciones y países coloniales. La
presencia del primer Estado socialista en la Historia abre toda una nueva época
de relaciones internacionales, transformando radicalmente el Derecho
Internacional y toda la diplomacia conocida hasta entonces. Los imperialistas
ya no tienen las manos libres y todo un rosario de países consigue salir de la
negra noche colonial gracias a la URSS.
La misma noche de
la revolución, el 25 de octubre, se reunió el II Congreso de los soviets donde
se aprobó, antes que nada, el decreto por el que comprometía a sacar a Rusia de
la guerra imperialista.
Pero las
posiciones dentro del Partido respecto a la guerra no eran homogéneas sino que
coexistían tres líneas divergentes que, además, no era nuevas, sino que venían
de atrás, de las mismas posturas adoptadas en 1914 con respecto a la guerra
imperialista.
a) Una era la
posición encabezada por Lenin, Sverdlov y Stalin de firmar la paz a toda costa,
cualesquiera que fueran las condiciones exigidas por Alemania.
b) La segunda
posición era la de Bujarin y los llamados "comunistas de
izquierda" que, ante la dureza de las condiciones alemanas, proponían
desencadenar la "guerra revolucionaria". Lenin y Stalin
estaban terminantemente en contra de esta postura pues estimaban que la
prosecución de la guerra llevaba inevitablemente a la ruptura de la alianza
obrero-campesina.
c) En cuanto a
Trotski, su posición era intermedia, centrista, "ni guerra ni paz".
Si los alemanes insistían en sus pretensiones, no había que aceptarlas, pero
tampoco había que proclamar la guerra revolucionaría. El gobierno soviético
debía desmovilizar el ejército y no oponer ninguna resistencia ante el avance
enemigo. Ante esta actitud "pacifista" los proletarios de
occidente se sublevarían, y los soldados alemanes reclamarían la paz.
Los bujarinistas y
los trotskistas sostenían que firmar la paz no resolvería absolutamente nada y
que, en caso de hacerlo, la revolución se enfrentaría con toda una serie de
ultimatums por parte de los alemanes, que quebrantarían la paz y pretenderían
imponer concesiones cada vez más duras.
En la reunión del
Comité Central del 23 de febrero Stalin dijo: "Suponer que no tendremos
una tregua y que habrá continuos ultimatums significa pensar que en Occidente
no hay absolutamente ningún movimiento. Nosotros pensamos que el alemán no
puede hacerlo todo. Además, nosotros confiamos en la revolución". Esta
afirmación de Stalin ilustra claramente la verdadera postura suya y de Lenin
sobre la cuestión de la paz.
En los textos
trotskistas la postura de los dirigentes bolcheviques partidarios de la paz, ha
sido interpretada siempre como un primer síntoma de "nacionalismo",
de abandono de las posiciones del internacionalismo proletario y de la
revolución mundial. Trotski y los suyos insisten constantemente en que ellos
tomaban en consideración el "factor internacional". Lenin y
Stalin también tomaban en cuenta este "factor" pero dentro del
marco de la concepción leninista del carácter desigual del desarrollo
imperialista.
La posición de
Trotski era consecuencia de sus clásicos errores:
a) la tradicional
desconfianza hacia el campesinado y anticipaba sus posteriores discrepancias
acerca de la "construcción del socialismo en un sólo país".
Era, por tanto, un error estratégico consustancial a las posiciones políticas e
ideológicas que había manifestado desde siempre. Para Trotski, ante las
dificultades de la revolución rusa, la única y sola reserva estratégica estaba
constituida por el proletariado europeo y no por los campesinos rusos.
b) la revolución
ininterrumpida que provocaría la llegada al poder del proletariado
simultáneamente en todos los países europeos, lo que significaba desconocer la
ley leninista del desarrollo desigual.
c) menosprecio de
las contradicciones interimperialistas en una situación en la que, como había
reconocido Lenin "nuestra existencia depende, en primer lugar, de la
existencia de une radical división en el campo de las potencias
imperialistas". Había que aprovechar al máximo los enfrentamientos
entre los distintos países capitalistas.
Por el contrario,
para los bolcheviques, el reforzamiento y consolidación de la alianza
obrero-campesina constituía la condición necesaria del éxito de la revolución.
Según Lenin y Stalin la revolución en occidente, de la cual había numerosos
síntomas, constituía un importante factor de consolidación de la revolución
soviética. La revolución en occidente era una posibilidad pero no una realidad
en marcha con la que se pudiera especular de forma aventurera a costa de la
revolución ya existente. Lenin criticaba continuamente a sus adversarios, que "jugaban"
con una guerra revolucionaría para la que no había condiciones en base a las
fuerzas interiores de Rusia.
En cumplimiento
del decreto sobre la paz, el gobierno se dirigió el 8 de noviembre a las
potencias imperialistas proponiendo el inicio de negociaciones. Al día
siguiente Lenin llamó por teléfono a Dujonin, jefe del Estado Mayor el Ejército
y le pidió entablar inmediatas negociaciones de paz con los alemanes. Stalin se
encontraba junto a él. Dujonin se negó afirmando que el nuevo gobierno no
gozaba del apoyo popular. La respuesta de Lenin fue inmediata: "En
nombre del Gobierno de la República rusa y por orden del consejo de los
Comisarios del pueblo, le destituyo por desobedecer al Gobierno y porque su
conducta causa perjuicios incalculables a las masas trabajadoras de todos los
países, y sobre todo a los ejércitos". Francia, Inglaterra y Estados
Unidos no respondieron a ninguna de las tres comunicaciones que les enviaron.
Stalin cuenta: "El momento era terrible [...] Recuerdo que,
después de haber permanecido un segundo en silencio frente al aparato, Lenin se
levantó y su cara estaba iluminada por una luz interior. Se veía que había
tomado su decisión".
El ejército ruso
seguía siendo el viejo ejército zarista. Aún no se había realizado en su seno
una profunda depuración de los oficiales y jefes y, sobre todo, los soldados
estaban cansados de luchar. Sin duda la clase obrera hubiera respondido a un
llamamiento del Partido y se hubiera sumado a la guerra revolucionaria. Pero los
campesinos no lo harían. Y en la estrategia leninista, el apoyo de los
campesinos constituía siempre el elemento clave. Lenin insistía en que el
proletariado mantendría el poder a condición de conservar el apoyo del
campesinado, y los campesinos querían ardientemente la paz. Hacer la paz
significaba conservar la alianza obrero-campesina.
Una hora más tarde
Lenin y Stalin se dirigían con un llamamiento "a todos los soldados, a
todos los marineros". En el llamamiento se decía: "Soldados,
la causa de la paz está en vuestras manos. No permitáis a los generales
contrarrevolucionarios comprometer esta gran causa". También se pedía
que "los regimientos que mantienen las posiciones en las trincheras
elijan inmediatamente representantes plenipotenciarios para comenzar
negociaciones oficiales de armisticio con el enemigo". Este
llamamiento permitió a Lenin y Stalin desbaratar la resistencia y las maniobras
contrarrevolucionarias del Alto Estado Mayor y reforzar las posiciones
bolcheviques en la dirección del Ejército.
Alemania,
presionada por el movimiento huelguístico, inició el día 20 las conversaciones
en Brest-Litovsk y se firmó un armisticio inicial mientras se discutías las
condiciones.
Esas condiciones
resultaron humillantes para Rusia, ya que perdía Ucrania, Bielorrusia y los
Estados bálticos y, además, debía pagar fuertes sumas de dinero.
Por eso
unilateralmente Trotski el 28 de enero rompió las negociaciones y en el momento
decisivo (10 de febrero de 1918), anunció la desmovilización del Ejército, lo
que aprovecharon los imperialistas alemanes para desatar una ofensiva en toda
línea y ocupar vastas extensiones de territorio soviético.
Las tesis sobre la
salida de la guerra de Trotski, Kamenev, Zinoviev, Bujarin y otros condujeron,
en palabras de Lenin, a "una paz mucho más humillante, por culpa de
quienes no quisieron aceptar la primera". En la reunión del Comité
Central del 18 de febrero dijo: "La historia dirá que vosotros habéis
cedido la revolución. Podíamos haber firmado una paz que no hubiera amenazado
en absoluto la revolución. No tenemos nada: en la retirada no lograremos ni
siquiera volar lo que dejamos atrás". Y concluía con las siguientes
palabras: "Es preciso proponer la paz a los alemanes". Stalin
apoyó la propuesta de Lenin y añadió que a su juicio eran suficientes cinco
minutos de fuego intensivo para que en el frente no quedara un solo soldado
ruso.
La decisión de
Trotski creó una situación insostenible para el nuevo poder revolucionario, que
tuvo que llamar a la movilización de obreros y campesinos para la defensa del
país y trasladar a la Guardia Roja a los frentes. Aquellos días empezó la
formación de nuevas unidades militares revolucionarias, consagrándose el 23 de
febrero como fecha inaugural del Ejército Rojo. A costa de numerosas víctimas
la ofensiva fue finalmente contenida frente a Petrogrado, así como en Ucrania y
Bielorrusia y el 3 de marzo se firmó la paz de Brest-Litovsk.
En vista de la
experiencia de Brest-Litovsk, en abril el Consejo de Comisarios del Pueblo
(gobierno) nombra esta vez a Stalin como jefe de la delegación encargada de
mantener conversaciones de paz con la Rada ucrania.
Se había logrado
un momento de respiro para reorganizar el nuevo Estado y todo el sistema
económico. Los soviets se apoderaron del Banco Central, se anularon los
empréstitos, se nacionalizó la industria, se aprobó la nueva Constitución y se
trasladó la capital a Moscú.
Pero las demás
potencias imperialistas, ante esa nueva situación, comenzaron a reaccionar de
la manera más agresiva posible: por el norte, en Murmansk, desembarcó la Marina
inglesa, en el Extremo Oriente, en Vladivostok, penetran las tropas japonesas y
luego las norteamericanas, mientras en Asia Central y en el Cáucaso irrumpen
también los mercenarios ingleses, todos ellos en colaboración con la burguesía
autóctona y el viejo ejército zarista, que provocaron toda clase de sabotajes y
levantamientos dentro de la retaguardia soviética. Kolchak reunió 400.000
mercenarios, ocupando vastas regiones de Siberia y los Urales. Desde el sur avanzó
Denikin, que llegó muy cerca de Moscú, mientras por el norte atacaba Iudenich.
Estalló la guerra
civil, que se prolongó hasta noviembre de 1919, y en algunas regiones, como
Siberia, Extremo Oriente, Asia Central y el Cáucaso, se prolongó hasta 1922.
Unos 22 millones de rusos murieron a consecuencia de la criminal intervención
imperialista y de la vieja burguesía reaccionaria. Cuando los imperialistas
hablan con tanta profusión de los "crímenes" soviéticos,
semejan al ladrón que señala a otro para enfilar la ira de la población hacia
terceras personas ajenas al robo. Pero fueron la propia oligarquía rusa y sus
aliados imperialistas los únicos responsables de dejar un país acabó extenuado,
con la producción al 14 por ciento del nivel de preguerra, la producción
industrial a un tercio, y la siderurgia y el transporte ferroviario apenas
llegaban a un quinto del volumen anterior. Se desató un hambre pavorosa y la
propagación de toda clase de enfermedades.
Stalin desempeña
un destacado papel en la guerra civil. Junto a Sverdlov, Stalin asesoró a Lenin
en los planes de defensa y participó en los combates como comandante en varios
frentes. En junio se desplazó a Zaritsin para restablecer el avituallamiento
del Ejército Rojo del sur. Luego aquella ciudad ciudad recibió después por ello
el nombre de Stalingrado. En mayo de 1919 asumió el mando del Ejército Rojo en
Petrogrado para frenar la ofensiva contrarrevolucionaria de Iudenitch. En junio
dirigió también el consejo militar revolucionario del frente oeste y en septiembre
le nombraron presidente del consejo militar revolucionario del frente sur,
donde derrota al ejército reaccionario de Krasnov.
Por contra, el
paso de Trotski por el Ejército Rojo fue más bien efímero y plagado de errores:
cuando en el verano del 1919 las tropas del Ejército Rojo avanzaban sobre Ufá
para enfrentarse a Kolchak, Trotski propuso al Comité Central detener la
ofensiva en el río Bielaia, dejando los Urales en manos de Kolchak para llevar
las tropas al frente sur. Esto lo desestimó el Comité Central, ordenando
expulsar a Kolchak hacia Siberia. Ante esto, Trotski y Vicetis (partidario suyo
y comandante en jefe del frente este) dimiten, no siendo aceptada la de
Trotski, aunque ya no volvió a participar efectivamente en la dirección del
Ejército Rojo.
Por ello, el VIII
Congreso del Partido criticó a Trotski por su actuación al margen de las
directrices de las células del Partido en el Ejército, y fue Stalin quien
pronunció el discurso sobre la cuestión militar.
El mito de Trotski
como organizador el Ejército Rojo que ha propagado el imperialismo carece de
todo fundamento histórico.
Ministro de las Nacionalidades
Al
estallar la Revolución de Octubre Stalin formó parte desde el principio del
gobierno revolucionario como comisario (ministro) de las nacionalidades.
En ejercicio de su
cargo participa en diciembre en el Congreso del Partido Socialdemócrata
finlandés y proclama la independencia de aquel país con Rusia.
Ostentará este
ministerio hasta 1922, en cuyo ejercicio escribió la Declaración de los
derechos de los pueblos de Rusia, texto que preludiaba la organización del
Estado soviético.
Esta Declaración
supone un giro en las concepciones de los bolcheviques sobre la cuestión
nacional, al adoptar el federalismo como forma de organización del nuevo
Estado. Stalin, que en marzo de 1917 había escrito un artículo titulado Contra
el federalismo, explicó siete años después las razones de este giro:
a) tras la
revolución las nacionalidades se encontraban completamente aisladas, por lo que
la Federación era un paso adelante en su reagrupamiento
b) en la práctica
el federalismo no era, como habían supuesto los bolcheviques, un obstáculo a la
aproximación económica de las masas trabajadoras de las diferentes
nacionalidades
c) el movimiento
nacional tenía una importancia mucho mayor de lo que los bolcheviques y, por
tanto, la unión entre las diferentes nacionalidades era un proceso más complejo
del que cabía esperar ante de la revolución.
En el III Congreso
Panruso de los soviets celebrado en enero de 1918, redacta un informe sobre la
Federación de Repúblicas soviéticas y un informe y un discurso de clausura
sobre la cuestión nacional.
En el VII Congreso
celebrado en marzo es nuevamente elegido miembro del Comité Central y de la
Comisión encargada de redactar el Programa del Partido.
En enero de 1919
se casó con Nadia Alliluieva, hija de un viejo compañero de lucha en el
Cáucaso.
Dos meses después
participó en la fundación de la III Internacional.
El debate sobre la cuestión sindical
Ante
el giro económico preconizado por Lenin, conocido como "Nueva Política
Económica", se produjo en el seno del Partido un nuevo debate, en el
que se pusieron de manifiesto las erróneas concepciones de Trotski acerca del
papel de los sindicatos en la sociedad socialista. La importancia de este
debate radica en que deja al descubierto, por un lado, la falacia de Trotski
como crítico de la "burocracia" soviética y, por el otro, en
que las concepciones de Trotski sobre el campesinado seguían siendo ajenas a
las de los bolcheviques. Lenin decía que en esta discusión se decidía en el
fondo la cuestión "sobre la actitud del campesinado, que se alzaba
contra el comunismo de guerra, sobre la actitud ante la masa de obreros sin
partido; en general, sobre el modo en que el partido debía abordar a las masas
en el periodo en el que la guerra civil estaba terminando".
Sobre este tema,
Trotski era partidario de los métodos dictatoriales de dirección, de la mano
dura y de "apretar los tornillos" a los obreros como él mismo
decía. Por el contrario, Lenin concebía los sindicatos como organizaciones
sociales sin partido, sin las cuales es imposible incorporar a las amplias
masas populares a la dirección del Estado y la edificación del socialismo. El
que luego se presentaría como denunciador del burocratismo soviético y de la
degeneración del primer Estado obrero del mundo fue el primer promocionador de
la idea de "apretar los tornillos" a los obreros y de imponer
una burocracia sindical que los sometiese.
Respecto a esta
cuestión Stalin escribió en 1921: "Cuando uno lee el folleto de Trotski
'El papel y las tareas de los sindicatos' se podría creer que en el
fondo Trotski también está por el método democrático. Es porque ciertos
camaradas estiman que nuestras divergencias no versan sobre la cuestión de los
métodos de trabajo de los sindicatos. Pero esta opinión es absolutamente falsa.
Porque el democratismo de Trotski es un democratismo impostado, bastardo, sin
principios y, como tal, no es más que un complemento del método burocrático-militar,
que no conviene a los sindicatos".
Y la posición de
Stalin sobre la organización de los sindicatos era la siguiente: "El
democratismo consciente, el método de democracia proletaria en el interior de
los sindicatos es el único método que conviene a los sindicatos industriales.
Pero el democratismo impuesto no tiene nada en común con ese democratismo"
(Nuestras divergencias, 1921).
Mientras Trotski
era partidario de imponer una burocracia militarizada sobre los sindicatos,
Lenin y Stalin eran partidarios de que se organizaran de manera democrática.
Reconocido entre
las filas comunistas, en 1922 fue nombrado Secretario General del Partido
bolchevique desde donde despliega un metódico trabajo de organización y
dedicación a las tareas administrativas del mismo en una etapa muy difícil por
la incorporación masiva de miles de nuevos militantes revolucionarios sin
experiencia política.
Fue Comisario del
Pueblo para el Control del Estado entre los años 1919 y 1923, encargado de
reestructurar la administración pública y el funcionamiento de los nuevos
servicios públicos.
En mayo de 1922
Lenin sufrió la primera hemorragia cerebral. Mientras estaba incapacitado,
Zinoviev, Kamenev y Stalin se hicieron cargo del Partido y el gobierno.
La construcción del socialismo
Tras
la muerte de Lenin en 1924, Stalin junto con Zinoviev y Kamenev fue elegido
para la máxima responsabilidad en la dirección del Partido y en el gobierno del
país.
Los imperialistas
han pretendido la existencia de un supuesto "testamento" de
Lenin en el que se oponía a que Stalin asumiera un cúmulo tan importante de
funciones en el Partido y en el nuevo Estado. Los comunistas no hacemos "testamento",
y Lenin tampoco. Se trata de una mixtificación más inventada por el trotskista
estadounidense Max Eastman, que vendió el apócrifo al New York Times a
cambio de unas buena cantidad de dólares. Hasta tal punto que el mismo Trotski
jamás reconoció la existencia de ningún "testamento" de Lenin
e incluso desmintió públicamente a Eastman, al igual que Krupskaia, la mujer de
Lenin. Pero los imperialistas y los trotskistas han continuado manteniendo esa
falsificación histórica, como tantas otras.
En su artículo Sobre
la reorganización de la inspección obrera y campesina, publicado en enero
de 1923, Lenin preconiza la fusión de ese organismo con la Comisión de control
del partido y declara que Stalin "puede y debe ser mantenido en su
cargo" y que los elementos de la comisión de control que serán
introducidos en el seno de la inspección, le deben acatamiento. Esto significaba
que las atribuciones de Stalin se iban a ampliar.
No tardaron en
abrirse tres posiciones en la dirección del Partido y en la reunión del Comité
Central celebrada a finales de 1924, cuando Zinoviev y otros exigían la
inmediata expulsión de Trotski, Stalin, en nombre de la mayoría del Comité
Central se opuso, y dijo lo siguiente en apoyo de la mayoría:
"Nosotros, la mayoría del Comité Central no
estamos de acuerdo [...] A continuación, el pueblo de Leningrado y el camarada
Kamenev exigen que el camarada Trotski sea inmediatamente excluido del Buró
Político, pero nosotros no estamos de acuerdo con los camaradas Zinoviev y
Kamenev porque nos damos cuenta de que la política según la cual hay que cortar
cabezas implica lo más graves riesgos para el Partido [...] Es un método
sanguinario -es sangre lo que reclaman- peligroso y contagioso; hoy se hace
caer una cabeza, mañana otra, después una tercera. ¿Quién quedará en el
Partido?"
A
la cabeza del Partido bolchevique, Stalin dirige las batallas ideológicas
contra los oportunistas, primero en los años veinte contra los izquierdistas,
que se enfrentaron abiertamente con la inmensa mayoría del Partido, y luego
contra los primeros balbuceos revisionistas, en los años treinta. Todas estas
posiciones surgieron acobardadas y desmoralizadas por el feroz cerco
imperialista y, en última instancia, negaban la posibilidad de construir el
socialismo en un país tan atrasado como la Unión Soviética.
Al mismo tiempo,
define el papel desempeñado por el Lenin dentro del comunismo científico, como
continuador de la obra de Marx y Engels, desarrollándola para la nueva etapa
imperialista que se iniciaba entonces.
Al frente del
Estado socialista, ante el descenso de la productividad agraria a finales de la
década de los 20, Stalin reaccionó con el abandono de la NEP (Nueva Política
Económica) y el inicio en 1929 de un programa de colectivización acelerada,
dirigida contra los kulaks (campesinos ricos).
En respuesta,
muchos hacendados quemaron sus cosechas para evitar la incautación del Estado,
pero la política socialista del gobierno acabó imponiéndose en medio de una
áspera lucha de clases en la que participaron millones de campesinos
hambrientos.
El proceso de
industrialización desarrollado durante la década de 1930 fue un éxito
extraordinario elevando a la URSS al nivel de otras potencias industriales. La
industrialización sacó a Rusia de un atraso económico de varias décadas con
respecto a las grandes potencias occidentales, y de paso demostró la validez de
las teorías comunistas, supuso la construcción en la década de los treinta de
un gran número de grandes fábricas, altos hornos, embalses y refinerías de
petróleo. El objetivo era incrementar año tras año la producción, no sólo
cumpliendo sino aun superando los Planes Quinquenales fijados desde el
gobierno. El paro desapareció y los obreros espontáneamente comenzaron a
trabajar los sábados gratuitamente para ampliar el bienestar de toda la
sociedad.
No obstante, la
burguesía no cesaba en su empeño de volver hacia el pasado y ponía en juego
todas sus armas. En 1934 el dirigente bolchevique Kirov era asesinado,
destapándose una tupida red de oportunistas y especuladores con estrechos
vínculos con los imperialistas extranjeros. Miles de ellos, incluso infiltrados
dentro del Partido y en puestos dirigentes del nuevo Estado, fueron detenidos y
enviados a los campos de trabajo.
La Unión Soviética
experimentó un espectacular florecimiento económico que contrastaba con la
crisis y la decadencia de todo el sistema capitalista. El auge económico
soviético es tanto mayor cuanto que los efectos de la Primera Guerra Mundial y
de la guerra civil posterior había causado enormes estragos en el país.
Pero a partir del
primer plan quinquenal se produce el gran salto económico de la Unión Soviética.
Entre 1928 y 1937 la vieja Rusia atrasada, campesina y semifeudal se transforma
en un poderoso Estado socialista industrializado. Se colectivizó la agricultura
y se crearon sectores industriales completos que hasta entonces todavía no se
conocían en el país. En el campo los koljoses suponían ya el de las haciendas
campesinas. Fruto del desarrollo industrial, el campo se benefició entre 1933 y
1937 con más de medio millón de tractores, 123.000 cosechadoras y 142.000
camiones. La producción industrial creció un 120 por ciento entre 1932 y 1937,
y casi se triplicó respecto a 1929. Si recordamos el descenso de la producción
industrial entre 1929 y 1933 en Alemania (un 65 por ciento), Estados Unidos (un
64 por ciento) o Gran Bretaña (un 88 por ciento), tendremos una idea mucho más
exacta de la situación que se estaba creando en el mundo. Por supuesto,
mientras en 1933 Alemania tenía cinco millones de parados, Estados Unidos trece
y Gran Bretaña más de dos millones y medio, este fenómeno era desconocido bajo
el socialismo, que funcionaba a pleno rendimiento de sus energías productivas.
De este modo la Unión Soviética alcanzó la segunda plaza entre las naciones
industrializadas, tras los Estados Unidos en cuanto a volumen de producción
fabril, multiplicando por cinco las cifras alcanzadas antes de la Revolución de
octubre.
Tan espectacular
esfuerzo industrializador permitió fortalecer al Ejército Rojo, proveyéndole
del más moderno material de guerra. En los tres años y medio anteriores a la
guerra, la producción industrial creció a un ritmo del 13 por ciento anual,
mientras la producción de armamento aumentó un 39 por ciento al año. En este
mismo periodo de tiempo, en previsión de la guerra, fueron puestas en pie cerca
de 3.000 fábricas nuevas. Al atacar la Alemania nazi a la Unión Soviética,
Stalin dijo que "la guerra de hoy es una guerra de motores. La ganará
el que tenga una superioridad aplastante en la fabricación de motores".
El tiempo no tardaría en darle la razón, y el fortalecimiento de la
retaguardia, el gigantesco esfuerzo desplegado por la industria militar
soviética constituyó uno de los factores decisivos del triunfo en la guerra
contra el fascismo de 1940-1945.
En 1926 la
industria soviética fabricaba únicamente 500 vehículos motorizados, y el Ejército
Rojo sólo disponía de 38 tanques; en 1931 el número de aviones en
funcionamiento era de 860. Era necesario acabar rápidamente con esta situación,
ante los peligros que acechaban al socialismo por todas partes, y el único modo
de lograrlo era una rápida industrialización socialista. Cuando todas las
potencias imperialistas se estaban rearmando furiosamente y tramaban todo tipo
de agresiones contra la URSS, se hacía cada vez más necesario equipar y
modernizar el Ejército Rojo, introducir una serie de novedades técnicas
teniendo en cuanta las recientes experiencias bélicas. Esta fue una
preocupación constante del poder soviético desde los tiempos de Lenin, quien ya
previno acerca de las intenciones guerreras del imperialismo: "Debemos
estar alerta y aceptar ciertos sacrificios duros en bien del Ejército Rojo [...]
Frente a nosotros tenemos a la burguesía de todo el mundo que solamente busca
la forma de estrangularnos". Lo contrario era invitar al imperialismo
a entrar a saco en la Unión Soviética. Quienes se opusieron entonces a ello, y
quienes todavía hoy lo critican amargamente, no dan a entender sino su interés
en que el Ejército Rojo hiciera frente a la poderosa Wehrmacht con sus
divisiones acorazadas y su artillería con los viejos cañones decimonónicos
tirados por mulas, como se emplearon en la guerra civil. Sin la colectivización
del campo y la industrialización socialistas la Unión Soviética hubiera
sucumbido estrepitosamente ante las divisiones acorazadas y los tanques nazis.
La Unión Soviética tenía que integrar la diplomacia y la política exterior con
el desarrollo industrial y el poder militar. La guerra moderna sería en gran
escala y duraría más que la guerra de 1914-1918. Toda la vida del país se vería
envuelta en ella y era tan importante preparar las comunicaciones y el
transporte, como tener una fuerza aérea, un Ejército y una armada moderna.
Se formó la
Brigada Mecanizada en 1930, con dos batallones de tanques y otros dos
motorizados y equipados con artillería y equipos de reconocimiento. También se
creó en 1932 una Academia de Mecánica y Motorización, dentro de la Escuela de
Guerra, que instruía a los oficiales dentro de las modernas técnicas de
operación bélicas con blindados. Se crearon cuerpos de ejército completamente
mecanizados, se impulsaron las dotaciones de vehículos motorizados, las fuerzas
aéreas, y en 1931 se crearon las primeras unidades de paracaidistas del mundo.
En 1941 había ya 25 cuerpos motorizados; el parque de tanques había subido ya
hasta las 7.000 unidades en 1935, con 100.000 camiones y 150.000 tractores; en
1937 estaban en servicio 3.578 aviones de combate y transporte. Las primeras
divisiones de tanques sólo estuvieron dispuestas un año antes de la invasión
fascista, siendo un logro gigantesco de la ingeniería militar soviética el
carro de combate T-34, uno de los modelos más avanzados de la época, y que no
tardaría en hacer valer sus condiciones en la defensa del socialismo. Se
proyectaba formar para la primavera de 1941 unos 20 cuerpos mecanizados nuevos,
pero no hubo tiempo material para ello y la industria soviética estaba ya
funcionando por encima de sus posibilidades de producción. Lo mismo sucedió con
las previsiones de construcción aeronáuticas, de modo que a comienzos de la
guerra la potencia de fuego del Ejército Rojo era notablemente inferior, en
cantidad y calidad, a la de los invasores fascistas, desventaja que no fue
equilibrada hasta bien entrada la guerra. El presupuesto militar se había
elevado desde los 17.500 millones de rublos en 1931 hasta los 56.900 en 1937.
En este año se
aprobó el IV Plan quinquenal que preveía un reforzamiento aún mayor del
socialismo en la economía, junto con una sustancial elevación del bienestar y
el nivel cultural del pueblo soviético. La producción industrial debía
duplicarse y existían ya proyectos para constituir grandes reservas de
alimentos, materias primas y combustible en previsión de la guerra. El
estallido de la guerra frustró todos estos proyectos, pero a pesar de todo se
obtuvieron éxitos importantes: la producción industrial creció un 45 por
ciento, la de maquinaria un 76 por ciento, la agraria un 41 por ciento, etc. Se
constata, pues, un gigantesco fortalecimiento del socialismo en todos los
terrenos frente a la crisis económica y política del imperialismo, despedazado
por sus contradicciones internas, por los levantamientos de las masas
populares, por el choque de los bloques rivales. Contrastan igualmente los
esfuerzos soviéticos en lograr la paz frente al rearme feroz y el expansionismo
de las potencias imperialistas. Si, como dijeran Marx y Engels, la guerra pone
al descubierto las debilidades de los sistemas sociales caducos, la victoria
soviética y antifascista en la Segunda Guerra Mundial no tardaría en poner de
relieve la vitalidad del socialismo y de las masas populares frente a la
decadencia y el parasitismo de que hicieron gala a lo largo de toda la guerra
la reacción y los monopolistas que la desataron.
El pacto Molotov-Von Ribbentrop
En
los años 30, la agresiva política exterior de las potencias fascistas había
debilitado la posición del imperialismo anglo-francés en vastas regiones como
el Mediterráneo oriental y occidental, el norte de África, los Balcanes y el
Extremo Oriente, así como en puntos estratégicos y vías de comunicación tan
vitales como Suez o Gibraltar. Las fuerzas del Eje se estaban instalando
peligrosamente en algunos puntos clave del mundo para proseguir desde todas
partes su expansión con redobladas energías. El acuerdo de Munich de 1938 entre
las potencias occidentales y la Alemania nazi demostró que ya no eran solo las
colonias sino la misma Europa la que estaba destinada a ser esclavizada y
colonizada por el fascismo. Desapareció la hegemonía anglo-francesa de Europa,
levantada sobre los cimientos del Tratado de Versalles.
Frente a los
países fascistas, la política de las potencias occidentales fue la estimular el
expansionismo del Eje fascista tratando de volcarlo hacia el este, hacia la
Unión Soviética, haciendo todo tipo de concesiones. Trataban de lograr que en
un ataque contra la Unión Soviética Hitler se desgastara lo suficiente como
para luego ellos poder imponerse sobre ambos y dictar sus condiciones.
Pero pesar de toda
la propaganda anticomunista de los nazis, en realidad sus ambiciones no se
enfilaban exclusivamente contra la Unión Soviética, sino contra Europa en
general, incluidas Gran Bretaña y Francia.
La Unión Soviética
se esforzó en prevenir a las potencias occidentales del ataque que se les
vendría encima, proponiendo a sus gobiernos respectivos la necesidad de establecer
acuerdos internacionales de seguridad colectiva con el fin de frenar la
expansión fascista. Pero estos países si bien nunca cerraban el camino de las
conversaciones, no hacían sino tratar de alargarlas lo más posible con objeto
de utilizarlas para presionar a Hitler con la amenaza de un cerco y una
poderosa alianza contra Alemania.
Hasta que Londres
y otras ciudades inglesas no fueron cruelmente bombardeadas por la aviación
alemana los británicos confiaron en llegar a un acuerdo amistoso con Hitler para
repartirse el mundo. Pese a la declaración formal de guerra en septiembre de
1939 las conversaciones entre bastidores proseguían, así como los suministros
de ayuda económica. En los 10 primeros meses de 1938 el comercio de armas entre
Estados Unidos y Alemania alcanzó la suma de 400.000 dólares; el capital
norteamericano invertido en Alemania era en ese mismo año del orden de los
1.000 millones de dólares y el británico de unos 200 millones. Igualmente las
exportaciones de chatarra y mineral de hierro alcanzaron 1’7 millones de
toneladas frente al millón del año anterior. Un mes antes de la declaración de
guerra se celebró una reunión entre Wilson, un asesor personal del Primer
Ministro, y un representante del Partido Laborista, Baxton, quienes propusieron
al representante alemán Wohltat, un plan de colaboración anglo-germana de largo
alcance para abrir nuevos mercados en el mundo y explotar los ya existentes en
beneficio mutuo, entre los que citaron expresamente a la Unión Soviética y a
China.
Mientras las
potencias occidentales persistían tenazmente en el acuerdo general con la
Alemania nazi, obstaculizaban las negociaciones con la Unión Soviética para
garantizar la paz en Europa y poner freno a la expansión de las potencias del
Eje. Las conversaciones con los diplomáticos Soviéticos no tenían otro objeto
que maniatar a la URSS con obligaciones cuyo cumplimiento debiera
automáticamente arrastrarla a una guerra con Alemania. Por ello las
conversaciones con las potencias occidentales llegaron a un callejón sin
salida: trataban de ganar tiempo para concluir el acuerdo con Alemania.
Ante esta
situación, la Unión Soviética aceptó los ofrecimientos de Alemania y en agosto
de 1939 firmó el pacto llamado Molotov-Von Ribbentrop que resultó providencial,
ya que lanzó a los imperialistas a una batalla entre ellos mismos, dejando un
margen de dos años a la URSS para que se preparara frente a la agresión.
Supuso una
tremenda derrota de los planes de las potencias occidentales de enfrentar a
Alemania con la Unión Soviética. Con este pacto Alemania pretendía guardarse
las espaldas en el este mientras atacaba por el oeste. Había llegado a las
mismas fronteras de la Unión Soviética, pero antes de enfrentarse al Ejército
Rojo pretendía ganar y acumular aún más potencial económico y militar con el
sometimiento de las poderosas naciones industrializadas del occidente europeo.
El pacto
Molotov-Von Ribbentrop tuvo profundas repercusiones en el ulterior desarrollo
de la escena internacional. Sirvió para romper el contubernio antisoviético
forjado en Locarno y Munich al enfrentar a unas potencias imperialistas contra
otras, de cuya rivalidad dependía en buena parte la supervivencia del poder
soviético. La agudización extrema de las contradicciones imperialistas terminó
con la política de resolver sus rivalidades a costa de terceros, y en primer
lugar de la propia Unión Soviética. Ahora esas contradicciones se tenían que
resolver a costa de unos u otros imperialistas. La política de tolerancia,
apaciguamiento y no intervención se vio finalmente enfrentada al militarismo
del III Reich que tanto habían contribuido a alimentar. Cuando en el verano de
1941 Alemania violó sus compromisos del Pacto de no agresión, la situación
internacional, comparándola con la de agosto de 1939 había cambiado
radicalmente: Inglaterra ya estaba en guerra con Alemania; Estados Unidos
estaba próximo a incorporarse a la contienda; Japón tenía un exacerbado
conflicto con el imperialismo norteamericano en vísperas del ataque a Estados
Unidos en Pearl Harbour.
En lugar del
aislamiento diplomático en que se encontraba la Unión Soviética en el verano de
1939 ante la amenaza de guerra en dos frentes simultáneamente, en occidente y
en Lejano Oriente, en 1941 se daban todas las condiciones para una alianza
anglo-soviética con la perspectiva de que Estados Unidos se adhiriera a la
misma, es decir, para la formación de una coalición antifascista, como en
realidad se constituyó. Por lo tanto la prórroga obtenida gracias al pacto de
no agresión con Alemania resultó ser suficiente para evitar que la Unión
Soviética fuera arrastrada a una guerra en una situación internacional tan
desfavorable como la que existía en 1939. Dos años después la Wehrmacht no
combatía a un Ejército Rojo aislado sino que debía combatir también contra las
potencias occidentales.
En esos dos años
se produjo un notable fortalecimiento del Ejército Rojo, que le permitió
triplicar sus efectivos y prepararse meticulosamente en las nuevas técnicas
bélicas que los nazis estaban poniendo en práctica en el frente occidental. Se
desarrolló el sistema de defensa antiaérea, y en los primeros once meses de
1940 se pusieron en funcionamiento 100 nuevos buques de guerra, así como 125
nuevas divisiones que se formaron y equiparon entre 1939 y 1941. Igualmente
fueron evacuadas 1.523 empresas industriales instaladas en la frontera
occidental de la URSS y trasladadas hacia el interior en millón y medio de
vagones.
También el retraso
en el ataque contra la Unión Soviética permitió romper el aislamiento
diplomático de ésta y comenzar la guerra en unas circunstancias mucho más
favorables. Junto a la Unión Soviética estaban un poderoso número de potencias
occidentales también enfrentadas a Alemania y era posible establecer una sólida
alianza bélica para enfrentarse a las fuerzas del Eje. En numerosos países
cuyos gobiernos burgueses se habían derrumbado, se había desencadenado a pesar
de ello un poderoso movimiento guerrillero. Todo esto obligó a la Wehrmacht a
una extrema dispersión de sus fuerzas, para asentar las áreas conquistadas y
evitó un golpe aún más fuerte y concentrado contra el país de los soviets.
Tampoco es
desdeñable el hecho que tal retraso pusiera al desnudo la estrategia militar
fascista, basada en la movilidad, la penetración en profundidad y la sorpresa,
factores todos ellos que eran completamente distintos de los experimentados en
la Primera Guerra Mundial y que a ciertos Ejércitos, como al francés, le
ocasionaron serios reveses por su insistencia y fijación en los aspectos
pasivos de las confrontaciones bélicas, la guerra de trincheras, etc., tal y
como se demostró con el desastre de la línea Maginot. Cuando la Wehrmacht
pretendió aplicar esta lección tan bien aprendida en el frente occidental
contra el Ejército Rojo, éste se hallaba ya al tanto de los movimientos
operativos de los nazis, que no pudieron contar con tal ventaja. La sorpresa,
clave de las acciones militares hitlerianas, sólo pudo funcionar eficazmente en
las primeras semanas de la guerra en el frente oriental.
Durante esos casi
dos años de ventaja de que dispuso la Unión Soviética y mientras las potencias
occidentales se venían abajo una por una y con una facilidad sorprendente, el
poder soviético se reforzó notablemente y preparó sus fronteras y sus puestos
defensivos frente a los vecinos que acechaban en espera del momento propicio
para lanzarse al ataque.
Es completamente
falso que la Unión Soviética se "repartiera" Polonia con
Alemania en virtud del pacto Molotov-Von Ribbentrop. La propaganda imperialista
con sus tergiversaciones acerca de este acontecimiento histórico no trata sino
de lavar la cara al nazismo y ocultar el hecho fundamental de que la URSS salvó
momentáneamente a bielorrusos y ucranianos del terror y los campos de
concentración hitleranos, al tiempo que fortalecía sus defensas y recuperaba
territorios que eran suyos históricamente y no de Polonia.
La gran guerra contra el fascismo
La
resistencia soviética frente al poderoso ejército hitleriano es uno de los
episodios heroicos más grandes de toda la historia de la humanidad. Las
consignas del Partido de resistir a ultranza frente al enemigo, la guerra de
guerrillas, la entrega sin límite de los combatientes del Ejército Rojo y el
trabajo infatigable del proletariado y los pueblos de la URSS, unidos a la
fortaleza del régimen socialista, fueron las razones de la victoria soviética
sobre la bestia nazi. Cuando París cayó con un paseo militar, Kiev retardó el
avance nazi seis semanas, Odessa lo hizo en ocho y Moscú rechazó dos feroces
asaltos, Stalingrado se convirtió en el teatro de la mayor batalla bélica de la
historia, pero los nazis no lograron penetrar en su interior y Leningrado fue
cercado pero jamás los nazis pudieron entrar en la capital de la revolución.
En el otoño de
1941, cuando las hordas hitlerianas se acercaban a Moscú, sus vecinos empezaron
a contemplar la evacuación primero de los niños y los ancianos, luego de los
archivos y oficinas ministeriales y, finalmente, de los altos funcionarios de
la administración. Una mañana cundió el pánico y los moscovitas comenzaron a
agolparse en la estación de Kazán y a abandonar la ciudad, hasta que por la
tarde repentinamente comenzaron a retornar otra vez a sus casas, porque vieron
que Stalin no sólo no había abandonaba Moscú, sino que se le pudo ver sentado
en el asiento trasero su viejo Packard descapotable. Los moscovitas se lanzaron
a la calle y fueron muchos los que pudieron saludar a Stalin en la Avenida
Gorki.
El Ejército Rojo
resistió y venció; el proletariado y las masas populares resistieron y
vencieron, y todo ello fue posible porque se sentían partícipes del nuevo
Estado socialista y tenían una confianza ciega en el Partido Comunista y en
Stalin.
La derrota del
fascismo en la Segunda Guerra Mundial no fue sino un reflejo del éxito obtenido
por la Unión Soviética en la construcción del socialismo, así como de la
correcta política exterior desarrollada, y de una orientación militar con el
tipo de guerra que se estaba dirimiendo. Por otra parte dejaba al descubierto
la bancarrota del sistema imperialista y su manifiesta inferioridad ante la
nueva sociedad que había inaugurado la Revolución de 1917.
El hecho adquiere
aún más realce si comparamos la victoria soviética en 1945 con las anteriores
confrontaciones militares en las que se había visto envuelta la Rusia zarista,
derrotada en la guerra de Crimea (1853-1856), humillada por Japón en la guerra
de 1905 y hundida por la guerra mundial de 1914. En la Primera Guerra Mundial
Alemania estaba venciendo sobre Rusia, a pesar de verse obligada a luchar en
dos frentes y de no contar con Japón ni con Italia. A pesar de disponer en 1941
con factores notablemente más favorables, Alemania, poniendo en liza el
ejército más formidable de toda la historia, fue incapaz de derrotar a la Unión
Soviética, lo que destaca el formidable avance que había experimentado este
país después de la revolución.
Sin embargo, entre
los cálculos de los estrategas hitlerianos contaba la idea de que el régimen
soviético se encontraba al borde del desmoronamiento. Presumían una gran
debilidad de la retaguardia soviética, incapaz de soportar el primer embiste de
la Wehrmacht. Presumían que tras los primeros fracasos del Ejército Rojo
sobrevendrían levantamientos en todas las regiones que saludarían alborozados
la progresión germana hasta los Urales. Los fascistas, lo mismo que los
imperialistas occidentales, se habían creído sus propias falsedades acerca de
la actitud de las masas hacia el socialismo y esperaban que éstas se pusieran a
disposición de los invasores. El avance alemán en los primeros momentos de la
guerra fue una verdadera prueba de fuego, porque al penetrar profundamente en
territorio soviético, los pueblos soviéticos no sólo no se arrojaron en brazos
de los fascistas, como éstos esperaban, sino que defendieron a muerte a su
país. Decía Stalin en esos primeros momentos de la guerra:
"Progresando hacia el interior de nuestro país el
Ejército alemán se aleja de su retaguardia alemana, está obligado a operar en
un ambiente hostil, a crearse una nueva retaguardia en un país extranjero que,
por otra parte, disgregan nuestros guerrilleros, lo que desorganiza a fondo el
revituallamiento del Ejército alemán, lo hace temer por su retaguardia y mata
en ella su fe en la estabilidad de la situación. Mientras que nuestro Ejército
opera en su propio país, goza del incesante apoyo de su retaguardia, está
regularmente provisto de hombres, municiones, víveres y tiene una confianza
firme en su retaguardia".
La solidaridad
entre las diversas nacionalidades de la URSS se mostró tremendamente fuerte, y
el Estado soviético puso a prueba con éxito su solidez en todos los campos.
Stalin constataba:
"Nunca jamás la retaguardia ha sido tan sólida
como en el presente. Es muy probable que cualquier otro Estado con pérdidas
territoriales como las que nosotros hemos sufrido hasta hoy, no habría
resistido la prueba y habría periclitado. Si el régimen soviético ha soportado
con esta facilidad la prueba y reforzado todavía más su retaguardia, se debe a
que el régimen soviético es, en el momento actual, el régimen más sólido [...]
Las lecciones de la guerra testimonian que el régimen soviético no sólo se ha
revelado como la mejor forma de organización del florecimiento económico y
cultural del país durante los años de construcción pacífica, sino también como
la mejor forma de movilización de todas las fuerzas del pueblo para responder
al enemigo en tiempo de guerra. Tras un corto periodo histórico, el poder
soviético creado hace 26 años ha hecho de nuestro país una fortaleza
indestructible. De todos los Ejércitos del mundo, el Ejército Rojo es el que
posee la retaguardia más sólida y segura".
En
condiciones extremadamente difíciles, en medio del hostil cerco imperialista,
se había llevado a cabo la industrialización socialista del país, y de este
modo la Unión Soviética pudo superar su gran atraso, colocándose a la cabeza
del mundo en cuanto a progreso social. La segunda conflagración internacional
demostró claramente que la guerra moderna pone a prueba el total de los
recursos materiales y morales de un país: nada se sustrae a sus devastadores
efectos, y todas las energías son requeridas para lograr la victoria. Esto
implica la coordinación de múltiples y variados factores: frente y retaguardia,
economía, política y guerra. Actualmente no se puede ganar una guerra fiándose
unilateralmente en uno sólo de los aspectos de la misma: hay que tener una
superioridad manifiesta en todos ellos y en todos ellos el socialismo se
demostró superior al capitalismo.
En febrero de
1931, en la I Conferencia de activistas de la industria, Stalin constataba que "marchamos
50 ó 100 años detrás de los países más adelantados. En 10 años tenemos que
ganar este terreno. O lo hacemos o nos aplastan". Y efectivamente 10
años después, en 1941, la Unión Soviética tuvo que hacer frente a la brutal
agresión fascista. Sólo el tremendo esfuerzo de la retaguardia bajo la
dirección del PCUS hizo posible la movilización de todas las energías humanas y
materiales que desnivelaron esa ventaja de los agresores. Y esto no era más que
fruto de los éxitos en la construcción económica socialista de preguerra.
La Unión Soviética
triunfó porque había hecho la revolución, porque había derrotado ya a todos los
imperialistas que anteriormente habían invadido su país y porque los pueblos
soviéticos tenían plena confianza en su gobierno y su Estado socialistas. Pero
triunfó, ante todo, porque todo el trabajo del pueblo, del Estado y del
Ejército estaba dirigido por un Partido Comunista fortalecido y experimentado
que en todo momento supo estar a la altura de los acontecimientos, sin dejarse
llevar por el derrotismo ni por el oportunismo. Ya Lenin había escrito que "la
capacidad defensiva del país que ha sacudido el yugo capitalista, que ha
entregado la tierra a los campesinos, que ha implantado el control obrero sobre
los bancos y las fábricas [...] es muchísimas veces mayor que la
capacidad defensiva de un país capitalista".
El PCUS dirigió
con éxito todos los esfuerzos del pueblo soviético para alcanzar la victoria y
dio ejemplo a la vez al participar sus militantes en cabeza de todas las
tareas, tanto en la retaguardia (120.000 colaboradores en la defensa de Moscú
junto al Ejército Rojo) como en el frente. Así se pudo elevar continuamente la
producción, a pesar de la fa1ta de mano de obra y de especialistas que se
fueron al frente. En 1943, por ejemplo, se pusieron en funcionamiento más de
10.000 empresas industriales. Fruto de este trabajo político del PCUS fue el
ingreso de 5 millones de nuevos militantes comunistas durante la guerra.
También en el
frente, una acertada línea político-militar del PCUS permitió al Ejército Rojo
disponer de todo lo preciso para llevar a buen fin las operaciones planteadas
sobre el campo de batalla. El Ejército Rojo poseía un arma que sólo podía
poseerla el Ejército del Estado socialista. Esa nueva arma era el trabajo
político y de Partido encabezado por la Dirección General Política del Ejército
Rojo y la Dirección General Política de la Marina de Guerra, que funcionaban
con las atribuciones de Secciones del Comité Central del PCUS.
El Ejército Rojo
no era un conglomerado de mercenarios ni tampoco un cuerpo expedicionario de
invasores. Dijo Stalin en febrero de 1943 que "el Ejército Rojo
defiende la paz y la amistad entre los pueblos de todos los países. Ha sido
creado no para conquistar otros países, sino para defender las fronteras de los
soviets. El Ejército Rojo ha respetado siempre los derechos y la independencia
de todos los pueblos". Se caracterizaba por constituir un Ejército
regular, no voluntario, reclutado en el seno de la sociedad soviética, y
dirigido y orientado por el Partido Comunista en base al sistema de comisarios
políticos. Más de la mitad de los militantes comunistas estaban en el frente, y
entre la tropa y oficiales los militantes del Partido eran el 13 por ciento
(cifra que al final de la guerra ascendió hasta el 25 por ciento, cuando en la
guerra civil era de sólo un 5 por ciento), a los que hay que sumar un 40 por
ciento de komsomoles. En la escala de oficiales el 80 por ciento eran
militantes del Partido Comunista; unos 3 millones de comunistas cayeron en
combate. Como ya dijera Lenin "han quedado relegados irreversiblemente
al pasado los tiempos en que las guerras se hacían por mercenarios o
representantes de una casta medio aislada del pueblo. Las guerras se hacen hoy
por los pueblos". Precisamente nadie como el Ejército Rojo representó
a su pueblo durante la guerra, derrochando heroísmo, coraje y energía sin
medida para acabar con los planes exterminadores del fascismo.
Los comunistas
dentro del Ejército Rojo desarrollaban la lucha ideológica contra las
tendencias erróneas que surgían espontáneamente entre los combatientes: el
derrotismo, el aventurerismo, los afanes de revancha y venganza y otras
variantes del militarismo burgués que conducían al saqueo, al botín de guerra y
otras formas de menosprecio hacia el pueblo. De nuevo recurriendo a Lenin
recordamos su frase en la que decía: "En toda guerra la victoria
depende, en resumidas cuentas, del estado de ánimo de las masas que vierten su
sangre en el campo de batalla. El convencimiento de lo justo de la guerra, la
conciencia de inmolar su vida para bien se sus hermanos, levanta el ánimo de
los soldados y los lleva a soportar dificultades inauditas". El
desarrollar este ánimo y esta conciencia en el seno de los combatientes soviéticos
fue una de las tareas más importantes que cumplieron los comunistas en las
primeras líneas del frente.
En la cúspide del
Ejército Rojo se hallaba el Gran Cuartel General, y por encima de él y como
sección especial del gobierno se formó el Comité Estatal de Defensa, presidido
por Stalin y otros cuatro altos dirigentes del PCUS: Molotov, Malenkov,
Vorochilov y Beria. Era este reducido núcleo el que llevaba sobre sí toda la
responsabilidad en la conducción de la guerra, especialmente Stalin que era
también presidente del Gran Cuartel General, cuyas funciones eran más
específicamente militares que la del anterior. Escribió el mariscal Zhúkov en
sus Memorias:
"La labor del Gran Cuartel General se basaba en
los principios leninistas de mando centralizado de las tropas [...] Fue un
órgano colectivo de dirección de las acciones bélicas de las fuerzas armadas.
Su labor se basaba en una combinación racional de mando colectivo y
unipersonal. En todos los casos el Jefe Supremo [del Cuartel General, o sea,
Stalin] era el que decidía en última instancia. Las ideas y los planes de las
operaciones estratégicas y las campañas se elaboraban en el Estado Mayor
General con la participación de algunos miembros del Cuartel General. A esto
precedía un gran trabajo en el Buró Político [del PCUS] y el Comité Estatal de
Defensa. Se examinaba la situación internacional en el periodo dado y se
estudiaban las potenciales posibilidades políticas y militares de los países
beligerantes. Únicamente después del estudio y el examen de todas las
cuestiones generales se hacían pronósticos de carácter político y militar. Como
resultado de toda esta compleja labor se determinaba la estrategia política y
militar por la que se guiaba el Cuartel General del Mando Supremo".
Dentro del Gran
Cuartel General y del Comité Estatal de Defensa Stalin jugó un papel destacado
en la dirección política y militar de la guerra, quien por sus méritos y su
gran labor fue elevado al grado de mariscal, máximo cargo dentro del Ejército
Rojo. Según Zhúkov:
"Cuando se preparaba la operación de turno,
Stalin solía llamar al Jefe del Estado Mayor General y a su adjunto, y
examinaba minuciosamente con ellos la situación operativo-estratégica en todo
el frente soviético-alemán, el estado de las tropas de los frentes, los datos
proporcionados por los diversos servicios de información y la marcha de la
preparación de las diversas reservas de todas las armas.
"Luego se
llamaba, para que acudieran al Cuartel General, al Jefe Logística del Ejército
soviético, a los Jefes de distintas armas, así como de los departamentos del
Comisariado del pueblo de Defensa, que tenían que asegurar todo lo necesario
para la operación dada.
"Después el
Jefe Supremo, su adjunto y el Jefe del Estado Mayor General analizaban las
posibilidades operativo-estratégicas de nuestras fuerzas. El Jefe del Estado
Mayor General y el adjunto del Jefe Supremo recibían el encargo de sopesar y
calcular nuestras posibilidades para una u otra operación que se pensaba llevar
a cabo. Habitualmente, el Jefe Supremo nos daba cuatro o cinco días para
realizar esa labor. Al expirar ese plazo se tomaba una decisión preliminar.
Después de lo cual el Jefe Supremo encomendaba al Jefe del Estado Mayor General
que pidiese a los Consejos Militares de los frentes su parecer acerca de la
operación planeada.
"Mientras
trabajaban el mando y el Estado Mayor del frente, se realizaba en el Estado
Mayor General una gran labor creadora de planificación de la operación y
cooperación de los frentes. Se señalaban tareas a los servicios de información,
a la aviación de largo alcance, a las guerrillas que actuaban en la retaguardia
del enemigo, a los órganos de comunicaciones para el traslado de nuevos
contingentes de tropas de reservas del Mando Supremo y de recursos materiales.
"Por fin se señalaba
el día en que los comandantes en jefe de los frentes deberían presentarse en el
Cuartel General para informar del plan de las operaciones en el frente. Por lo
común, el Jefe Supremo los escuchaba en presencia del Jefe del Estado Mayor
General, del adjunto del Jefe Supremo o de algunos miembros del Comité Estatal
de Defensa.
"Después de
un examen cuidadoso de los informes Stalin confirmaba los planes y los plazos
de las operaciones señalando aquello a lo que se debía prestar especial
atención".
Pero
no solamente el carácter proletario y la dirección comunista caracterizaban al
Ejército Rojo; se trataba también de un Ejército moderno, provisto de los
sofisticados avances técnico-militares que la industria socialista pudo
proveerle. La organización militar del Ejército Rojo estaba acorde con su
carácter clasista, pero también con las modernas técnicas de dirección de la
guerra. Destacaba por el rechazo a supeditarse a un sólo medio técnico de
combate, poniendo de relieve la necesidad de coordinar todas las armas y medios
bélicos: artillería, bombardeo, guerrilla, cerco, etc. Por el contrario los
mandos occidentales daban mayor o menor importancia a la aviación estratégica,
a los combates navales, etc., según los casos y las circunstancias. Como escribió
Stalin:
"En el transcurso de la guerra el Ejército Rojo
se ha transformado en un Ejército especializado. Ha aprendido a combatir al
enemigo con golpe seguro, teniendo en cuenta sus lados fuertes y débiles, como
lo exige la ciencia militar moderna. Cientos de miles y millones de
combatientes del Ejército Rojo se han hecho dueños en el manejo de sus armas:
fusil, sable, metralleta, artillería, morteros, carros de combate, trabajos de
ingeniería y en la aviación. Decenas de miles de jefes del Ejército Rojo se han
hecho maestros en el arte de conducir a sus tropas. Han aprendido a combinar el
valor y el coraje individuales con el arte de mandar los Ejércitos en el campo
de batalla; han renunciado a la absurda y peligrosa táctica lineal y han
adoptado resueltamente la táctica de maniobra".
Por
otra parte, la vieja táctica de guerra de trincheras y de posiciones, heredada
de la primera gran guerra por los países capitalistas, y que al igual que la
supeditación de las acciones bélicas a los bombardeos masivos de ciudades e
industrias o a los combates navales, formaban parte de la táctica dilatoria de
las potencias occidentales en la primera parte de la guerra. El Ejército Rojo,
desde los primeros momentos de la agresión, se esforzó por romper la estrategia
nazi de guerra relámpago, de desarticular al grueso de las fuerzas enemigas
practicando la política de resistencia a ultranza con objeto de romper los
planes del fascismo y elevar, al mismo tiempo, la moral de los combatientes.
Finalmente, el
Ejército Rojo se basaba en sus propias fuerzas y en el abastecimiento que el
pueblo soviético le proporcionaba desde la retaguardia. La fuerza del Ejército
Rojo se basaba en su régimen socialista, pues siguiendo a Lenin "nosotros
creemos que un Estado es fuerte cuando el pueblo tiene conciencia política. Es
fuerte cuando las masas están enteradas de todo, pueden formarse opinión de
todo y hacerlo todo conscientemente". Sólo en sus pueblos, en su
régimen socialista, podía confiar para derrotar a los ocupantes fascistas.
Pero no fue
despreciable, ni mucho menos, la ayuda que prestó a la Unión Soviética el
movimiento de liberación antifascista desplegado por todos los rincones del
mundo a los que alcanzaba esta plaga reaccionaria. En ningún país de Europa los
ocupantes fascistas tuvieron ningún espacio de seguridad, como manifestó Stalin
ya en noviembre de 1941: "Únicamente los idiotas hitlerianos no pueden
comprender que no solamente la retaguardia europea, sino también la retaguardia
alemana de las tropas alemanas es un volcán preparado para explotar y sepultar
a los aventureros hitlerianos".
El factor clave
que impulsó este formidable movimiento revolucionario de liberación fue la
dirección de los comunistas, que desde un principio se colocaron a la cabeza en
la lucha contra el fascismo internacional y sus colaboradores locales. La
crisis económica, política, moral y cultural, que ya había estallado antes de
la guerra pero que ahora alcanzaba cotas de máxima agudización con la guerra,
hizo que la vanguardia comunista adquiriera bien pronto estrechas y firmes
conexiones con el movimiento de masas. Con el transcurso de la guerra, mientras
este movimiento no hacía sino crecer y fortalecerse en la misma lucha, los
sectores burgueses se iban hundiendo en el pantano de la represión indiscriminada,
en la colaboración con los invasores, en el descrédito popular, en las
divisiones internas y en la descomposición final. Nada de esto puede extrañar a
nadie; se trata de un proceso lógico e irreversible bajo el imperialismo; no
hace falta acudir a las injerencias de nadie ni a factores externos y extraños
a las propias masas populares en ebullición; también sobre esto Lenin había
escrito hacía mucho tiempo que "la guerra ha enseñado y enseña a las
masas al crear una situación revolucionaria, profundizándola y
extendiéndola".
En la guerra, y
gracias al esfuerzo soviético, un gran número de pueblos no sólo lograron
expulsar de sus países al fascismo invasor, sino que también echaron por la
borda a su burguesía, iniciando la vía de la construcción del socialismo.
Todo el sistema
imperialista había sufrido un duro golpe y se hallaba al borde de la bancarrota
final.
Al final de la
guerra Stalin dirigió personalmente la delegación soviética en las conferencias
de Teherán (1943), Yalta (1945) y Potsdam (1945). Por primera vez los
imperialistas, que lo habían intentado todo para acabar con el socialismo, se
veían forzados a sentarse en la misma mesa de negociaciones con los comunistas.
Ya no tenían las manos libres para dirigir el mundo a su antojo.
La guerra fría
Tras
la victoria soviética en la guerra, La URSS se convirtió en uno de los países
de mayor peso en la diplomacia internacional y en punto de referencia de todos
los pueblos oprimidos del mundo. Muchos países que se liberaron del fascismo
iniciaron la construcción del socialismo, tanto en el este de Europa, como en
Asia (China, Corea, Vietnam) y Latinoamérica (Cuba).
Los imperialistas
no iban a dar ni un minuto de tregua a la URSS. Querían acabar con su prestigio
y frenar el desplome capitalista. Pusieron en juego una feroz campaña
anticomunista por todo el mundo, lanzaron dos bombas atómicas, iniciaron
grandes persecuciones así como una campaña de intoxicación contra los países
socialistas y, muy particularmente, contra Stalin.
La superioridad
del socialismo se demostró cuando en 1949 Stalin probó la primera bomba
nuclear. Pocos años después lanzaba el primer satélite no tripulado al espacio.
En esta etapa
última de su vida, Stalin realizó dos aportaciones teóricas trascendentales al
marxismo-leninismo, demostrando que además de un dirigente capaz, dominaba los
aspectos fundamentales del materialismo dialéctico.
En 1950 intervino
en un debate sobre lingüística y sentó el principio de que "sin el
enfrentamiento de opiniones y la libertad de crítica la ciencia y la filosofía
no pueden desarrollarse". Stalin consideraba errónea la tesis del
filólogo N. Y. Marr que estableció una distinción clasista del lenguaje y lo
integraba dentro de la superestructura. Su crítica se extendió también a los
formalistas y al "proletkult" que pretendían que las leyes y
formas del pensamiento, estudiadas en la lógica formal, tenían también un
contenido clasista al constituir un elemento de la superestructura. A juicio de
Stalin, se incurría en una interpretación vulgar del principio de la posición "partidista"
en la ciencia, que trataba con el mismo patrón a las ciencias de la sociedad
(economía política, sociología) que por su naturaleza están ligadas a una clase
social, y las ciencias que no están conectadas a una clase determinada: la
lingüística y la lógica formal. Para Stalin, éstas últimas, al igual que las
ciencias naturales, son utilizadas por diferentes clases sociales, pues no
pertenecen a la superestructura sino que representan fenómenos sociales ligados
directamente -sin mediación de la base- con la producción.
En su última obra,
Problemas económicos del socialismo en la URSS, publicada en 1952,
Stalin debatió con varios economistas acerca de la construcción del socialismo
en la URSS, y sostuvo que la persistencia de la ley del valor en una economía
socialista se debía a que no se estaba en condiciones todavía de retribuir al
trabajador según sus necesidades, sino según su trabajo. Sólo en una sociedad
comunista -dotada de una plétora de riquezas, será posible retribuir al
trabajador según sus necesidades. Según Stalin, el Estado soviético debía
mantener la propiedad de las denominadas Estaciones de Máquinas y Tractores "y
no vendérselas a los koljoses, ya que, de las dos formas de propiedad
socialista, la estatal es superior a la koljosiana".
El 5 de marzo de
1953 murió este gran dirigente comunista y de todos los pueblos oprimidos del
mundo.
Stalin llevó
siempre una vida ordenada, metódica y austera, tanto en la clandestinidad como
a la cabeza del Estado soviético. Jamás aceptó ningún regalo. Los innumerables
y lujosos obsequios los entregó a un museo, donde podían ser contemplados por
toda la población. Vivía con su mujer y sus dos hijos en una casita en las
afueras de Moscú.
Los revisionistas
le acusaron falsamente en el XX Congreso del PCUS de imponer el "culto
a la personalidad". En 1938 había dirigido una carta a las Ediciones
para niños del Komsomol oponiéndose al culto a la personalidad que
pretendían hacer en un libro sobre su infancia:
"Soy contrario a la publicación de las 'Historias
de la infancia de Stalin'. El libro está plagado de una masa de contra-verdades
fácticas, de alteraciones, de elegios inmerecidos. Los aficionados a los
cuentos, los narradores de bobadas (quizá narradores de bobadas de buena fe),
los aduladores, han inducido al autor a error. Es una lástima para el autor,
pero así son los hechos.
"Pero eso no
es lo esencial. Lo esencial es que el libro tiene tendencia a sembrar en la
conciencia de los jóvenes soviéticos y de la gente en general, el culto a la
personalidad, del jefe, del héroe infalible. Es peligroso y nocivo. La teoría
del héroe y de la muchedumbre no es una teoría bolchevique sino eserista. Los
héroes hacen al pueblo, transforman la muchedumbre en pueblo, dicen los
eseristas. El pueblo hace a los héroes, responden los bolcheviques a los
eseristas. El libro lleva agua al molino de los eseristas. Todo libro de este
tipo llevará agua al molino de los eseristas, perjudicará nuestra causa
bolchevique común.
"Aconsejo quemar
ese libro"
Stalin
puso al primer país socialista en lo más alto, un país que cuando él nació aún
conocía la esclavitud. En 1953, al fallecer, la Unión Soviética ya fabricaba
energía atómica y había enviado satélites alrededor de la tierra.
No es de extrañar
que el imperialismo no se lo perdone y haya lanzado la campaña de mentiras más
grande jamás inventada por la propaganda: el movimiento comunista internacional
nunca había sido tan fuerte.
Biografía extraída de la página del PCE (r)
“www.antorcha.org”

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