Los colores de la BOA
Vicuña (ehgc_lp@yahoo.es)
En las organizaciones siempre se encuentran personas que, pese a nunca aparecer en público, son artífices imprescindibles en los procesos políticos orgánicos, uno de ellos fue Jorge Luvin Tapia, un comunista que desde el anonimato público hizo revolución y constancia, como dijo Bretch, uno de los imprescindibles. Hoy Vicuña da voz a uno de sus mejores amigos, Rolando Ramírez, para rendir homenaje a Jorge, por su sentida muerte.
I
El frío arrecia en la noche. La Brigada Oscar Alfaro (BOA) ya ha definido el recorrido por donde pasarán las brochas que le darán color revolucionario a los muros que pacientemente esperan en la oscuridad. Uno a uno, disciplinadamente, los comunistas recogen el ocre y la herramienta asignados, mientras los overoles y buzos cubren los cuerpos aún tibios para combatir las heladas horas que se aproximan; un café es el remedio para el sueño.
El diseño convenido del mensaje toma forma paulatinamente. Antes de romper el silencio de los adoquines, las ideas se divierten brevemente hasta encontrar la consigna adecuada. Pocas son las precauciones a la hora de anunciar las campanas, siempre salvadoras en tiempos clandestinos.
El amarillo es el fondo que un militante debe tender sin manchas para resaltar cada palabra, cada rostro, cada puño. El azul tiñe la consiga con la anchura del camino elegido, mientras el naranja mide la fuerza de los rostros y los puños golpeando las paredes urbanas a que despierten con asombro. Nuestra bandera está lista para recibir el rojo color de una sociedad sin explotadores ni explotados, con pan, trabajo y libertad para nuestro pueblo. Y si acaso esto no estuviera definido, la elegante línea negra deja claramente delineado el mensaje que místicamente la tarea revolucionaria le ha dejado al pueblo. La misión cumplida queda estampada con la firma de la BOA en una esquina.
II
‘Torombolo’, ‘Vieja’, amigo del alma, las calles saben de ti desde hace mucho tiempo. Les has dado el arte y el color a sus paredes en el punto preciso. Eras el dueño natural de la brocha destinada al diseño, al trazo, al desborde del artista; los demás, resignados, estábamos convencidos de que empezar con la brocha gorda era una obligación por cumplir calladamente.
La iluminación del amarillo, los contenidos del azul y el rojo, mágicamente dejaban lugar para que la delgada línea negra aclare tus trazos iniciales. Todo con la rapidez que exige el silencio de las noches que edificaban la revolución comprometida.
Hermano, les has dado color a los muros, a las palabras y, orgulloso de ti, a los días siguientes de nuestras noches firmadas por la BOA. Así, cómo no van a brillar las luciérnagas, camarada; están vivas, tienen la luz que tu genio, a no dudarlo, ha dejado con mucho amor. Yumi estará para cantar y estremecer a las lágrimas, para decir de tu energía, que estando presa de tus malestares, brotaba en el momento que las circunstancias le exigían a tu voluntad; Galia negará por el resto de los días la soledad del mundo. Y, aunque no creas, para tus hermanos de la BOA —Humberto, Jaime, Cali, Ramiro, Gato, Martha, Carlos, Rolo, Edwin, Huáscar, Yura, Jota, Mimo— y para todos los que salieron alguna vez con la Brigada a aportar con su sacrificio militante, has sido la alegría abriéndose paso en el insomnio de las brochas.
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| Mural de la BOA en Cochabamba |
III
Las palabras póstumas nunca son suficientes para el homenaje, pero es pertinente decir que todas las revoluciones y luchas populares tienen sus revolucionarios que están ahí, luchando sin bulla ninguna, sin aspavientos, humildemente. Seguro, ellos son los más: los que no piden, sólo dan; los que no dicen mucho y crean en cada acto; los que no tienen, sólo renuncian a su poco, a su mucho, a su todo. Quién sabe si por eso te fuiste tan pronto.
Es necesario decir, también, que lo importante es que tu bandera te la llevaste para siempre; no la guardaste para nada ni por nadie, la levantaste sin ambages, con la consecuencia que sólo da la fuerza de las ideas, con la esperanza y optimismo que los cielos abiertos suelen alimentar. Y, terco como eras, terminaste dándole un brochazo comunista a tu mundo, a tu casa, a tu familia, a tus camaradas y a tus amigos. Hasta siempre, hermanito.
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| !Hasta Siempre camarada Torombolo! |


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