Dado que la ayuda soviética a la
democracia española fue la única, es decir dado que los bolcheviques en
el poder fueron los únicos que apoyaron al pueblo español en su guerra
contra el fascismo, esto hay que taparlo y encubrirlo muy bien porque la
tesis tiene que quedar siempre así: los comunistas son la negación de
la democracia. Por tanto, cuando los hechos ya no se pueden ocultar, se
tienen que ensuciar y arrastar por el suelo hasta que nadie pueda
reconocer ni lo más evidente siquiera.
Cuando no hablamos de la historia de las
cuevas de Altamira, sino que estamos en medio de una batalla ideológica,
hay que partir de lo más obvio. En este caso el asunto se tiene que
enfilar partiendo de dos circunstancias importantes sin las cuales no se
consigue encuadrar:
— el 18 de julio de 1936 España aún no mantenía relaciones diplomáticas con la URSS
— tras el levantamiento fascista se formó
el Comité Internacional de No Intevención por lo que cualquier ayuda
era ilegal y clandestina
El 31 de agosto se publicaba en Moscú,
como en los países imperialistas democráticos, el decreto que prohibía
la exportación, reexportación y tránsito hacia España de toda clase de
armas, municiones, material de guerra, aviones y navíos de combate. No
se puede comprender el alcance de la ayuda soviética a la II República
si no se comprende que era ilegal, y que los soviéticos, como todos los
internacionalistas, estuvieron en la guerra clandestinamente, con
documentación falsa. No se comprende la ayuda a la República si, a la
vez, no se comprende que de esa manera la URSS se comprometía muy
seriamente frente a todos los demás países del mundo, poniéndose al
borde de la guerra en unas condiciones extremadamente desfavorables.
Stalin duda
Los falsificadores de la historia
aseguran que Stalin tardó en decidirse a ayudar a la República, que
dudó, que vaciló entre los fascistas y los antifascistas, seguramente
porque su punto de vista no era clasista ni internacionalista sino que
tenía en cuenta exclusivamente los intereses de su propio país, los
intereses de la URSS como Estado: es la vieja historia del socialismo en
un sólo país.
Lo cierto es que la URSS comenzó a enviar
armamento a España sólo en el momento en el que España se lo pidió. Las
fechas lo que indican es lo siquiente: que hasta entonces no había
llegado ninguna petición a la URSS por parte republicana. Durante dos
meses la República había intentado por todos los medios que fueran otros
países (Gran Bretaña, Francia) quienes suministraran las armas para
defenderse de la agresión fascista.
Cuando la petición de la República llegó a
manos de Stalin, aún no había relaciones diplomáticas entre ambos
países. Hasta donde hoy se conoce, la decisión de apoyar a los obreros y
al pueblo español en su resistencia contra el fascismo la tomó
personalmente Stalin el 14 de septiembre de 1936. Hasta el más torpe
puede consultar los Boletines Oficiales para comprobar que Marcel
Rosenberg, el primer embajador de la URSS en España, no llegó a Madrid
hasta el 27 de agosto y que los nombramientos de los jefes de misión no
se realizaron hasta el 16 de septiembre, o sea dos días después de que
Stalin aprobara los envíos de armas. Por tanto, Stalin acordó ayudar a
la República cuando entre ambos países aún no se habían trenzado
relaciones diplomáticas.
La única responsabilidad por la demora recae en la República y en los aliados imperialistas que traicionaron su confianza.
El traslado del diplomático soviético
despertó un verdadero entusiasmo popular en Madrid: Rosenberg recorrió
la Gran Vía aclamado por los obreros y el pueblo, plenamente conscientes
de que la URSS era el único aliado con el que podían contar para
derrotar al fascismo.
Poco, muy poco, poquísimo: en cualquier caso no iba a existir más ayuda que ésa.
Los demócratas burgueses siempre piden a
los demás lo que ellos no son ni serán nunca capaces de realizar.
Llegaban las prisas y los agobios: la República había tardado más de
cinco años en reconocer a la URSS y ahora la URSS tenía que tardar cinco
días en traer las armas desde los Urales justo hasta el río Manzanares.
De manera acelerada, precipitada, el primer cargamento de armas llegó
justo a tiempo de impedir la avalancha de los fascistas sobre Madrid a
primeros de noviembre. Los buques soviéticos Komsomol, Kuvan y Neva
desembarcaron carros de combate, acorazados rápidos BT-5, cazas I-15 e
I-16, bombarderos SB-2, barcos torpederos cañones, morteros,
lanzagranadas, ametralladoras, fusiles, abundante munición (millones),
vehículos motorizados y otros pertrechos de guerra. Los tanques rusos
hicieron su aparición en el frente de Madrid el 28 de octubre y los
aviones el 11 de noviembre. Fue llegar y despegar.
Los inventarios militares son
incuestionables: más de la mitad de los aviones utilizados por los
republicanos entre agosto de 1936 y abril de 1937 eran de procedencia
soviética. Según un documento del Departamento norteamericano de Estado,
el 25 de marzo de 1937 de los 460 aviones republicanos, 200 eran cazas,
150 bombardeos y 70 aviones de reconocimiento soviéticos. Casi la
totalidad de los tanques también eran soviéticos.
Poco, muy poco, poquísimo: en cualquier
caso lo que no había era armamento de las democracias francesa y
británica. La República sólo tenía a la URSS de su parte; la democracia
dependía del apoyo de los bolcheviques y de la movilización que la
Internacional Comunista pudiera desplegar por todo el mundo entre los
obreros y los antifascistas.
Lo que se escribió entonces
Gracias a este material bélico enviado
por la URSS, la República pudo evitar lo que, desde el comienzo, parecía
inevitable: la caída de Madrid en noviembre de 1936 en manos de los
fascistas. Pero la URSS no puede aparecer en los libros de historia de
la burguesía como un baluarte de la democracia, así que luego, todo eso
que entonces era tan evidente, ha tenido que ser torpemente reescrito
porque para la historia burguesa no vale lo que entonces se dijo sino lo
que se dice hoy.
Al llegar la primera ayuda el 28 de
octubre de 1936, el presidente del Gobierno y ministro de la
Guerra,Largo Caballero, dijo públicamente: Ya tenemos en nuestras manos
un formidable armamento mecanizado: tanques, una aviación poderosa… ¡La
victoria es nuestra! Al cumplirse el primer año de guerra, escribía el
Presidente Juan Negrín: A la URSS y a sus grandes gobernantes deberá
España, y con España el mundo entero, perenne gratitud. Aquel mismo año,
el Presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio manifestó: Sin la
ayuda de la Unión Soviética nuestra República hace tiempo que hubiera
dejado de existir.
Pero, ¿por qué tenía que ayudar la URSS a
un Estado, como el español, que no se había dignado reconocerle casi 20
años después de la Revolución de Octubre? Si no pensamos en esto por un
momento no nos daremos cuenta de que la URSS no ayudaba a la República
sino a la clase obrera y al pueblo oprimido español. Que eran
consideraciones de clase y no otras (diplomáticas) las que hicieron que
los soviéticos se movilizaran. Aquellas armas no llegaron de un Estado a
otro Estado sino que fue el cumplimiento de un deber internacionalista
de una parte de la clase obrera hacia otra parte. Stalin dirigió
entonces un telegrama al Partido Comunista de España en el que decía:
Los trabajadores de la Unión Soviética, al ayudar en lo posible a las
masas revolucionarias de España no hacen más que cumplir con su deber.
Se dan cuenta de que liberar a España de la opresión de los
reaccionarios fascistas no es asunto privado de los españoles, sino la
causa común de toda la humanidad avanzada y progresiva.
Otra carta de Stalin, junto con Molotov y
Voroshilov, enviada el 21 de diciembre de 1936 a Largo Caballero
exponía: Consideramos que es nuestro deber, dentro de nuestras
posibilidades, ayudar al gobierno español, que dirige la lucha de todos
los trabajadores, de toda la democracia española, contra la camarilla
militar y fascista, que no es otra cosa que un instrumento de las
fuerzas fascistas internacionales.
También Mao Zedong escribió entonces: La causa por la que ustedes luchan, es también nuestra causa.
Eso es lo que que dijeron los comunistas
de todo el mundo entonces. Esas afirmaciones no tienen contraste posible
con las que pronunciaron los demócratas burgueses del mundo libre, que
traicionaron la causa antifascista de una forma realmente vergonzosa.
El valor de cambio
Cuando los hechos no se pueden tapar hay
que inventar un pero: la ayuda no fue gratuita ni desinteresada sino que
la URSS se la cobró a precio de oro (el oro de Moscú). Incluso Abad de
Santillán llegó a calificar la ayuda de usuraria y hay historiadores que
han hecho lo siguiente: han calculado el precio unitario de cada
pistola, cada fusil, cada tanque y cada arma y luego la comparan con los
precios vigentes de mercado para asegurarnos que nos cobraron de más en
la factura.
Pero si, como hemos dicho, la ayuda era
ilegal, eso significa que el armamento se tuvo que comprar en el mercado
negro, donde los precios son, como es bien sabido, muchísimo más
elevados. Todas las armas compradas por la República (las que no
llegaron de la URSS) fueron pagadas a precios exhorbitantes, y se sabe
que eso generó corrupción y que muchas sanguijuelas republicanas sin
escrúpulos se forraron con el tráfico clandestino de armas. El
historiador Gerald Howson cuenta que el intermediario polaco que
negociaba la compra de armas para la República llegó a decir lo
siguiente: Vendiendo chatarra a los republicanos españoles a precios
astronómicos conseguimos restablecer la solvencia de la banca polaca
(Armas para España, pg. 164).
No fue ese el caso de la URSS, que se
volcó con España de manera absolutamente desinteresada y a costa de un
sacrificio enorme para el proletariado y el pueblo soviético. Por muchos
motivos, de los que vamos a exponer algunos. En primer lugar, la URSS
estaba entonces en su II Plan Quinquenal y los bolcheviques tuvieron que
pedir a los obreros de las fábricas de armamento un esfuerzo
suplementario, uno más, cuando en su propio país faltaba aún de todo y
cuando los ritmos de trabajo para cumplir el Plan no eran duros: eran
durísimos.
En segundo lugar, la URSS tuvo que pasar
de manera acelerada de un comercio de nivel cero con España a un
comercio exterior que le suponía constituirse en el segundo país por el
volumen de transacciones exteriores. En muy pocas semanas España y la
URSS pasaron del cero al infinito. Entre octubre de 1936 y marzo de 1937
llegaban a España cada mes entre 30 y 40 barcos cargados desde Odesa.
En la URSS se creó un Comité de Ayuda al Pueblo Español y en las bodegas
de aquellos barcos no sólo había armamento; también había alimentos,
medicinas, ropa: todo aquello de lo que los obreros soviéticos, que no
les sobraba nada, se podían desprender para los obreros y campesinos
españoles. ¿Cuánto costaba todo esto? ¿Lo tienen contabilizado? ¿Cuál es
su precio de mercado?
El único país interesado era España y no
la URSS. Fue España quien acudió a la URSS en petición de ayuda, y no al
revés. Además, la República no se dirigió a la URSS hasta que no
comprobó que ningún otro país le iba a ayudar. Durante dos meses
estuvieron mendigando armas por todas las cancillerías occidentales
inútilmente. Entre el 12 de diciembre de 1936 y el 30 de enero de 1937,
los ministros de la República hicieron llegar a Moscú 26 cartas pidiendo
con urgencia armamento para el Ejército. Por tanto, ¿a quien
interesaba? Hasta entonces la URSS se había apañado muy bien sin España:
cuando la URSS estuvo en guerra, España no envió ni un calcetín.
En tercer lugar, organizar toda esa
gigantesca red de transporte dentro de la URSS hacia Odesa y desde ahí
hasta el Levante español, corrió a cargo de la URSS, no de España. La
República no era capaz de organizarla en uno cuantos días. La travesía
del Mediterráneo de este a oeste, con el cruce del estrecho de Bósforo,
tardaba nueve días de peligrosa navegación. Estambul era un nido del
espionaje italiano, que detectaba el paso de los convoyes soviéticos que
luego eran atacados por los submarinos italianos.
La URSS: un Estado en la clandestinidad
Con el Comité de No Intervención lo legal
eran los ataques de los submarinos fascistas italianos; lo ilegal era
el cargamento soviético de ayuda.
En diciembre de 1936 los fascistas
italianos lograron transformar la no intervención (la de los demás, no
la suya) en un bloqueo naval. Sus asaltos a los navíos mercantes
soviéticos se convirtieron en verdadera piratería marítima. Tuniaiev,
Marakov,… el nombre de los buques soviéticos hundidos por submarinos
italianos en alta mar no se conoce bien; mucho menos conocemos a los
heroicos marinos que dejaron sus vidas con ellos.
Abad de Santillán se queja de que el
armamento soviético hubo que pagarlo a precios de usura enormes, y
llegase o no llegase el material a nuestros puertos. Pero, ¿cuántos
barcos soviéticos fueron hundidos? ¿Cuántos marinos soviéticos están
todavía en el fondo del Mar Mediterráneo? ¿Cuál es el precio unitario de
estas vidas? ¿Cómo se calcula? ¿Pagó la República por ellos? ¿Indemnizó
a sus familias con el oro de Moscú?
Pero como a la burguesía las personas no
le preocupan nada, y menos las soviéticas, tienen que llevar la atención
hacia las cosas. El estilo sucio y canallesco de contar la historia
tiene estas pequeñas artimañas sin ninguna importancia porque finalmente
a ellos no les interesa más que el precio que se paga y el oro que se
vende. Quizá si Abad de Santillán se hubiera puesto al timón de uno de
aquellos barcos soviéticos nos hubiera dejado otra visión del asunto…
No podemos asegurar que en los albaranes y
facturas estuvieran incluidas las personas, sus sueldos y pluses de
peligrosidad. Lo único que podemos asegurar es que el despliegue
armamentístico llevó aparejado otro no menos importante de instructores,
pilotos aéreos, tripulantes de acorazados, artilleros, telegrafistas,
traductores, médicos, ingenieros, encargados de mantenimiento o
marineros. En España hubo entre 500 y 1.000 oficiales soviéticos, que
normalmente no lucharon en el frente sino que fueron especialistas,
tanquistas o aviadores. Otros eran altos oficiales soviéticos que
trabajaron en los Estados Mayores republicanos.
Operación ‘igrek’
En 1936 la URSS salía de un bloqueo
internacional. Sólo hacía dos años que había ingresado en la Sociedad de
Naciones. No era una potencia marítima ni disponía de una flota de
barcos. Carecía de medios de transporte suficientes de tipo marítimo.
Era tal la escasez de buques, que resultaba imposible una ayuda
mínimamente eficaz para transportar todas las armas que pedía la
República. A causa de la guerra de España, el comercio exterior
soviético se multiplicó por veinte. Muchos barcos tuvieron que ser
alquilados a compañías internacionales al precio que se puede imaginar.
Dado que era ilegal, la URSS tuvo que crear en el extranjero a marchas
forzadas sociedades comerciales fantasmas para encubrir los envíos. Cada
barco soviético que atravesaba el Mediterráneo en socorro de los
antifascistas españoles era un verdadero tesoro. Haciendo el transporte
con sus sus propios barcos, los soviéticos arriesgaron de una manera
temeraria las posibilidades de su transporte marítimo para el futuro.
¿Cómo lograrlo? ¿Cómo lograrlo de la
noche a la mañana? ¿Cómo lograrlo clandestinamente? ¿Cómo puede cruzar
clandestinamente un buque el cuello de botella del Bósforo? ¿Cómo
atravesar todo el Mediteráneo? Y si un barco es difícil ¿cómo lo
lograron treinta o cuarenta barcos cada mes? Eso sólo fue posible
gracias a la perfecta organización (burocracia lo llaman los
intelectualillos) de la URSS, al entusiasmo de los obreros soviéticos y
al coraje y el esfuerzo de los bolcheviques.
Muchos colaboradores y agentes soviéticos
en el extranjero quedaron al descubierto a causa de la ayuda a la
República. La clandestinidad de la ayuda obligó a que fuera la temible
NKVD (Comisariado del Pueblo del Interior), los chekistas, quienes se
encargaran de todo, junto con el GRU (Servicio de Inteligencia Militar).
A la ayuda a la República se la llamó en clave Operación X. Cada envío
de armamento llevaba también el nombre cifrado de igrek. En el máximo
secreto, Voroshilov en persona ordenaba el traslado del material de
guerra a los hangares del Comisariado de Defensa -sin indicar nada por
escrito para guardar la máxima reserva- a los mismos vagones de tren
inspeccionados por milicianos y agentes secretos que custodiaban el
cargamento hasta su descarga en el puerto. Los aviones o los tanques se
intentaban camuflar en el ferrocarril haciéndolos pasar por material
pesado para la industria. A su llegada al recinto portuario, milicianos
de la inteligencia militar supervisaban la carga en los barcos.
Se calcula que se organizaron entre 48 y 66 igreks.
El NKVD se puso a prueba a sí mismo en
cada igrek. Cualquier maniobra que sirviese para distraer la atención
del enemigo era adoptada de inmediato. Los cascos de los buques se
pintaban de otro color y se grababan en ellos nombres falsos. Cuando
abandonaban las aguas soviéticas, las naves izaban pabellón extranjero, e
incluso se modificaba el perfil de algunas de ellas levantando falsos
laterales que servían al mismo tiempo para ocultar el voluminoso
armamento sobre cubierta.
La tripulación también era importante
para garantizar el éxito de la misión. Se decidió disfrazarla para que
pareciese de cualquier otra nacionalidad. India, por ejemplo. En uno de
los viajes se vistió a los tripulantes con el uniforme al estilo
tropical, tocados con el típico gorro de marinero hindú.
En otros casos se hizo pasar a los buques
soviéticos repletos de armamento por inocentes cruceros de aristócratas
británicos en los que podía observarse a los marineros vestidos de
etiqueta paseándose tranquilamente por cubierta.
Hasta septiembre de 1937, los servicios
de inteligencia soviéticos se inclinaron por la ruta mediterránea para
llegar a España. Los barcos zarpaban de uno de los cuatro puertos del
Mar Negro, ya fuese de Sebastopol, Jerson, Odesa o Feodosia. Sin
embargo, llegó un momento en el que la NKVD detectó que toda la ruta
estaba bajo el control de los radares italianos y hubo que abrir otra
vía alternativa por el norte. Las naves partían entonces de Leningrado,
Cronstadt o Murmansk, atravesaban el Báltico y el Mar del Norte, y
atracaban finalmente en los puertos franceses de Le Havre, Cherburgo o
Burdeos. De ahí se transportaba todo el material por ferrocarril hasta
la frontera española.
Había que llegar hasta España y luego
había que hacer el viaje de vuelta. El buque Komsomol fue hundido en el
tercer viaje por el acorazado Canarias. Murieron heroicamente el
almirante de la Flota Roja M.Mesenjev y toda su tripulación. Al fondo
del mar se fueron 50 tanques T-26 y otros tantos vehículos blindados.
Cuando a partir de la primavera de 1937
los navíos se fueron yendo al fondo del mar cada vez con más frecuencia,
el NKVD pidió voluntarios para las travesías. Aquellos denostados
milicianos soviéticos, la primera fila de choque de la revolución,
calumniados y vilipendiados por la historia, son los que permitieron, a
costa de su propia sangre, que la República resistiera tres años a las
hordas fascistas.
La Francia democrática lo tuvo mucho más
fácil y mucho más cerca. No necesitaban barcos. Pudieron ayudar y, sin
embargo, dejaron que los fascistas masacraran impunemente a los
antifascistas españoles durante tres años.
El valor de uso
El valor de uso
Dicen por ahí que el armamento soviético
era chatarra, antiguallas que no servían. Según el Lehendakari Aguirre,
los fusiles eran de la guerra de Crimea.
Pero en la guerra de Crimea no existía la
aviación y la URSS envió a la guerra de España lo mejor que tenía, la
última tecnología de la época. Cualquier otra cosa hubiera sido absurdo
por su parte. La URSS no estaba interesada en hacer negocio a costa de
la República; si tenía algún interés, por el contrario, estaba en
experimentar su nuevo material bélico. Por tanto, enviaron lo mejor que
tenían, lo último.
Los 150 bombarderos soviéticos eran
Katiuska (Tupolev SB) y cazas I-15 e I-16, superiores a los primeros
aparatos alemanes. El biplano Polikarpov I-15, conocido en España como
Chato por su morro corto y grueso, era más rápido y manejable que los
primeros aviones alemanes e italianos. Su sucesor, el monoplano I-16, al
que los republicanos llamaban Mosca, era aún más veloz. No obstante, es
cierto que, a partir de 1937, la aparición en combate del ME-109 alemán
y de los modernos bombarderos italianos dejó algo desfasados a los
cazas y Tupolev soviéticos.
La superioridad soviética era más patente
en los tanques. Los carros de combate BA-3 y BA-6 eran de 12 y 18
toneladas, rápidos y bien armados. Del T-26 suministraron más de 100 en
los primeros meses y el BT-5 que trajeron era un prototipo del T-34 que
se hizo célebre durante la II Guerra Mundial. En la formidable batalla
de Kursk, la mayor de tanques de toda la historia, los blindados
soviéticos dejaron bien clara su superioridad.
Los cañones eran cañones pesados de
campaña del 76 que no tenían nada que envidiar a sus homólogos alemamos o
italianos. También llegó artillería ligera, cañones antitanque y
ametralladoras Degtiarev.
Todos esos suministros no eran lo que la
Unión Soviética quería enviar sino lo que pedía el gobierno republicano.
Largo Caballero, como presidente del Gobierno y encargado de la cartera
de Guerra, o su ministro de Marina y Aire, Indalecio Prieto, entregaban
al embajador Rosenberg las peticiones de armamento y éste las hacía
llegar al Comisariado de Defensa soviético dirigido por Voroshilov,
quien a su vez las remitía a Stalin para su aprobación final.
Los oficiales soviéticos que estuvieron a
España tampoco eran sargentos chusqueros precisamente. Aquí llegaron
cargos de muy alta graduación, los más cualificados, aquellos que luego
en la II Guerra Mundial adquirieron justa fama.
Algunos historiadores de esos que gustan
de la imparcialidad y la neutralidad hacen comparaciones entre una ayuda
(la italiana y alemana a los fascistas) y otra (la soviética a los
antifascistas); calculan cifras, número de hombres y armamento. Nosotros
en cambio no somos capaces de imaginar desde ningún punto de vista la
equiparación entre un antifascista polaco de las Brigadas
Internacionales y un mercenario de la Luftwaffe. Lo que diferenció a
todos los voluntarios que lucharon por la democracia respecto a los
mercenarios fascistas fue lo siguiente: ellos estaban integrados en las
unidades republicanas bajo mandos republicanos, mientras que los
fascistas italianos y alemanes trajeron aquí sus propias unidades y
actuaban bajo sus propios mandos. Éstos a los que les gusta llamarse
nacionales, ponían a España a la sombra del III Reich.

1 comentario:
Siempre me ha interesado poder conocer las noticias actuales y también aprender sobre la historia mundial. Por eso constantemente estoy viajando a distintos lugares y me gusta aprender su historia. Como compre pasajes a londres, quisiera poder aprender aun mas sobre la actualidad de dicho país
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