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INTERCULTURALIDAD Y CIUDADANIA (GALIA DOMIC)



Galia Domic

En la Constitución Política del Estado boliviano hace apenas diez años atrás, se reconoció que la realidad nacional se encuentra marcada por la diversidad cultural y la presencia de diferentes etnias. Este reconocimiento se materializa en el artículo 1º del Título Preliminar de “Disposiciones Generales” de la constitución que data de 1995. En Ecuador tal reconocimiento se lo realiza ya en 1979, y en Chile se lo hace con la promulgación de la denominada ley del indígena en 1993. [1] 

En perspectiva a la fundación de nuestros países como estados nacionales, con una existencia de más de cien años, podemos decir que dicho reconocimiento es algo tardío. El reconocimiento tardío es el común denominador de las políticas de estado en toda Latinoamérica. La primera incógnita que nos planteamos ante este hecho es ¿Por qué se retrasaron tanto nuestros países en realizar dicho reconocimiento en el orden jurídico si la realidad vívida data de hace tanto tiempo? ¿De qué manera y por qué en las últimas décadas se plantea el problema de la interculturalidad como un tema importante para las políticas públicas?

Resolver estas preguntas merece un estudio historiográfico sobre la aparición en las políticas de estado de esta nueva conceptualización. En este artículo nos circunscribiremos a presentar simplemente ciertos supuestos y ciertas delimitaciones metodológicas, así como ciertas diferenciaciones conceptuales que pretenden facilitar la comprensión de aquello que se ha denominado “interculturalidad” y su irrupción en la visión de las políticas públicas.

Dos planos superpuestos

Bajo la misma línea de diferenciación que realizó R. Howard-Malverde, considero que para poder comprender mejor la aparición de la interculturalidad debemos diferenciar dos “planos”, dos horizontes a partir de los cuales se piensa la misma. Un primer plano que podemos caracterizar de “ideal” e “institucional”, que se presenta sobre todo en los discursos que emanan de las reformas estatales para la modernización del aparato estatal y la gestión pública.  Y otro plano que denominaremos el de la interculturalidad “vívida”, aquella de la cotidianidad cambiante, contradictoria, que es la que los grupos sociales perciben tal vez sin reflexionar demasiado sobre la misma.[2] Ambos planos, se encuentran en la realidad imbricados, superpuestos, pero ellos responden a diferentes perspectivas, acciones, discursos e intereses sociales determinados. Describir cada uno de estos contextos en los que emerge la “interculturalidad” es precisamente de lo que trata el presente artículo. Se parte entonces del supuesto de que no existe un solo concepto de interculturalidad, así como ésta no se restringe a un solo plano. Trataremos por tanto de comprender el contexto, los intereses y las acciones en las que dichas nociones de interculturalidad se generan. Describiremos algunos de los espacios en los que se constituyen estas dos visiones sobre la interculturalidad, realizaremos una breve caracterización de los topos sociales de los que emergen dichas nociones.

En la realidad estos dos planos existen superpuestos, ellos son parte de dos visiones de mundo que existen en la amalgama de las relaciones sociales y culturales diversas de Bolivia. La primera tiene una existencia ideológica, existe en una forma abstracta general y proyectiva (en las leyes, en los principios de las políticas públicas, en sus implementaciones, etc.); la otra tiene una existencia menos abstracta, y emerge de la percepción y vivencia de los actores sociales, en sus relaciones con el estado y sus instituciones, en espacios y tiempos específicos. Estas visiones se generan y son parte de vivencias, ideologías de grupos sociales, culturales e identitarios opuestos. La primera es propia de los intelectuales de las clases medias citadinas; la otro de los grupos marginados, discriminados del campo así como de las clases populares de las ciudades. En estos últimos prevalece la cosmovisión andina, emergente de un modo civilizatorio agrario. Su presencia en los grupos marginados populares urbanos pone de manifiesto la peculiar constitución imbricada de los mismos. Y presupone la superposición de formas de producción, así como de las relaciones de clases, grupos étnicos y marginales en el “modo civilizatorio” moderno[3]. La visión idealizada es propia de una cosmovisión moderna, frecuentemente denominada “occidental”, que defiende la democracia liberal y que aboga por la construcción de cierto tipo de subjetividad, aquella que busca la individuación del sujeto. La otra, propia de la cosmovisión andina, defiende la construcción de una subjetividad vinculada[4], es decir, la comprensión de la realidad relacional de la subjetividad, la cual trataremos de caracterizar más adelante.

Los actores sociales que comparten la visión andina si bien emergen de espacios rurales, pues su cosmovisión es propia  de un modo civilizatorio agrario, no dejan de tener una fuerte presencia en la vida cotidiana de nuestras ciudades y ellos forman parte de la búsqueda constante de formas de resistencia a las tradiciones denominadas “occidentales”, como parte de la supresión de su condición marginal y subordinada.  

Las nociones de interculturalidad institucionalizada, como las denominamos con fines metodológicos, en el presente artículo, son todas aquellas nociones y conceptos que aparecen como el “ideal” o el deber ser de la interculturalidad. Desde esta perspectiva idealizada la  interculturalidad es comprendida como un cambio de actitud con relación a las diferencias culturales, como la promoción del respeto mutuo entre culturas diferentes y la valorización de las mismas. Las relaciones sociales son definidas, en este marco, como un relacionamiento totalmente armónico y sincronizado, sin disonancias e incomprensiones. Está claro que la herencia racional e ilustrada lleva a esta noción abstracta de interculturalidad a concebir los procesos interculturales mediatizados por el poder de la razón, es decir, a través de la “concientización” del pueblo a través del desarrollo de una “cultura democrática”. Por tanto es necesaria la conciencia de los actores sociales sobre las diferencias culturales para poder generar respeto, democracia. Esta mirada se desarrolla en analogía a la concepción de  los procesos democráticos. Democracia, participación ciudadana e interculturalidad son casi idénticos. Desde esta concepción el eje mediador de los procesos de armonía y respeto entre diferentes pasa por la conciencia de los individuos. El ejercicio concreto de esta relación de equilibrio se articula a través de la conciencia colectiva e individual. Es decir, necesita de sujetos con identidad definida, con conciencia e individualidad que marque la diferencia entre un yo y los otros, entre nosotros y los otros. Todos estos conceptos son propios de la cultura moderna y decantan el concepto de “ciudadanía”, una manera concreta de asumir la subjetividad como sustancia.

La definición de democracia está totalmente vinculada con una forma de construcción de las relaciones sociales en la modernidad, propias además del desarrollo histórico capitalista. Todos estos conceptos se encuentran fuertemente ligados al concepto de nación y territorio. Las formas peculiares con las cuales en América Latina se fueron consolidando los estados nacionales dieron como resultado el predominio del modelo eurocentrico de modernidad y estado, estructurando una “sobre-determinación” de un modo civilizatorio moderno sobre el agrario comunitario.


El sujeto abstracto

La interculturalidad definida de manera abstracto general, propia de los intelectuales ligados a las reformas estatales, se encuentra  articulada con los procesos que denominaremos procesos de individuación de los sujetos[5] en la modernidad. Los procesos de individuación los comprenderemos como una nueva forma de relacionarse de los sujetos en la modernidad, en otras palabras una forma nueva de constelación de las relaciones sociales, las cuales  “obligan” a los sujetos a identificarse a sí mismos como entes biológicos, psicológicos y socialmente independientes. La construcción del individuo es un proceso propio de la sociedad moderna que se encuentra estrechamente ligado al concepto de ciudadano y estado-nación.

Es aquello que Marx explicará en El Capital: la construcción del sujeto “libre”, desvinculado de cualquier comunidad, de cualquier territorio, de cualquier diferencia cultural: sin propiedad alguna, enajenado. La libertad, que no sujete al trabajador moderno, es no poseer otra cosa que su propio cuerpo. Esto facilita su aparente pérdida de vinculo con el universo de las relaciones sociales e históricas que lo constituyen. Se crea una comprensión de exterioridad en las relaciones internas que configuran esa red compleja que es el sujeto enajenado, el sujeto mediado. El capital crea no sólo el trabajo abstracto sino al sujeto abstracto: sin propiedad, al igual que sin posibilidad de regenerar su existencia y la de la prole, al margen de su relación salarial: al margen del mercado. Libre del vínculo comunal, libre de propiedad alguna, libre poseedor de su simple existencia individual, el hombre abstracto solo pude existir dentro del mercado. Es sólo libre en la medida que es individuo, aislado no sólo de los demás sino de “si mismo” en tanto que ser genérico, ser social. La individuación del sujeto significa la enajenación de la propia existencia biológica y social del hombre y trae consigo la pugna entre la existencia relacional, cultural e histórica. El estado-nación se constituye en una dialéctica de consolidación de un sujeto global, al que no se quiere sujetado a una realidad cultural específica, que se abstrae en la búsqueda de un individuo “igual”, que el mercado, que la nación necesita como ciudadanía.  

La modernidad en su peculiar forma de producción masiva de mercancías implica la creación de un sujeto que pueda disponer sobre su cuerpo, y no de manera lírica o utópica sino plenamente real. La concreción de la libertad moderna es la realización de la teoría liberalista que puesta en práctica significa, la posibilidad real de la transformación del sujeto en mercancía: poder disponer del cuerpo significa poder venderlo, significa poder de trabajar. Esta la libertad efectiva del capital. El modo civilizatorio mediatiza todas las relaciones sociales a través del mercado.

¿Cuáles son las condiciones a través de las cuales los sujetos pueden romper los vínculos sociales de dependencia que no les permiten disponer sobre sus cuerpos, acciones y decisiones? La condición primordial es el desplazamiento de todas las relaciones sociales al reducto de las relaciones mercantiles. La sociedad moderna lo que trata de construir con la noción de ciudadanía son las condiciones jurídico políticas y económicas para que existan individuos libres, aquello que el mercado necesita: un sujeto enteramente desvinculado de un territorio, de una comunidad, de una cultura específica. Nace con de ella la comunidad abstracta imaginaria de la nación-estado, de la ciudad-estado.

El relacionamiento ideal que busca el mercado es la relación entre iguales, es decir entre sujetos abstractamente equiparables. Pero ¿cuál puede ser el punto de identidad de seres tan diferentes? su condición de ciudadanos. La individualidad es la puesta en marcha de la libertad para desplazarse, independizarse de las relaciones de dependencia que frecuentemente se desarrollan en las relaciones comunales y familiares en los espacios rurales. La individuación de los sujetos presupone la creación de las características que los conviertan en iguales de manera abstracta, y esta igualdad no puede ser otra que la capacidad de desarrollar cierto trabajo. La búsqueda constante de la construcción del individuo en la modernidad no persigue otro fin que el crear la mercancía más buscada en el mercado, aquella que puede vender sus capacidades intelectuales y físicas en una equivalencia abstracta, generando así plus valor. La producción capitalista de mercancías, necesita crear una mercancía más: el sujeto individualizado, poseedor de su propio cuerpo y la figura jurídica que lo respalda es la de ciudadanía. Sólo el espacio abstracto del estado-nación permite el desplazamiento del individuo para su comercialización como realidad independientemente sin vinculo a un territorio y a una comunidad de sujetos concretos. La individuación de los sujetos es un proceso necesario de la consolidación en los estados nacionales en perspectiva a su construcción como estados modernos.

Con la transformación del sujeto en mercancía, nos encontramos en el proceso de la transformación del hombre en un ser abstracto. El sujeto sólo puede convertirse en mercancía porque es equiparado por su capacidad de trabajo. Indistintamente del trabajo que realice el individuo se convierte, en el marco de las relaciones mercantiles, en “fuerza de trabajo”, en trabajo abstracto. Este hecho lo transforma en sujeto universal, equiparable a cualquier otro sujeto que forme parte de las nuevas relaciones sociales mercantiles primero a nivel nacional y luego en la esfera internacional. Se ha transformado en el ciudadano universal. Claro está en términos relativos. Pues su condición de ciudadano (de primera clase, o segunda, tal como se señala ahora metafóricamente) se encontrará sujeta a la manera peculiar en la que fue constituido en el estado-nación al que pertenece. La ciudadanía universal se da sólo desde la perspectiva del capital, es decir, desde la constitución del individuo abstracto y en concordancia desde las  relaciones entre estados nacionales, que acuerden el desplazamiento del trabajador, ahora universalmente enajenado.   

Los procesos de individuación no son provocados voluntaria y concientemente por ningún grupo social concreto, son procesos en los que todos los sujetos se ven involucrados, gracias a la preeminencia de las nuevas relaciones de producción y de propiedad que emergen con el modo de producción capitalista. Los sujetos quedan atrapados en sus propias relaciones sociales que los subsumen, sin que para ello medie asuma conciencia o voluntad alguna. El modo de producción mercantil desarrolla formas nuevas de socialización de los sujetos, formas mediadas de relacionamiento y de apropiación de sus cuerpos, de su vida. El liberalismo capitalista genera un sujeto tan libre de sí mismo que ni siquiera su propio trabajo le pertenece. En el proceso de trabajo, el individuo no satisface ninguna necesidad, sólo fuera de ella, satisfacerá sus necesidades con otras mercancías. La individuación de los sujetos los obliga a verse a sí mismos como entes aislados y sin pertenencia socio-cultural e histórica alguna.

La paradoja de la interculturalidad y el sujeto abstracto

El desplazamiento de las particularidades socio-histórica y culturales, su desaparición aparente, es una necesidad del modo peculiar de producción, de trabajo en el capitalismo. La creación del sujeto como mercancía implica el apoderamiento físico de los sujetos hasta en los límites de su existencia. Es aquello que denominaría Foucault, el poder capilar. Se trata de la posesión del cuerpo social en extenso, en los espacios más particulares y más pequeños. A través de la ciudadanización el cuerpo social es apropiado a través de la regulación del cuerpo del otro. La utilización del cuerpo hasta en sus movimientos mecánicos pequeños en una práctica que se apropiarán por otros, es el poder capilar del trabajo abstracto. Se trata de la posesión efectiva del cuerpo del “otro”, de sus capacidades biológicas, psicológicas y sociales a través de su definición como igual, individuo libre, en todos los sentidos antes señalados. Es por eso que la condición de las nuevas relaciones de individuación de los sujetos es la independización de las relaciones corporativistas que los involucren con un medio cultural determinado. Individualización o individuación moderna significa la construcción de una identidad cuyo eje articulador será una nueva comunidad, la del estado nacional y la aparente disociación de espacio público del privado. La subordinación de las relaciones comunales y las formas de producción agrarias a las mercantiles.

La modernidad obliga a que los sujetos se identifiquen como individuos para que se constituyan nuevas formas comunales e históricas abstractas. La nueva “comunidad” que pretende crear es la nación-estado gracias a la creación de sujetos abstractos, gracias a su individualización. Los procesos de individuación son propios de la moderna creación de los estados nacionales, y con ellos del ciudadano. En esta nueva comunidad, la del país, se identifican los sujetos como entes sociales abstractos,  no en referencia a su realidad comunal, familiar, cultural y social concreta. Se trata de la abstracción del sujeto en su singularidad cultural, social y étnica.  Se comienza por primera vez, a crear la imagen del sujeto como ciudadano, como parte de una realidad  territorial y nacional a la que se debe y por la que puede constituirse en individuo libre.

El proceso de individuación se une al concepto de libertad. Un concepto que está jurídicamente construido y que se apoya, de nuevo, en la condición  biológica del sujeto y la independencia del mismo de cualquier espacio territorial concreto, de cualquier comunidad histórica, de cualquier especificidad local. “Soy un ente autónomo porque mi estado de mayoría de edad me otorga derechos y deberes”, puedo decidir sobre mi mismo, entonces soy libre, soy ciudadano. Soy responsable de mis acciones, porque así mi condición madura, a nivel psicológico, biológico y  jurídico lo establecen. En mi libertad se realiza la consolidación de mi ciudadanía, y soy ciudadano no como realidad cultural, social y étnica diversa, sino en el marco de la abstracción, que realizan las nuevas relaciones sociales, que permiten la venta de mi cuerpo, trasladar mi cuerpo, poseer mi cuerpo. Lo único que poseo es mi ciudadanía, es una abstracción de mí mismo. Soy ciudadano porque frente al mercado todos somos iguales (idénticos). La consolidación político jurídica de cada uno de nosotros como ciudadanos, como hombres libres, es la reproducción de nuestra condición de hombres en abstractos, hombres ficticios. La realidad ideal que se crea con la noción de ciudadanía es el punto de partida para la consolidación del estado nación moderno y la democracia liberal. Mi libertad está sujeta a mi condición de ciudadanía, a mi condición de individualidad corporal jurídicamente respaldada. [6]

Interculturalidad abstracta

Es por eso que podemos decir, que hablar de los procesos de individuación del sujeto significa hablar de la constitución del sujeto como ciudadano, es hablar del sujeto individual moderno. La peculiar constitución del estado nacional boliviano, como continuidad de las formas “occidentales” junto al proceso de colonización que aún no acaba, tienen como correlato la sobre-determinación del modo civilizatorio moderno sobre el agrario. Este hecho se evidencia a través de la abstracción que sufre en el discurso de las políticas de estado el concepto de interculturalidad. La existencia de una interculturalidad “positiva” abstracta es consecuencia de la concepción del sujeto abstracto, parte constitutiva del concepto de democracia.

De igual manera que el modo civilizatorio moderno abstrae el trabajo concreto del hombre y lo convierte en trabajo abstracto, para hacerlo mercancía, de igual manera el discurso de las políticas de estado idealiza la interculturalidad. Se trata de un proceso de escisión entre una interculturalidad ideal, abstracta y la interculturalidad real, existente en la vida misma. Este proceso de diferenciación es propio de las políticas de estado, y no se trata simplemente de una herramienta metodológica. El concepto de interculturalidad será escindido por la necesidad que tienen las políticas de estado de constituir ciudadanía en la realidad. Esta construcción pasa no simplemente por la conceptualización de una interculturalidad ideal sino también por la implementación de políticas públicas en las que se comprenda que todos los ciudadanos son respetados porque son iguales. El estado articula políticas como proceso abstracto tal y como lo demanda la expansión del estado moderno y con ellas se edifica conceptualizaciones abstracto generales como las de la interculturalidad ideal.

El mecanismo particular a través del que se logra el proceso de abstracción de la interculturalidad es mediante la definición implícita de cultura. Concepto que puede contener todo y nada al mismo tiempo. Lo significativo del proceso de indefinición y abstracción del concepto de cultura, y con él el de interculturalidad, es lograr sustantivar la misma como algo dado. Si bien, la cultura, se puede modificar a lo largo del tiempo, mantiene una esencia transcendental idéntica así misma, sustantivándose su diferencia. Así como la cultura no se modifica de igual manera su identidad que la articula. Porque ¿Cómo podrían existir relaciones entre dos culturas diferentes si no se concibe estas como consolidadas, en un continuo esencial que permanece? Sólo así se pueden concebir relaciones interculturales. En la medida en que se diferenciaron identitariamente los dos tipos desde los que se confrontarán las diferencias. En ningún caso para la construcción de un nosotros, y muchos menos de un otro que se constituya como tal. El concepto de interculturalidad “positiva” es una muestra plena de la abstracción en la que se fundamenta el concepto en las políticas de Estado.

Todas estas nociones se encuentran desarrolladas y conforman  los discursos en torno a la interculturalidad que se inscriben en el marco de las políticas estatales. Ellas se afianzan en conceptos tales como “respecto a la diferencia”, “comunicación con el otro”, “tolerancia”, “democracia”, etc. Las nociones, las conceptualizaciones de la interculturalidad “positiva”, que vendría a ser la realización de la interculturalidad  tal cual se proyecta en las políticas estatales, apuntan simplemente en la consolidación del aparato estatal moderno, aquel que debe responder a las dinámicas que el mercado le exige.  Es la búsqueda de la construcción, en los hechos, de la nación, en todos los espacios y regiones de un país, y sobre todo en los espacios rurales donde los proceso de individuación son débiles.  Es la apropiación, a través de la apropiación de los cuerpos de los sujetos, en su estado de ciudadanía, de todo el espacio o territorio con los que los mismos se encuentran relacionados.

¿Cómo procesos de abstracción de la realidad cultural, social y étnica concreta pueden constituir parte de una noción de interculturalidad? La realidad del concepto de interculturalidad ideal es paradójica, ya que ella supone la construcción de una identidad nacional, para luego dar paso a las identidades regionales, locales. La noción de interculturalidad idealizada presupone,  procesos de individuación del sujeto que no son otra cosa que procesos de abstracción de su condición social, cultural, étnica diversa a través de la consolidación de la noción de ciudadanía. Los derechos reclamados de cualquier grupo social, étnico o cultural sólo se reconocen como parte de un estado-nación que los garantice. En otras palabras el concepto de interculturalidad  “ideal” o “positiva” supone no la existencia de la diferencia sino la identidad abstracta de las diferencias culturales. Pero además supone la existencia de identidades bien diferenciadas, he aquí la paradoja. Se trata de una sustancialización del sujeto y su identidad. Pues el relacionamiento de diferentes se da cuando se establece la existencia compacta de individuos con identidades culturales dadas. Donde los otros se hacen presentes mediados por la relación de ciudadanía vinculada al concepto abstracto de sujetos iguales y que se debe “incluir”. La paradoja de la noción de interculturalidad presupone la consolidación de la ciudadanía abstracta para otorgarle “derechos” a quienes se incorporan en el abstracto de la nación, de la ciudadanía. La interculturalidad es comprendida como el mecanismo de consolidación y reafirmación de la diferencia, en una demarcación abstracto general de lo que es el otro y el nosotros. Es la realización idealizada de relaciones armónicas porque suponen sujetos abstractos. Es hacer valer el principio democrático: todos somos iguales.    

Los sujetos vinculados

Pero la escisión que se realiza, desde las políticas de estado, de la interculturalidad  abstracta “ideal” y aquella que es real, no soporta la complejidad de la constitución del Estado nacional y las formas peculiares de constitución de la subjetividad en sociedades “multisocietales”[7] como la boliviana. Esta última se configura de manera singular con relación a las tradiciones cosmovisionales regionales. En el presente trabajo trataremos de otorgar un ejemplo del área andina.
  
Los procesos de individualización en sociedades “multisocietales” donde se solapan formas civilizatorias  agrarias y modernas, se despliegan de manera  compleja. La forma en la que se constituye la subjetividad en modos de producción agrarios no abandona la base interrelacional. Muchas de las acciones que realizan los sujetos involucrados en la tradición andina se caracterizan por concebirse como acciones colectivas y no de responsabilidad individual. Se conciben las acciones de los sujetos en el marco de las relaciones interpersonales y todo el tiempo vinculadas a las mismas. Las responsabilidades son necesariamente compartidas y no individuales, ellas persisten en el marco de una visión comunal concreta. [8] La familia tiene un concepto altamente corporativo, y la subjetividad en el marco de la cosmovisión andina es una subjetividad que se considera vinculada. Un ejemplo interesante de dicha noción comunal, familiar corporativa, es presentado en los estudios antropológicos realizados por A. Sppeding. El “individuo vinculado”, es la definición que realiza la antropóloga para definir la subjetividad andina. Pues el sujeto piensa y acciona en perspectiva a comprender su realidad subjetiva, tanto en la esfera de la responsabilidad como del prestigio no de manera individualizada. Esta inter-subjetividad se presenta claramente en ciertas formas de comprender las acciones y determinaciones no autónomas de los sujetos. Sppeding nos dice “.... la familia andina....es notablemente corporativ(a) (G.D.). Si el hermano mayor consiente en abandonar el estudio y trabajando en la empresa familiar contribuye a que su hermano menor pueda estudiar y eventualmente sale profesional, en vez de sentirse rezagado y resentirlo, puede sentir que el mismo comparte ese éxito: ´mi hermano es médico` (aunque yo sólo soy cerrajero).”

Para el mundo desarrollado ésta es una prueba fehaciente del atraso y subdesarrollo, que no permite, entre otras cosas, el respeto a los “otros”. No da paso al establecimiento de un “estado de derecho”, que se consolide a través del sujeto individuado, es decir, del hombre no sujetado a vinculo alguno que no sea su cuerpo. La noción del provecho personal, de la responsabilidad individual, se aplica a sujetos que se comprendan fuera de relaciones corporativas, colaborativas, se aplica a individuos “libres”. Al no estar consolidado en el imaginario de los sujetos andinos el concepto de individuo, ciudadanía y al regir sus acciones y reacciones aún por un sentido coorporativo, no se permite el perfeccionamiento de todo el sistema político social imperante en toda latinoamericana: el capitalismo.  Se trata del afianzamiento de algo que en nuestras realidades no se ha conformado: los estados nacionales y el estado de derecho que implica su consolidación. Las nociones de interculturalidad presentadas por las nuevas políticas estatales que persiguen el establecimiento de dichas condiciones para ejercer el poder pleno sobre todos los espacios del territorio nacional.

Pero tal ejercicio del poder se debe dar concertadamente, permitiendo la supervivencia de las tradiciones culturales y étnicas particulares, ya que “... la supresión de la propia particularidad cultural produce más bien sensaciones negativas y agresivas en vez de abrirse a las dimensiones de la otra cultura.” como afirma el analistas Wulf .[9] Por eso el punto de partida es la preservación de las tradiciones culturales existentes para no provocar subversiones en las relaciones sociales existentes y permitir así la incorporación del nuevo principio de identidad cultural y comunal: el principio de ciudadanía. Este principio de nacionalidad abstracta es el marco del respeto de las diferencias en los espacios nacionales, a pesar que estas diferencias sean económicas, sociales y totalmente injustas y coloquen a algunos en un estado total de alienación y enajenación.  

Los principios fundamentales sobre los que se construye el sistema político boliviano se articula fundamentalmente sobre la noción de interculturalidad idealizada: abstracta. Porque la misma emerge en el marco de la búsqueda de consolidación del estado nacional moderno. Esta noción articulada desde principios éticos- morales hasta acciones concretas a ser desplegadas para las reformas del aparato estatal.

Un ejemplo claro de la visión obediente a formas efectivas de potenciamiento de las instituciones del aparato moderno del Estado y que muestran esta voluntad de aparente restitución de derechos culturales diferentes son medidas como las implementadas en la administración del poder judicial. En el marco de las reformas al sistema judicial y la administración de justicia, el principio de respeto de las diferencias culturales y étnicas se operacionalizó “técnicamente” con la implementación en los juicios, de traductores para las personas monolingües, además de la apertura de un centro de información con personal aymara hablante, en el caso de las oficinas de juzgados de la cuidad de La Paz. Una operacionalización técnica, que muestra la manera de interpretar el respeto a la diferencia: superficial y sin comprensión de las diferencias culturales efectivas. Sin embargo, estas reformas de la administración de justicia, no se plantearon en indagar cuáles son las nociones de culpa que existen, por ejemplo, en el mundo andino. Dichas reformas ignoran radicalmente la posible existencia de diferentes formas de comprender las responsabilidades frente a situaciones delictivas. Se imponen así una noción de interculturalidad que presupone el dominio de una cultura sobre otra y se ejecutan transformaciones  “cosméticas” en las instituciones estatales. En el mismo trabajo  Sppeding mostró como en el contexto urbano paceño, y en los espacios impregnados con la cosmovisión andina, el sentido de responsabilidad sobre una acción individual no es asumida de esta manera.

A manera de conclusión

Comprender los procesos democráticos es transparentar las relaciones sociales en todas sus dimensiones. Frecuentemente en los análisis de la ciencia política se reclama que se debe diferenciar las reflexiones económicas de las relaciones políticas. Cuando Marx investigó las características peculiares de la constitución de las relaciones sociales en el modo de producción capitalista mostró que los procesos de definición jurídico-político están estrechamente vinculados a las relaciones de producción de vida  en esa forma civilizatoria capitalista. La política es la economía concentrada

El reconocimiento mutuo sólo es posible en el momento en que destrocemos el concepto de ciudadanía que transforma y desvincula a los sujetos de su condición social, humana interdependiente. Pero la visión abstracta de relaciones interculturales “positivas” implica sujetos abstractos, es decir sujetos iguales, enajenados de su propia realidad. No existen relaciones armónicas en ninguna realidad histórica social, en ninguna práctica social. Los equilibrios relativos con cambios permanentes, y  configuraciones no sustanciales son los ejes de la existencia. La lucha de clases, las indifectiblemente, correlación de fuerza, con acciones y reacciones nos constituyen productivamente. Incluido el concepto de ciudadanía crea una primera pugna entre el modus vivendi de la urbe, el de la ciudad, pues privilegia a este último.

¿Será posible que en una sociedad moderna existan relaciones de reconocimiento del otro cuando la realidad y los procesos sociales se encuentran reducidos a la simplificación de las relaciones abstracto mercantiles?

BIBLIOGRAFIA

R. Howard- Malverde: “La interculturalidad vivida: testimonios de mujeres desde el Norte de Potosí” en Juan Gofdezzi, titulada: “Educación e Interculturalidad en los Andes y la Amazonía”, Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas. 1996.

Marx , C. y Engels, Obras escogidas, Tomo I, Ideología Alemana, edit. QuintoSol,

Marx, C.,: Manuscritos económico filosóficos de 1844, edit. Grijalbo, S.A., México D.F., 1968.

Tapia, L., “La condición multisocietal. Multisocietal, pluralismo, modernidad”, edit. Muela del Diablo, 2002.S.

Spedding, A., Alison Spedding, “El individuo vinculado: acción, culpabilidad y responsabilidad individual en los andes.”, en: Revista de la Carrera de Filosofía, Quinta época, Nº 1, Diciembre del 2002.A.  



[1] En el caso de la Constitución peruana se incluye un artículo en el que se postula que el Estado “reconoce y protege” la diversidad étnica y cultural. En el caso concreto boliviano la inclusión del artículo pertinente se realiza a través de la caracterización de la realidad del país, caracterizando al Estado boliviano como pluri étnico y multicultural. Tal vez las características peculiares de dicho reconocimiento sean diferentes, tal vez en el caso peruano exista esta mirada pasiva de parte del estado, a diferencia del caso boliviano. Pero al margen de estas definiciones que pueden ser muy importantes en términos jurídicos de una u otra manera existe el reconocimiento de la realidad culturalmente diversa que aparece en cierto periodo histórico. 
[2] Esta diferenciación de la interculturalidad del discurso intelectual y de la interculturalidad tal como la viven y perciben los actores sociales, la adopte de los estudios etnográficos antropológicos realizados por R. Howard- Malverde y presentados en la compilación de Juan Gofdezzi, titulada: “Educación e Interculturalidad en los Andes y la Amazonía”. Si bien son reflexiones desarrolladas en el marco de la investigación educativa creo que esta diferenciación es pertinente para todas las políticas de modernización del Estado boliviano. Howard-Malverde presenta dicha diferenciación como el resultado de las investigaciones realizada por ella en el Norte de Potosí- Bolivia.
[3] El concepto lo retomo de los trabajo de Luís Tapia, quien modifica, la desgastada categoría de “modo de producción” por el concepto de modo civilizatorio, quitándole la connotación economisista, generado por el marxismo ortodoxo, y devolviéndole su acepción de formas creación de la vida humana. Vease: “La condición multisocietal. Multisocietal, pluralismo, modernidad”, edit. Muela del Diablo, 2002.
[4] La definición de sujeto vinculado la extraigo de las investigaciones preliminares realizadas por la antropóloga  Alison Spedding, presentada en la ponencia: “El individuo vinculado: acción, culpabilidad y responsabilidad individual en los andes.”, en: Revista de la Carrera de Filosofía, Quinta época, Nº 1, Diciembre del 2002.
[5] La construcción del sujeto “libre”, desvinculado de cualquier comunidad de cualquier propiedad. La libertad que no sujete al trabajador moderno es no poseer otra cosa que su propio cuerpo. Esto facilitará su no vínculo a un universo de relaciones culturales que lo constituyen. El capital crea no sólo el trabajo abstracto sino al sujeto abstracto: el hombre libre. Es sólo libre en la medida que es individuo, aislado de lo que lo define, del tipo de relaciones que los constituyen, de los demás, por tanto de sí mismo en tanto que ser genérico, ser social.
[6] Si se estableció en algún momento a nivel jurídico la figura del ciudadano, es por que el sistema de producción que la burguesía naciente desarrollaba, así lo requería. Todo en el marco de la visión idealizada del “pacto social” de Rousseau, propia del momento social en el que emergía la noción de individualidad como realidad histórico social y como concepto. 
[7] Véase el texto de Tapia, “La condición multisocietal. Multisocietal, pluralismo, modernidad”, edit. Muela del Diablo, 2002.S
[8] A. Sppeding. El individuo vinculado: acción, culpabilidad y responsabilidad individual en los andes. En: Kollasuyo, Filosofía Andina,  revista de la carrera de filosofía-UMSA, Quinta época Nº 1, Diciembre del 2002 
[9] Citado por Ileane Soto, “La interculturalidad en la educación básica ecuatoriana”en: Educación e Interculturalidad en los Ancudes y la Amanzonía, p.143, Compilador, Juan Godenzzi, e. Centro Regionales Andinos “Bartolomé de las Casas”, Cusco, 1996.

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