Pasquale Cicalese
Marx21
Traducido por Juventud Comunista de Bolivia
Hay eventos
en la historia que pasan casi desapercibidos por los medios y son precursores de
convulsiones económicas y diplomáticas: uno de ellos ha ocurrido la semana
pasada y tiene la misma importancia que el ingreso del euro en el 1999. Algunos
medios de comunicación se han dado cuenta, pero el análisis que realizan es
síntoma de la superficialidad con la cual se siguen los asuntos chinos.
El 25 de
octubre del 2013 sella, de hecho, la entrada en escena prepotente y por demás
irreversible de una nueva moneda internacional: el yuan. La divisa china llega
al record histórico en veinte años en su relación con el dólar, con el Banco
Popular Chino que fija la cuota a 6,08 cuando en el 2009 era a 8,28, con la
revalorización del 25%. Omitiendo todo lo demás, por el momento una reflexión
es útil: visto que la mirada occidental se rehúsa a medir el PIB chino a
paridad de poder de adquisición (por lo que la China sería ya la primera economía
del mundo), los analistas tienen que actualizar el PIB a precios corrientes
expresados en dólares revalorizándolo del 25%, justamente de cuanto se ha
revalorizado la divisa de Mao.
Es un camino
largo iniciado el 2008: al asset
inflation y al quantitative easing
(a la inflación de activos y a la flexibilización cuantitativa, NdT) de los
bancos occidentales, el Banco Popular responde con esterilización monetaria,
aumento de las tasas de interés, aumento de la reserva obligatoria al 21%
(cuando en Estados Unidos está a un ínfimo 4%). En cambio, política fiscal
fuertemente expansiva y planes infraestructurales destinados al aumento de la
productividad de los factores de producción, tanto así que Bankitalia en sus
estudios habla claramente de un “poderoso mercado interno”. La revalorización
de la moneda era fuertemente deseada con el objetivo de iniciar un camino de internacionalización
del yuan: la fortificación de esta política era realizada por el espectacular
aumento anual de la productividad, del 15% mediamente al año, y que rechazaba el
golpe a la revalorización monetaria no incidiendo en eventuales pérdidas de
competitividad con el exterior, no obstante aumentos salariales del 20%
mediamente al año. El exacto contrario de cuanto se ha hecho en occidente, que
ha establecido a partir de la crisis del 2007 deflación salarial y expansión
ilimitada de los mercados financieros, hasta producir nuevas burbujas.
Además,
como en el 2008 la China arrastró parte del mundo, principalmente a los países
emergentes, fuera de las profundas aguas de la recesión, con planes fiscales
expansivos, dentro de algunos años será la principal protagonista del comercio
exterior habiendo reducido el propio superávit de las cuentas corrientes del
10,2 al 2,1%: en los últimos meses se asiste, sin que esto produzca preocupación
en la dirigencia, a un estancamiento de las exportaciones contra un aumento
significativo de las importaciones, signo de que está teniendo éxito la
política económica de trasladar el acento del crecimiento al mercado interno.
Cinco años de tal política monetaria y fiscal, de frente al trastorno
occidental, llevan a la dirigencia china a afrontar abiertamente la cuestión
fundamental del sistema monetario mundial centrado sobre la predominancia del
dólar y de su señorío, que provocan, como dicen los chinos, crisis financieras
por demás casi irresueltas, últimamente la crisis del débito norteamericano. Son estas las razones por las que pocas semanas atrás se plantea un documento histórico que sella
el inicio de la era de la des-norteamericanización del mundo y el fin del dólar
como moneda de reserva internacional. ¿Qué estrategia adopta para esto la
dirigencia china? En tanto prosigue la obra de esterilización monetaria para
rechazar la afluencia mundial de dólares, aumentando, la semana pasada, las
tasas de corto plazo al 7%. Después se dirige al mercado interno: el
Tercer Pleno que se desarrollará en noviembre sellará el plan de urbanización
de 5 billones de euros haciendo aumentar fuertemente la demanda interna. Eso
tendrá reflejos internacionales ya que la China prevé importar bienes por los
próximos 5 años por el valor de 10 billones de dólares. Preparándose para eso,
el año 2013 ha sido caracterizado por la potente política de operaciones
monetarias dirigidas al intercambio de divisas con distintos países extranjeros,
últimamente con la BCE, promoviendo el yuan como moneda internacional. En vista
de esto, tres años atrás Zhou Xiachuan, gobernador del Banco Popular de China,
invitó a las empresas de Estado chinas, llenas de liquidez, a la política del “go
global” (globalizarse, NdT): la revalorización de la moneda, acompañada por un
fuerte salto de la productividad total de los factores productivos, calza como
guante con esta estrategia de expansión al extranjero. Pero el verdadero golpe
ha sido la gigante adquisición de oro: se habla de más o menos 5 mil toneladas
en los últimos dos años. Si la masa llegase a 10 mil toneladas habría una
verdadera convulsión monetaria internacional. Reflejo de todo esto podría ser
la histórica decisión de no adquirir más bonos del tesoro americano y de mover bienes
del valor de 2 billones de dólares detenidos en los Estados Unidos hacia otras
partes del mundo: en este caso, parte de las reservas monetarias, estimadas en
3700 mil millones de dólares, podrían dirigirse hacia la zona euro y hacia el
mediterráneo, zona estratégica de gran interés para la dirigencia china, una
gracia para nuestro país (Italia, NdT) si solo estuviese listo a acoger tal
convulsión económico-financiera. El oro del oriente podría ser el volante de la
reconstrucción de Italia y de la Europa meridional, con la condición de que los
Estados Unidos no se metan en medio. Una cosa es cierta: un mundo ha terminado.
Como comunistas tenemos la tarea de abrir otro, posiblemente aventajando al
proletariado de la Europa del sud, en contraposición sea al imperialismo
norteamericano, sea a la política de anexión monetaria e industrial alemana. En
resumen, camaradas, dotémonos de una estrategia, el mundo ha cambiado. La lucha
de barricada monetaria del Banco Popular de China nos habla también a nosotros,
casi invitándonos a despertarnos. Despertarnos del entumecimiento iniciado el
14 de agosto de 1971, cuando Nixon abandonó el acoplamiento entre el dólar y el
oro. Fort Knox tal vez no existe más, o ha sido embargado. En Pekín alguien está
pensando volver a aquel acoplamiento con el oro, obviamente con la moneda
propia. Si fuese así, el imperialismo occidental tendría los años contados. El
mundo se ahoga en el dólar, el oro chino barrerá este sentimiento de asfixia y
entonces se verá quién queda y quién ha destruido y quién no, la economía propia
y la de los otros. Años espantosos estos, pero se entrevén signos de lucha de
barricadas contra el dominio imperialista. No lo logró la URSS, la esperanza es
que la dirigencia china aplique con inteligencia e ingenio su estrategia
monetaria, pues terminaría ganando espacio el proletariado mundial y junto a él, el italiano.


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