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La China, la paz y la cooperación internacional

José Reinaldo Carvalho
Director del portal Vermelho
Secretario nacional de Comunicación del PCdoB
Síntesis del discurso presentado en el seminario "China en el 21° siglo: Presente y futuro"
Bruselas, Bélgica
6 y 7 de junio del 2013

Traducido por Juventud Comunista de Bolivia

Al valorar el desarrollo de la China y la evolución de su posición internacional, debemos tener en cuenta la situación internacional, que es fuertemente influenciada por el contexto de una crisis sistémica y estructural del capitalismo, crónica y multidimensional, un sistema incapaz de garantizar a los pueblos el desarrollo económico, el progreso social, la democracia, la soberanía nacional, la paz y la sostenibilidad ambiental.
Están en curso importantes fases de transición y de cambiamientos en las relaciones de poder en el mundo, emergen nuevas correlaciones de fuerza y significativas mutaciones económicas y geopolíticas; se manifiesta una tendencia multipolar, que presupone una incidencia mayor de contradicciones, empeoro de los conflictos y una intensificación de la resistencia y de la lucha de las masas populares.

Hay nuevos polos geopolíticos, que reflejan el emerger de nuevos bloques económicos. Para contrastar esta tendencia se alarga la ofensiva colonialista e imperialista a todos los niveles, incluso los militares. La situación internacional está caracterizada por una creciente inestabilidad e incerteza.

Según el National Intelligence Council de los Estados Unidos, EE.UU. continuará a mantener la propia hegemonía ya en declino, y en el 2030 la economía asiática será más grande que la de los Estados Unidos y la Unión Europea juntos. La crisis golpea fuertemente también los países europeos, acelera su declino relativo, hace girar su política y mina el proyecto de “integración” de la UE. Y en este contexto se evidencia el carácter imperialista de Alemania.

Es en este escenario que se vuelve importante la ascensión de la China, con su prodigioso desarrollo de fuerzas productivas, su crecimiento vertiginoso y su creciente rol en las relaciones internacionales.

La China en los últimos 10 años, ha superado el Reino Unido, Francia, Alemania y Japón hasta volverse la segunda economía del mundo, detrás de los Estados Unidos. En el 2016, según la previsión del FMI, o en el 2020 según la del National Intelligence Councile de los EE.UU., la China será la primera economía del mundo. Es en este contexto que ha emergido el grupo de naciones denominado países BRICS – Brasil, Russia, India, China y Sudáfrica.



El forum del BRICS ha fortalecido este rasgo de la situación internacional, remarcando en particular la decisión del grupo de crear un Banco de desarrollo para financiar las inversiones y sostener la economía de estos países, y otros países en vías de desarrollo.

De grande importancia para el grupo ha sido la creación de un fondo de reservas. Este es un golpe significativo contra la hegemonía financiera, que sostiene los intereses imperialistas de los Estados Unidos, del Reino Unido y de otras naciones europeas que dominan la economía mundial e instrumentalizas el FMI y el Banco Mundial.

Hoy, los países del BRICS acumulan más de la mitad de la reservas de divisas del planeta. Además, estas cinco naciones son ahora responsables de más del 21% del PIB mundial, una cuota que podría duplicarse en una década. Tendrán, juntos, casi la mitad de la población mundial (42%) e de la fuerza de trabajo del planeta (45%).

Los acuerdos económicos concordados entre los BRICS están dirigidos a un reordenamiento global de construcción económica y financiera, a sus propios programas de desarrollo, favoreciendo el crecimiento, la cooperación y el compromiso –y contra los dictámenes del imperialismo– y creando las condiciones para sustituir el dólar como valor de cambio con las monedas nacionales BRICS y movilizar recursos para financiar proyectos infraestructurales y de desarrollo sostenible.

Al interno de esta misma configuración de contradicciones geopolíticas y económico-financieras, con el emerger de controversias debidas a la descentralización del poder mundial, se puede evidenciar la formación de otras alianzas y bloques compuestos por los BRICS o parte de ellos, como la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) –que reúne la China, Rusia y países vecinos como Kazajistán y Uzbekistán–, el Foro de diálogo compuesto por India, Brasil y Sudáfrica (IBAS), los procesos de integración en América Latina y el Caribe, el G77, las contradicciones en el seno del OMC, la lucha por la reforma y la expansión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como las contradicciones económicas y geopolíticas al interior del G20, que comprende las 20 mayores economías del mundo.

La China tiene un rol importante en esta lucha. Su reforzamiento como nación soberana, sus esfuerzos por consentir las estrategias nacionales de desarrollo y la transición al socialismo, sus acciones y la cooperación internacional y por la paz, son aplaudidos por sus amigos en todo el mundo.

La República Popular China, grande país gobernado por el Partido Comunista, en transición hacia el “socialismo con características chinas”, emerge como un país cada vez más importante en el escenario internacional, y su acción internacional combina objetivamente las banderas de la paz y de la cooperación al desarrollo. La China construye a grandes pasos un país avanzado y siempre más próspero. Sus desafíos actuales, partiendo de la realización del 18° Congreso del Partido Comunista, son la innovación científico-tecnológica, el desarrollo sostenible, mayor urbanización, la política ambiental y la calidad de la vida.

La política externa de la China juega un papel importante en la situación internacional. Siendo, obviamente, una política por la defensa de los intereses nacionales de la China, que está comprometida a afirmarse como un de los principales interlocutores de las relaciones externas a nivel mundial, y a volverse una potencia influyente en el curso de los eventos en el propio contexto geográfico y en el mundo. Este es un factor de equilibrio que favorece la paz, el desarrollo, la cooperación y la descentralización del poder respecto a un único polo hegemónico global.

Realizando un balance retrospectivo, se puede decir en síntesis que la política externa de la República Popular China ha registrado cuatro fases de su evolución y hoy vive una quinta fase.

La primera fase ha sido caracterizada por la búsqueda de la seguridad, el período que va desde la fundación de la república Popular China en el 1949, hasta 1960, cuando eran fuertes las amenazas por parte del sistema imperialista. “Proteger la independencia, la libertad, la soberanía y la integridad territorial, oponiéndose prácticas de agresión y de guerra” –Así la Conferencia consultiva política del pueblo chino caracterizó los objetivos de la política externa de la naciente República Popular en el documento del 1949. En ese período, la China ha tenido como principal aliado la Unión Soviética. En febrero del 1950, el presidente Mao Tse Tung se encontró con Stalin en Moscú, firmando el tratado chino-soviético de amistad, alianza y de asistencia judicial. La segunda fase es caracterizada por la independencia en las relaciones y en las acciones externas. El período corresponde a la rotura con la URSS. El tercer paso es representado por el ingreso de la China a las Naciones Unidas y la institución de relaciones diplomáticas con la mayor parte de los Estados nacionales.

En la cuarta fase, que ha tenido su inicio en 1978, en concomitancia con la política de reforma y apertura al mundo exterior, la China ha ampliado los programas de cooperación en busca de ayuda para los proyectos de desarrollo.

En este período se vuelve importante la relación bilateral con los Estados Unidos. Hoy, se puede decir que la política externa de la China ha entrado en una quinta etapa de un mundo que cambia, marcada por incertezas y amenazas a la paz y por la búsqueda de nuevos equilibrios de poder.

La política externa de la República Popular China asume límites realistas y está enteramente dedicada al refuerzo del poder nacional chino, que es esencial para un mundo de paz y de equilibrio de poder.

El nuevo secretario general del Partido Comunista Chino, Xi Jinping, ha prometido, asumiendo su cargo a la cabeza del Partido Comunista y del mismo Estado chino, “una ulterior apertura” de la China y ha dicho que el avance del país no será producido a expensas de otros.

En el discurso que ha presentado las líneas principales de su política externa, el nuevo líder chino ha lanzado un mensaje de paz a la comunidad internacional para garantizar que la China está “comprometida con un desarrollo pacífico”.

“Si la China debiese vencer, no significa que los otros perderán”, ha dicho el secretario general, que ha insistido sobre el hecho que su país “no es una amenaza para el mundo”.

Para alcanzar sus objetivos de construcción del país, la China ha asegurado que “se abrirá ulteriormente hacia el externo”.

Además, según el nuevo líder chino, considerados los problemas actuales del mundo, entre los cuales está la situación económica global, ningún país puede pensar de resolverlos por sí solos, y por tanto es necesario “estar juntos, unidos, colaborando para resolverlos”.

Para los pueblos del mundo, los países amigos, las fuerzas progresistas, para los partidos comunistas, es importante el desarrollo, el rol internacional de la China, que refuerza su política externa independiente y pacífica, que conserva el objetivo de garantizar su independencia y su soberanía, esforzándose por crear un clima internacional adapto a la situación, la reforma y la apertura del país, y de sostener la paz en el mundo y promover el desarrollo común.

Es positivo para los amigos de la China que ella decida la posición por adoptar de vez en vez en el cuadro internacional, en conformidad con lo que es correcto e incorrecto, justo e injusto, sin sufrir las presiones de un cualquier otro país.

Es de fundamental importancia que la política externa china sea dirigida a defender la paz mundial. La China no practica el expansionismo militar, se opone a cualquier hegemonismo en cualquier forma, rechaza la política de la fuerza, la agresividad territorial, la intervención de un país en los asuntos internos de un otro, usando como pretexto los problemas de los derechos étnicos, religiosos o humanos.
Esto sirve también a mantener las relaciones y la cooperación con otros países amigos, sobre la base de cinco principios; del mutuo respeto de la soberanía y de la integridad territorial; de no agresión; no injerencia en los asuntos internos de un país por parte de otro; igualdad y ventajas; convivencia recíproca y pacífica, sin pretender como norma de cooperación la asimilación del propio modelo, del propio sistema social e ideológico.

Incluso reforzar la unidad y la cooperación con los países en vías de desarrollo es de grande importancia en el mundo contemporáneo. Es sobre esta base que la China desarrolla con el Brasil una colaboración estratégica ventajosa para ambas partes y ello favorece la cooperación internacional.


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