Stalin
y Enver
«En nuestra opinión, el XX Congreso y, en particular, el informe secreto del camarada Jruschov, no plantearon la cuestión del camarada Stalin de una manera correcta y objetiva, con espíritu marxista-leninista. En este sentido, Stalin era severamente e injustamente condenado por el camarada Jruschov y el XX Congreso. El camarada Stalin y su actividad no pertenecen solamente al Partido Comunista de la Unión Soviética y al pueblo soviético, sino a todos nosotros. Igual que el camarada Jruschov planteó en Bucarest que las divergencias existentes no son entre el Partido Comunista de la Unión Soviética y el Partido Comunista de China, sino entre el Partido Comunista de China y el comunismo internacional, de la manera que se complace en decir que las resoluciones de los XX y XXI Congresos fueron adoptadas por todos los partidos comunistas y obreros del mundo, así, de la misma forma, debió mostrarse más generoso y consecuente en juzgar los actos de Stalin para que aquellas decisiones fueran adoptadas conscientemente por los partidos comunistas y obreros del mundo entero.
No puede haber dos balanzas y dos medidas para estas cuestiones. ¿Por qué el camarada Stalin fue condenado en el XX Congreso sin que los otros partidos comunistas y obreros del mundo fueran consultados previamente? Por qué ante los partidos comunistas y obreros del mundo se lanzó súbitamente el «anatema» contra Stalin, y muchos partidos hermanos se enteraron de esto solo cuando el imperialismo hizo imprimir en gran cantidad el informe secreto del camarada Jruschov?
Al mundo comunista y al mundo progresista se le impuso -por el camarada Jruschov- la condena del camarada Stalin. ¿Qué podían hacer nuestros partidos en estas condiciones, cuando súbitamente, empleando la gran autoridad de la Unión Soviética, se les imponía así, en bloque, semejante cuestión? El Partido del Trabajo de Albania se encontraba ante un gran dilema. No estaba, como por lo demás no estará jamás, convencido de la razón por la que se condenó al camarada Stalin de la manera y en la forma como lo hizo el camarada Jruschov. Si, en general, nuestro partido si bien se quiso suscribir globalmente a las formulaciones del XX Congreso sobre esta cuestión, no se ajustó estrictamente a las limitaciones fijadas por él, ni cedió frente a los chantajes e intimidaciones que se le hacían desde el exterior. El Partido del Trabajo de Albania se mostraba realista sobre la cuestión de Stalin, se mostraba justo y agradecido con este glorioso marxista a quien, mientras vivió, nadie tuvo la «valentía» de criticar y a quien, después de muerto se le cubre de barro. Así se ha creado una situación intolerable. De tal modo que en toda una época gloriosa de la Unión Soviética, cuando fue erigido el primer Estado socialista en el mundo, fortaleciéndose la Unión Soviética, venciendo con éxito los complots imperialistas, aplastando a los trotskistas, los bujarinistas y los kulaks como clase; cuando se logró levantar la industria pesada y triunfó la colectivización, en una palabra, toda una época en que la Unión Soviética se convirtió en una gran potencia, en la que se edificó triunfalmente el socialismo, en la que se luchó con legendario heroísmo en la Segunda Guerra Mundial venciendo al fascismo, en una época en que fue creado el poderoso campo socialista, etc. Así pues en toda esa gloriosa época de la Unión Soviética se niega el papel dirigente de I.V. Stalin.
El Partido del Trabajo de Albania considera que no es justo, normal ni marxista que el nombre y la gran obra de Stalin sean borrados de toda esa época como se está haciendo. La obra inmortal de Stalin nos incumbe a todos defenderla. Quien no la defiende es un oportunista y un cobarde.
El camarada Stalin, por su papel personal y como dirigente del Partido Comunista Bolchevique, fue al mismo tiempo el más eminente guía del comunismo internacional después de la muerte de Lenin; influyó positivamente y con gran autoridad en la consolidación y el desarrollo de las conquistas del comunismo en el mundo entero. Todas las obras teóricas del camarada Stalin son un vivo testimonio de su fidelidad a su maestro genial el gran Lenin, y al leninismo. Stalin luchó por los derechos de la clase obrera y de los trabajadores del mundo entero, luchó consecuentemente y hasta el fin por la libertad de nuestros países de democracia popular. Viéndolo desde este punto de vista, Stalin pertenece a todo el mundo comunista y no solamente a los comunistas soviéticos, pertenece a todos los trabajadores del mundo y no sólo a los trabajadores soviéticos. Si el camarada Jruschov y los camaradas soviéticos hubiesen enfocado la cuestión con este espíritu, los graves errores cometidos se hubieran evitado. Pero ellos consideraron de manera superficial la cuestión de Stalin, y únicamente según el punto de vista interno de la Unión Soviética. Mas, a juicio del Partido del Trabajo de Albania, incluso desde este punto de vista han valorado unilateralmente la cuestión, han visto solamente sus errores pasando por alto casi toda su inmensa actividad, su gran contribución al fortalecimiento de la Unión Soviética, al temple del Partido Comunista de la Unión Soviética, a la edificación de la economía, de la industria y de la agricultura koljosiana, y a la dirección del pueblo soviético hacia la gran victoria sobre el fascismo alemán. ¿Ha tenido errores Stalin? Es inevitable que en un período tan largo lleno de heroísmo, esfuerzos, luchas y victorias, hubiera también errores, no solamente personales de Stalin, sino también de la dirección soviética como órgano colectivo. ¿Qué partido, qué dirigente puede considerarse exento de errores en su trabajo?
Cuando se dirigen críticas a la actual dirección soviética, los camaradas soviéticos nos aconsejan que miremos adelante, que dejemos a un lado la polémica, pero cuando se trató de Stalin, lejos de mirar adelante, miraron hacia atrás, muy atrás, para rebuscar solamente en los puntos débiles del trabajo de Stalin. Desde luego, había que superar el culto a la personalidad de Stalin. ¿Pero, acaso se puede decir, como se dijo, que Stalin era el artífice mismo de ese culto a la personalidad? El culto a la personalidad debía ser superado indiscutiblemente. ¿Pero era acaso necesario y justo que se llegara al extremo de que quien mencionaba el nombre de Stalin era señalado inmediatamente con el dedo y quien citaba a Stalin era mirado con malos ojos? Algunos destruyeron con rapidez y diligencia las estatuas de Stalin y cambiaron los nombres de las ciudades bautizadas con el de Stalin. ¿Pero por qué ir tan lejos? En Bucarest, el camarada Jruschov se dirigió a los camaradas chinos diciéndoles: «Se agarran ustedes a un caballo muerto, si quieren, vengan a llevarse también sus huesos». Todo esto lo decía refiriéndose a Stalin. El Partido del Trabajo de Albania declara solemnemente que se opone a estos actos y a estas apreciaciones sobre la obra y la persona de Iósif Stalin»
Declaración de la Conferencia de los Representantes de los Partidos Comunistas y Obreros de los Países Socialistas.
Tirana
1958, p.86-88, ed. Albanesa
