Angelo Alves
Miembro de la comisión política del PC Portugués
Traducido por Juventud Comunista de Bolivia
Hace dos
años y medio, una poderosa sublevación popular obligó a la Casa Blanca a dejar
caer uno de sus más fieles dictadores en la región. Pero Washington ha hecho de
todo para no dejar “en la calle” “su” poder económico y militar en Egipto. Los
periodos siguientes, de la designación de la junta militar que aseguraría la
transición “democrática”, de la preparación de las elecciones parlamentares de
noviembre del 2011 y de las elecciones presidenciales de mayo y junio del 2012,
han demostrado como el imperialismo, y en particular el imperialismo
norteamericano, ha actuado siempre con dos objetivos: mantener en las “fieles”
élites militares la mayor parte del poder económico, político y militar del
país y, al mismo tiempo, encontrar las “soluciones políticas” capaces de
asegurar que el poder resultante de la “transición” no ponga en tela de juicio
la construcción del poder imperialista en la economía, en la política y en el
ejército egipcios. Ha sido así como la Hermandad Musulmana ha llegado al poder.
La realidad
dirá cuáles son las razones principales de la violenta remoción del poder a la
Hermandad Musulmana, a través del golpe militar que ha instrumentalizado la
justa revuelta popular contra la política y la línea de “islamización” de la
constitución que la Hermandad Musulmana ha buscado de imponer. Sin embargo
entre ellas podrá figurar la “misión” de la derecha islámica de no subordinarse
tan fielmente a las tácticas del imperialismo.
Es a la luz
de ésta realidad que se debe mirar los más recientes advenimientos: como el
golpe de Estado militar al precedente régimen, la anunciada liberación de
Mubarak, el aprisionamiento en masa de dirigentes políticos, la disolución con
la fuerza de las manifestaciones, la incitación a la violencia, la matanza de
750 personas por parte del ejército, es decir el retorno a la dictadura pura y
dura.
Pero es
importante también tener en cuenta otros dos elementos fundamentales en la
lectura de la situación. El primero es que las masas populares en movimiento, y
los movimientos que luchar por una auténtica revolución en Egipto, han
aprendido mucho en estos más de dos años y medio de lucha. Tal factor será determinante
para confirmar si el falso dilema que se quiere imponer a Egipto –entre un
régimen religioso islámico y una musculosa dictadura militar–, y que nada
tienes que ver con los intereses reales del pueblo, encontrará un camino.
El segundo
elemento es representado por la estrategia del imperialismo de
desestabilización de la región y de uso de la fuerza militar, para, a través
del falso dilema anteriormente referido, conservar a cualquier costo su propio
poder. Israel y EE.UU., con el apoyo de la Unión Europea y la participación de
las dictaduras del Golfo (en particular de la dictadura saudita), están detrás
de varias situaciones explosivas en la región. Sea en Siria, donde se alían a
terroristas islámicos radicales para tratar de hacer caer el legítimo gobierno
siria; sea en Líbano donde, en las palabras del presidente libanés Suleiman, el
reciente atentado terrorista en los suburbios de Beirut, “tiene las huellas
digitales del régimen israelita”; sea aún en Palestina, donde el régimen
sionista, con el apoyo de los Estados Unidos, continúa las provocaciones
militares y la construcción de asentamientos coloniales, en el mismo momento en
el cual la Autoridad Palestina se ve obligada a tratar negociados que distintas
organizaciones palestinas ya han puesto en discusión.
La
dictadura saudita, en lo relativo a Egipto, habla de apoyo a la lucha contra
los terroristas, mientras en Siria proporciona armas a los terroristas
islamitas. Los Estados Unidos y la Unión Europea están involucrados en una
guerra de agresión contra Siria instrumentalizando el concepto de “democracia”,
la misma “democracia” que atropellan cuando prácticamente dan cobertura al
golpe de los militares egipcios y a la violenta represión.
Aquello que
parece prevalecer en una visión general de la situación, y que Egipto no hace
otra cosa que confirmarlo, es el hecho de que el imperialismo quiere imponer la
división y el caos en la región para poder continuar a reinar. Contra tal
estrategia existe solo un arma posible, la unidad de los trabajadores y de los
pueblos árabes en torno a sus intereses nacionales y de clase. Esta es la única
vía de escape posible del callejón sin salida en el cual se encuentra, en
manera constreñida, la región.


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